• @Cataperdis
    ¿Cuándo dejamos de bailar solo porque nos estaban mirando?
  • @Lestat1414
    La realidad es una fantasía que se rindió
  • @sylviopolis
    Las personas se van y se llevan sus campos semánticos
  • @Ohzolli
    Ese ángel se llama ausencia. Cuando nos nombra, seguimos siendo ciertos
  • @poeticsilence__
    La madrugada es el primer ojalá
  • @carolineberl
    Mi golpe de suerte fue con un libro
  • @ITalkToRainbows
    Con tanta tecnología ya no se pierden los corazones como antes
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    Uno se reinventa sin remedio cuando el amor ensordece
  • @sognos_
    Deberíamos pagar las consecuencias por adelantado
  • @NaEnEspiral
    Un Nosotros siempre es un dogma de fe
  • PacoParra14
    Échale más tinta a la herida
  • @Srta_Guacamole
    Era música para mis rugidos

Olga Orozco (II)

 

   Nació en Toay, La Pampa, Argentina, el 17 de marzo de 1920, y murió en Buenos Aires, el 15 de agosto de 1999.

 

 

   No han cambiado y son otros

               (fragmento)

 

Mi abuela fue una hechicera blanca que heredó en cada piedra

     un altar de los druidas

donde oficiaba a medias con la luna sus ceremonias blancas.

Encendía las lámparas de un soplo,

bordaba las historias más hermosas con las hebras más largas

     del invierno

y evaporaba brujas tan sólo con mondar sin miedo una naranja.

Su mundo era un fanal iluminado por rayos y centellas

que guardaban distancia frente al ojo temible del alcanfor y de la

     naftalina.

Devanó las madejas de los encantamientos en las torres de

     sombríos castillos

y las puso en su arcón, bajo la forma de unas trenzas doradas,

junto con los retratos de los invisibles

y los lentos, fervorosos plumajes de la leyenda y la paciencia.

Con su mirada de agua que se va disolvió enfermedades como

     flores de fuego,

como encajes de nieve,

y salvó del infierno muchas almas de vivos y de muertos

regateando en voz baja con los santos hasta el amanecer.

Se fue por un jardín con su dócil cortejo de pájaros, de locos y

     de duendes.

Lo anunciaron los perros.

Cuando llueve me deja una tisana hirviente y un ramito de espliego.

 

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