• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Olga Orozco (II)

 

   Nació en Toay, La Pampa, Argentina, el 17 de marzo de 1920, y murió en Buenos Aires, el 15 de agosto de 1999.

 

 

   No han cambiado y son otros

               (fragmento)

 

Mi abuela fue una hechicera blanca que heredó en cada piedra

     un altar de los druidas

donde oficiaba a medias con la luna sus ceremonias blancas.

Encendía las lámparas de un soplo,

bordaba las historias más hermosas con las hebras más largas

     del invierno

y evaporaba brujas tan sólo con mondar sin miedo una naranja.

Su mundo era un fanal iluminado por rayos y centellas

que guardaban distancia frente al ojo temible del alcanfor y de la

     naftalina.

Devanó las madejas de los encantamientos en las torres de

     sombríos castillos

y las puso en su arcón, bajo la forma de unas trenzas doradas,

junto con los retratos de los invisibles

y los lentos, fervorosos plumajes de la leyenda y la paciencia.

Con su mirada de agua que se va disolvió enfermedades como

     flores de fuego,

como encajes de nieve,

y salvó del infierno muchas almas de vivos y de muertos

regateando en voz baja con los santos hasta el amanecer.

Se fue por un jardín con su dócil cortejo de pájaros, de locos y

     de duendes.

Lo anunciaron los perros.

Cuando llueve me deja una tisana hirviente y un ramito de espliego.

 

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