• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Mijail Lamas

 

   Nació en Culiacán, Sinaola, en 1979. El poema que sigue fue tomado de “Cuaderno de Tyler Durden”, edición conjunta del Círculo de Poesía, revista electrónica de literatura, y El Suri Porfiado Ediciones, de Argentina. Este libro fue presentado en Buenos Aires, en octubre de 2014.

 

 

   El íntimo combate

 

Después del silencio y la calma

vendrá el final y su último golpe.

¿Para qué guardar el dolor,

la angustia de la muerte en despoblado,

el ajuste de cuentas,

la desigualdad,

la extinción,

la violación aparatosa e infamante?

Basta apagar el monitor para dejar de ver:

Todo en la ley fuga,

madrugada de alcaloides,

sexo sistemático,

nostalgia de la humedad salada de la verdadera piel,

la mente modificada por el hastío del cuerpo,

ausente en la luz de los videos y los letreros enormes.

 

Hay una nostalgia por el viaje nunca hecho.

¿Se me ha negado el crimen, la locura,

la alucinación,

la evasión onírica,

la orgía,

las infinitas posibilidades del sexo?

¿Acaso también la castidad y el genio,

mientras me dejan conservar la vileza y la cobardía?

 

¿En dónde está aquella ópera fabulosa que pueda redimirme,

aquella que congregará la palabra exacta para crearlo todo?

¿Dónde sus más brillantes acordes para el final de la canción?

¿Dónde lo que nos queda por inventar sobre esta tribu de

   patriarcas evadidos,

sobre esta nación de plañideras,

sobre esta turba fugitiva del deber en su rutina legendaria?

Algún resplandor de mediodía nos quede,

algo que cambiar por nada con nuestros semejantes,

algo que buscar inútilmente:

            tenacidad

            talento

para el íntimo combate de palabras y su riesgo.

 

 

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