• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Alfredo Pérez Alencart

   Poema de Alfredo Pérez Alencart publicado por el portal Crear en Salamanca (www.crearensalamanca.com), con motivo del Día Mundial de la Poesía, que se celebró el 21 de marzo. Pérez Alencart nació en Puerto Maldonado, Perú, en 1962. Es profesor de la Universidad de Salamanca y coordinador de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos. Publica en periódicos impresos y en espacios electrónicos de numerosos países.

 

 

   Paso a los poetas y al lenguaje del alma

 

 

 

Nos resucita el lenguaje del alma, el hondo acento
de tablas resonantes trasladando sílabas electrizadas
desde la boca bendita del trueno. Nos regresa
la nunca apagada promesa que purifica el equívoco de los hombres.
Nos precipita a la existencia el deseo azul palpitando
en sangres que germinan asombros.
Nos amanece el fogonazo acantonado en el predio
donde descansan las revelaciones. Nos enraíza
lo insondable que gobierna con maestría
el mediodía de la creación, plegando su corazón
saltarín para colocarnos años encima.

 

Así vamos acumulando augurios,
como si sucediesen muertes cultivables o vidas
enseñando cómo horadar secretos, cómo cambiarnos
de traje para el viaje donde nos lavarán las cicatrices
de todos los inviernos.

 

 

 

¿Estamos en diálogo con las venas del enigma,
con su lengua adiestradora de cada destino?
No queremos decirlo de pronto. No entramos
en ello como si fuera una contienda ganada.
Hemos escuchado al transparente espíritu
que dona palabras necesarias. Sabemos de los hilos
que sujetan nuestros cuerpos, de las ideas
levantadas para que el milagro sea cotidiano y pase
por nuestra garganta, ya convertido en llamarada
de invocaciones.

 

Despertamos porque las escamas de la noche
humean legendarios temores. Es difícil no arder
en medio de lo oscuro, protegidos por los párpados
del silencio habituados al paso de los cielos
más taciturnos, atados a la esponja del recomienzo.

 

Quizás sea ocasión para saludar a los arcángeles.
Quizás vayamos al otro hemisferio con la varita mágica
de la alegría. Quizás los pájaros cantores
llenen el aire de silbidos premonitorios. Quizás
sólo vendimiemos hipnotizadas
horas de guardia.

 

 

 

Alguna vez los desastres muestran su faz más oscura
y dejan que escuchemos la trompeta que exaspera
hasta la zozobra. Alguna vez no vemos el faro
que advierte de escalofriantes acantilados. Alguna vez
los zarpazos nos hacen añicos en medio de la pena.

 

Marchamos por el desierto de las calamidades,
aprisa pestañeamos ante mortajas o amuletos de tupidos odios.
¡Ay con esta plantación de catedrales extenuadas!
¡Ay con estos medicamentos acribillando cuerpos!
Seguimos adelante porque sentimos las heridas
que nos hacen culpables a todos, que nos instalan
en la plaza pública donde se practica el oprobio.

 

Mas he aquí que agarramos el cable de alta tensión
que contiene lo venidero y lo presente, el fragor del pasado
y la honda luz que logra aclimatarse
en la ciencia del corazón coronado de mensajes.

 

 

 

Somos miembros de un linaje dispuesto a todo sacrificio.
Y así nos hundamos en el foso, vamos descarnando
atropellos, mostrando por nuestra cuenta
lo que al hombre lleva a la ruina.

 

No es el oro el que nos traba la mandíbula
sino la ofrenda enamorada, capturados pero libres
en medio de realidad tan poderosa
que los amanuenses no logran describir.
¡Váyase al infierno quien se cree rico por tener diamantes!
El amor nos hace danzar
como en las mejores fiestas, al tañido de un eco
amarrado a lo desconocido.
Divino es el amor que nos instala el alma
ricamente vestida para la pura entrega.
Por las puertas del día paseamos nuestro amor,
orgullosos como el trovador que cautivó a su doncella.

 

Alguien dirá: ¡Éstos son unos complicados,
preguntándose a cada instante dónde comenzó el misterio!

 

 

 

Nosotros decimos: ¡Si no estás comprometido
con el futuro, sigue en tu presente soez!

 

Ayer nos dedicábamos a cosas agradables
pero un bisturí operó nuestros sueños, dejando heridas
que sólo podrán curarse
cuando los pulmones amanezcan cantando
la sencillez de renovados juramentos.

 

No necesitamos un E-mail para comunicar que están volando
pájaros heridos o que la primavera llegó
con sus fragancias silvestres.

 

Hoy cargamos las piedras del ángulo
que antes arrastraban los herejes.

 

Séanos permitido forcejear con la descripción de los comienzos,
con la duda al interior del grito virginal o con la atmósfera
que nos recarga el alma
porque somos víctimas de saltimbanquis
que nos colocaron las primeras cadenas de fuego.

 

Vengan unos minutos de descanso para este lenguaje
desgarrado con el que rompemos
el fango que atora el caudal de nuestras vidas.
(Homenaje a António Salvado, mi hermano lusitano)

 

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