• @karlisjar
    Los símbolos nunca callan, así nosotros nos hagamos los sordos
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño
  • @marconpi66
    Del amor también se sale, muerto de latidos
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    Quiero que solo me apuñales a mi
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    Cabizbajo no es tan triste si viene un sueño subiendo
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    Vengo desterrada de un sueño
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    La hora es un compás seguro

Víctor Redondo

   (Nació en Buenos Aires, Argentina, 1953. El poema que sigue fue extraído de “70 Poemas”, con selección de Jorge Zunino, hilos editora, Buenos Aires, 2014).

 

    Décimo homenaje

 

En 1540 ya no existía. ¿Es eso parte de la realidad?

 

El poeta vive en el mundo de las infinitas posibilidades, en el mundo de lo que pudo haber sido. Por eso, su tarea es estéril, su tarea es sueños y resignación.

 

El poeta es demiurgo: cuenta a los hombres, en sus mínimas palabras, historias no humanas. Hay poetas que, cegados por una visión divina, callan su voz humana y entablan diálogos de igual a igual con los dioses. Y ahí queman sus alas. Ahí son Dédalo, devorados por el fuego de su lenguaje enloquecido. Para ver, al borde de la demencia, del silencio, que el “Aquí-abajo reina”, que todo es “el único número que no puede ser otro”.

 

Con un soñar abierto

desde un cuerpo y un alma

hacia el naufragio en nada,

que es nada y algo más

más que un beso desesperado perdido en lo imposible

más que una lujuria de fin de mundo en parajes solitarios

bajo las estrellas, bajo el otro silencio,

hasta que todo se ausenta, el día y la noche,

para cantar aquel beso

que no pudo ser entregado como rescate.

 

          -mientras el pensamiento lanza su señal

          para el diálogo eternamente inconcluso

          entre algún dios y su sombra-

 

El salto al vacío del fuego en la palabra.

Y la demencia

un corredor estrecho

donde nos reunimos los justos invitados.

 

Y el sendero sumergido en el fondo del mar

y el signo de la luna en la frente de los caídos.

Los sueños fascinados ardientes en la hora negra

y las olas del tiempo impidiendo la comunión con el fuego.

Con el verso desmedido y extraño,

fugitivo del blanco, del mundo, de las últimas horas.

 

Y ya no hay límites, pasiones,

que puedan contener las injurias y las penas.

Demolido, la lengua seca y abandonada,

y el espejo roto reflejando pálidos destellos.

 

          -A veces un hecho humano

          ayuda a revelar paradojas divinas.       

          Mas aguarda saber qué es la voz

          para preguntarme qué he dicho-

 

Recogemos los mensajes que sostienen las palabras

(como los huesos el cuerpo, lo no dicho lo dicho).

Y finalmente no hay lugar para la erudición:

hay convulsiones, pasiones enloquecidas,

un canto del alma errante que abraza todos los fuegos.

 

Y si se comprendiera, ¿habría más?

Toda poesía verdadera es el canto de una visión.

 

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