• @Cataperdis
    ¿Cuándo dejamos de bailar solo porque nos estaban mirando?
  • @Lestat1414
    La realidad es una fantasía que se rindió
  • @sylviopolis
    Las personas se van y se llevan sus campos semánticos
  • @Ohzolli
    Ese ángel se llama ausencia. Cuando nos nombra, seguimos siendo ciertos
  • @poeticsilence__
    La madrugada es el primer ojalá
  • @carolineberl
    Mi golpe de suerte fue con un libro
  • @ITalkToRainbows
    Con tanta tecnología ya no se pierden los corazones como antes
  • @karla77_karla
    Uno se reinventa sin remedio cuando el amor ensordece
  • @sognos_
    Deberíamos pagar las consecuencias por adelantado
  • @NaEnEspiral
    Un Nosotros siempre es un dogma de fe
  • PacoParra14
    Échale más tinta a la herida
  • @Srta_Guacamole
    Era música para mis rugidos

Tsventanka Elénkova

 

   Nació en Sofía, Bulgaria, en 1968. Los poemas que siguen fueron  tomados de la revista mexicana La Otra, que dirige el poeta José Ángel Leyva, en la edición  abril-junio 2013.

 

   Reloj de arena

 

Semejante a la copa de un árbol frondoso

convertido en conífera

nos sentamos a la sombra recogemos sus frutos

o nos hacemos una veranda en lo alto

para contemplar la tempestad

o para soportarla solos

Nos sobreponemos a la muerte de alguien cercano

de algún pariente o incluso de uno mismo

y después las botellas juguetes de cristal

y después la velas luces

de árboles de navidad

a los cuales nunca nos trepamos

 

 

   Tempestad

 

Todos estamos cabeza abajo

las antenas son mástiles

de barcos volcados

por poco y van a hundirse

en el mar

sobre ellos

que es un estrujamiento

como en el metro de Londres

o en invierno en un autobús atestado

de cristales empañados

y destartalados amortiguadores

Alguien se recarga apretadamente contra ti

te aferras al bolso

o en último extremo deslizas una mano

por el reverso del abrigo

negro

con una costura en medio

no vaya  a ser que empiece a gotear de algún lado

Un olor

a perro mojado

a algo que está cociéndose y no es para cocer

y mientras te abres paso

tu bufanda aprisionada entre muchos cuerpos

un zigzagueo

te aprieta el cuello

sientes el rayo como tu pulso

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