• @nimarlu
    De tristezas que no dejan costura por reventar y de otros amores impensables
  • @L0laM0ra
    Suelen anidar las ilusiones en la tímida noche buscando la última estrella
  • @monarcamanni
    Lo que nos rompa primero: el olvido o una canción
  • @Anadimeana
    Algunos inundan puentes y ventanas, otros llueven estrellas: cada palabra con su mano vuela
  • @xhuvia922
    Las esponjas del mar borran el horizonte
  • @nancyeldarjani
    El tiempo es un olor cuando llueve
  • @DeNegraTinta
    También te quiero a deshoras
  • @DLobosyQuimeras
    Barcos de papel en dique seco
  • @LaPetit10
    Yo ya no quiero sueños intocables
  • @BlueDement_
    El día que te conozcas, vas a enamorarte de mi
  • @RecMaria
    El tiempo matará lo que no defiendas
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño

León Felipe

 

   Nació en Tábara, Zamora, en 1884, y murió en Ciudad de México, en 1968, donde se había radicado durante la dictadura de Francisco Franco. A mediados de marzo, el actor Santiago Ramos presentó una lectura dramatizada de sus poemas, en una pieza llamada “Lágrimas sobre el viento”.

 

   El gran responsable

                 I

                                             (fragmento)

 

El poeta es el gran responsable.

La vieja viga maestra que se vino abajo de

   pronto estaba apoyada en una canción,

estaba sostenida sobre un salmo.

El salmo sustentaba la cúpula

y también el techo de la lonja.

Y al desplomarse el salmo

se hundió todo el Reino.

Cuando pierde el poeta la gracia y ensucia

   la canción,

el mercader cambia las medidas

y achica la libra y el almud.

Oíd:

Los salmistas caminan delante el juez,

Y si el salmo se quiebra

se quiebra la ley.

 

Cuando todo se hundió en España, hace ya

   tiempo,

antes de la sangre,

los poetas se arrodillaron ante el polvo.

Muchos dejaron la voz

en la mesa de las tabernas,

en las subastas,

en los mercados,

y en las discusiones de las escuelas.

Algunos, para recobrarla, descendieron hasta

   el betún profundo de los subterráneos

y otros volaron por encima de las cornisas.

Todos olvidaron que el poeta habla siempre

   desde el nivel exacto del hombre.

Y el nivel exacto del hombre es la sombra.

 

               II

 

                                (fragmento)

 

Y digo que la Poesía está en la sombra,

en la sombra del mundo donde el hombre,

   ciego, se revuelve y grita;

que es un grito en la sombra,

que es un coro de gritos que quieren burlar

   la sombra,

escapar de la sombra,

asesinar la sombra…

La Poesía está escondida en la sombra.

¿Quién la quiere esconder más todavía?

¿No hay bastantes cerrojos?

Oíd:

No son cerrojos

ni puertas clavadas

ni alcobas silenciosas

ni paredes de musgo

ni ventanas herméticas

lo que necesita la palabra del hombre,

sino escalas,

escalas y hogueras

y piquetas y gritos… ¡gritos!

El poema es un grito en la sombra, como el salmo.

Hoy no es más que un salmo en la sombra.

Es también una luz encendida en la niebla,

y la Poesía, un sistema de señales,

un sistema luminoso de señales,

hogueras que encendemos aquí abajo,

entre tinieblas encontradas.

 

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