• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

José Eduardo Degrazia

   Nació en Porto Alegre, Brasil, en 1951. Es también cuentista, novelista y traductor, labor esta última en la que llevó al portugués a Pablo Neruda. Además de las obras propias de poesía, sus versos fueron incorporados a varias antologías. Fue publicado también en otras lenguas, entre ellas español, francés, inglés e italiano. El poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart, radicado en Salamanca, tradujo poemas suyos, que fueron publicados en la revista “Nagari”, que se edita en Miami.

 

   Adormecida

 

Adormecida en mis brazos

la flor del sueño abierta en el rostro

estrellas cuentas despiertas en tu cuerpo

caballos galoparon la planicie del abandono

y atravesaron de escalofríos tu cansancio

y la belleza ardió lentamente

y los cabellos flotaron como nubes encima del bien y del mal

y tus manos cautivas y perdidas en otro mar

quedaron como aves nocturnas ignorando

que se escapaba la vida.

 

 

    Me dejo llevar

 

Nada como encontrarte, Poesía,

cuando el lenguaje de los hombres parece opaco

y toda palabra me agrede.

Yo, que no conozco tus refugios y soy

de los poetas de la urbe el más humilde,

de pronto te encuentro en el autobús

o caminando solito entre la multitud,

y tú me refrigeras el alma con tu canto

al punto de creer que no te merezco.

Y siempre tienes para mí una palabra de afecto,

como si yo fuese tu niño.

Olvido toda agresión sufrida

y me dejo llevar por tus caminos,

igual que un ciego sigue a un perrito.

 

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.