• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Olga Orozco (II)

 

   Nació en Toay, La Pampa, Argentina, el 17 de marzo de 1920, y murió en Buenos Aires, el 15 de agosto de 1999.

 

 

   No han cambiado y son otros

               (fragmento)

 

Mi abuela fue una hechicera blanca que heredó en cada piedra

     un altar de los druidas

donde oficiaba a medias con la luna sus ceremonias blancas.

Encendía las lámparas de un soplo,

bordaba las historias más hermosas con las hebras más largas

     del invierno

y evaporaba brujas tan sólo con mondar sin miedo una naranja.

Su mundo era un fanal iluminado por rayos y centellas

que guardaban distancia frente al ojo temible del alcanfor y de la

     naftalina.

Devanó las madejas de los encantamientos en las torres de

     sombríos castillos

y las puso en su arcón, bajo la forma de unas trenzas doradas,

junto con los retratos de los invisibles

y los lentos, fervorosos plumajes de la leyenda y la paciencia.

Con su mirada de agua que se va disolvió enfermedades como

     flores de fuego,

como encajes de nieve,

y salvó del infierno muchas almas de vivos y de muertos

regateando en voz baja con los santos hasta el amanecer.

Se fue por un jardín con su dócil cortejo de pájaros, de locos y

     de duendes.

Lo anunciaron los perros.

Cuando llueve me deja una tisana hirviente y un ramito de espliego.

 

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