• @Primvers
    A veces yo también les llevo flores a mis cicatrices
  • @carolineberl
    Lo que me gusta del tiempo es que todo lo cura con personas
  • @UlisesKaufman
    Cuando seamos invisibles, recordaremos la belleza del gris
  • @canocs19
    Canta la tristeza/ sus secretas sílabas/ en la música azul/ de la tarde quieta
  • @vidoq66
    Soy un fantasma triste en el cementerio de almas que es la ciudad
  • @marga_canseco_r
    Vendemos al mundo para comprar fuego, nuestro camino iluminado por hombres en llamas
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    Te espero después de la última vez
  • @esthercbrls
    Me asusta la mujer que me contempla desde el espejo
  • @osorio_jl
    La piel es la superficie del mar que te asola
  • @Desbalagada
    Qué puedo decir que no hayas leído
  • @Tayler_burdel
    Toda locura merece un gran amor
  • @nuberrante
    Escribir es soñar con precisión

Roger Santiváñez

 

   Nació en Piura, Perú, en 1956. Residente en Estados Unidos, a comienzos de julio de 2016 visitó Lima para presentar un libro suyo, “Sagrado (Poesía Reunida 2004-2016)”. Integró el Movimiento Kloaka, que en los 80 se pronunció por un cambio radicalizado, una revolución, a partir de la poesía. (Poemas tomados de http://roysantivanez.blogspot.com.ar/)

 

   Las persianas

Nuestros padres vinieron desde lejos

atravesaron valles, arenales, sembríos rezumando a caña

limpias praderas de arroz, puentes metálicos

y por fin se establecieron en el desierto más vasto que encontraron

Habían abandonado la metrópoli, el silencio de los dioses

marcharon sobrios y fecundos a la busca de un país,

un lado de la tierra en que las lluvias fueran buenas

Así conocieron la canícula y el polvo de una década

sus noches fueron la brillantez del sueño más hermoso

sobre los débiles focos de una ciudad incipiente

 

Mis hermanos no eran aún adolescentes

y el lugar duraba lo que una vuelta en bicicleta

sus plazuelas solitarias deshojando tamarindos

viejos algarrobos que sólo conocían las iguanas

barrios impecables y pequeños, familias enteras

tomando el fresco a la puerta de la calle

Oh noches del verano como muchachas de éter

tiempo de lluvias salvajes, oh mi aldea

y recuerdo a la gente apostada sobre el Puente Nuevo

midiendo el terror de una posible inundación

el caudal abrumador del río que enfurecía cada siete años

y los primeros avisos luminosos reflejaban

su eléctrico esplendor sobre las aguas

Pueblo mío, infancia, estadio irresponsable

la belleza de los padres como un dulce manto

esa soledad al terminar la vermouth

o al quedarme solo en las aglomeraciones

Oh locura de correr por mis calles, mi adorable geometría

Que creí, adónde ir a buscar un calmante para mi muerte

Adónde ir, papá, mamá hermanos, dónde.

 

   Conversación con mi padre en su lecho de enfermo

 

Ahora tal vez la muerte no sea una bella palabra.

Tus ojos negros me miran, se aferran suavemente

a un hilo de vida, al silencio de tus labios

en el que leo mi nombre pronunciado con amor y

una flecha de soledad disparada al mundo,

a esta hora de la tarde en que me encuentro

solo contigo y comprendo que el oxígeno,

el suero, las agujas rompiendo tus dulces venas

son también los días reunidos

en que paseábamos bajo los algarrobos frente

al Mercado Viejo, una manzana de sol dorando

la belleza de tus gentes/ Piura

Viento de la seis besa el corazón de Aníbal

como el besó la tierra caliente, llámalo

hacia la vida, recuérdale a las muchachas

cuerpo – cántaro de agua fresca, dile que tú

has superado todos los controles del hospital

haciendo el amor a enfermeras irascibles

y que ahora estás acariciando su cabello lacio

aunque él no pueda darse cuenta y duerma dominado

por l fiebre y la diabetes / ¿Cómo habrá pasado

la noche? En este último verso del poema

sé que parto al hospital y voy a reemplazar al viento.

 

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