• @Cataperdis
    ¿Cuándo dejamos de bailar solo porque nos estaban mirando?
  • @Lestat1414
    La realidad es una fantasía que se rindió
  • @sylviopolis
    Las personas se van y se llevan sus campos semánticos
  • @Ohzolli
    Ese ángel se llama ausencia. Cuando nos nombra, seguimos siendo ciertos
  • @poeticsilence__
    La madrugada es el primer ojalá
  • @carolineberl
    Mi golpe de suerte fue con un libro
  • @ITalkToRainbows
    Con tanta tecnología ya no se pierden los corazones como antes
  • @karla77_karla
    Uno se reinventa sin remedio cuando el amor ensordece
  • @sognos_
    Deberíamos pagar las consecuencias por adelantado
  • @NaEnEspiral
    Un Nosotros siempre es un dogma de fe
  • PacoParra14
    Échale más tinta a la herida
  • @Srta_Guacamole
    Era música para mis rugidos

José Eduardo Degrazia

   Nació en Porto Alegre, Brasil, en 1951. Es también cuentista, novelista y traductor, labor esta última en la que llevó al portugués a Pablo Neruda. Además de las obras propias de poesía, sus versos fueron incorporados a varias antologías. Fue publicado también en otras lenguas, entre ellas español, francés, inglés e italiano. El poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart, radicado en Salamanca, tradujo poemas suyos, que fueron publicados en la revista “Nagari”, que se edita en Miami.

 

   Adormecida

 

Adormecida en mis brazos

la flor del sueño abierta en el rostro

estrellas cuentas despiertas en tu cuerpo

caballos galoparon la planicie del abandono

y atravesaron de escalofríos tu cansancio

y la belleza ardió lentamente

y los cabellos flotaron como nubes encima del bien y del mal

y tus manos cautivas y perdidas en otro mar

quedaron como aves nocturnas ignorando

que se escapaba la vida.

 

 

    Me dejo llevar

 

Nada como encontrarte, Poesía,

cuando el lenguaje de los hombres parece opaco

y toda palabra me agrede.

Yo, que no conozco tus refugios y soy

de los poetas de la urbe el más humilde,

de pronto te encuentro en el autobús

o caminando solito entre la multitud,

y tú me refrigeras el alma con tu canto

al punto de creer que no te merezco.

Y siempre tienes para mí una palabra de afecto,

como si yo fuese tu niño.

Olvido toda agresión sufrida

y me dejo llevar por tus caminos,

igual que un ciego sigue a un perrito.

 

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