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El legado de Aldo Pellegrini en "La conquista de lo maravilloso"

El poeta argentino Aldo Pellegrini desarrolló hace más de medio siglo una mirada profunda del hecho poético, asentado en el principio surrealista de lo maravilloso. La poesía como cualidad que trasciende largamente un único formato creativo es uno de los pilares de un conjunto de ideas que ahora es recuperado en la edición de sus textos, ponencias y artículos.

 

   La Editorial Argonauta publica “La conquista de lo maravilloso”, ensayos reunidos de Aldo Pellegrini, nacido en Rosario, Santa Fe, 300 kilómetros al norte de Buenos Aires, en 1903, fundador en la capital argentina de lo que se consideró el primer grupo surrealista del país.

   Trabajó, entre otros, con Oliverio Girondo, Enrique Molina y Francisco Madariaga, y publicó en 1961 la “Antología de la poesía surrealista”, que como dice la editorial fue muy valorada por Andre Breton.

   “La poesía de la impresión de abarcar un aspecto recudido en el vasto panorama general del arte. Sin embargo, si se observa atentamente, su influjo resulta visible, en mayor o menor grado, en todas las manifestaciones artísticas”, expresa Pellegrini en “La universalidad de lo poético”, título de una conferencia que dio en Buenos Aires en 1952, y que Argonauta incluyó en esta edición.

   Lo poético, sostuvo en aquella ocasión, “constituye una cualidad que trasciende los límites de un puro género literario para convertirse en calificativo que abarca todos los modos de expresión denominados artísticos, y que puede ir más allá, hasta comprender toda actividad humana, señalando en ella una particular intención, que designaremos como intención poética”.

   La “máxima claridad” de este espíritu se da en la poesía aunque, avisaba Pellegrini, puede verificarse que “no todo lo que figura, por razones formales, en ese género literario, contiene el espíritu poético”.

   Más adelante entró en discusión con Francis Bacon, para afirmar que “no se necesita suponer que el alma humana tiene una calidad superior a la de la naturaleza: equivale en primer término a negar que el hombre forma parte de ella, y luego significaría aceptar una dualidad insostenible, por un lado el espíritu del hombre, por otro la realidad que lo rodea”.

   La poesía, dijo en aquella ocasión Pellegrini, “no es distinta de la naturaleza, parecería más bien como la esencia misma de ella, como el sentido secreto que se oculta detrás de la muda apariencia de las cosas”.

   Así, “la poesía está en todas partes, como un profundo y palpitante corazón de la realidad que late al unísono con nuestro propio corazón”.

   El libro está dividido en la sección de “ensayos persuasivos”, “ensayos apersuasivos” y “otros escritos”. Incluye dos textos introductorios, “Ferocidad de un inconformista”, de Julio Llinas, y “Lo maravilloso de Aldo Pellegrini”, de Luis Felipe Noe.

   Algunos de los textos o intervenciones del poeta llevan títulos muy convocantes, por la potencia de sus afirmaciones o por el ánimo provocador. “La universalidad de lo poético”, “La acción subversiva de la poesía”, “Se llama poesía a todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles” y “Homenaje a la censura”, son algunos de ellos.

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