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Rescate de la "buena poesía" del vallenato, antes del mercado

El vallenato tiene en su historia y su presente las virtudes que lo hicieron genuinamente popular, con una capacidad de narrar y decir sobre los sentimientos primarios, el amor, el desamor, la muerte con su infinita galería de rostros. Son condiciones que rescata y reivindica en un análisis el colombiano Orlando Díaz Romero, por más que el mercantilismo le haya clavado las garras y esté arrastrándolo.

 

   “Cuando Matilde camina/ hasta sonríe la sabana”. “Parece que Dios con el dedo oculto de su misterio/ señalando viene por el camino de la partida”. “Lucero espiritual, eres más alto que el hombre”. “Quiero escuchar la melodía de aquel canario/ que en un descuido se ha escapado de su jaula/ que canta alegre, sin embargo solitario/ bajo la sombra de un manguito en la sabana”.

   Estos son algunos de los versos que Díaz Romero menciona en una nota que escribió en El Pilón, publicación de Valledupar, capital del departamento (provincia o estado) colombiano del César, sede del Festival de la Leyenda Vallenata, a fines de abril.

   Orlando Díaz Romero menciona los versos para dar cuenta de una “buena poesía” del vallenato, aunque a su entender no abunde, “tanto como las buenas historias”.

   Es una nota aguda, con exploraciones cuidadas y las debidas referencias históricas y bibliográficas.

   Introduce así: “La historia social del arte muestra que el canon es determinado históricamente, que son los hombres y las mujeres de cada tiempo quienes deciden qué es y qué no es buena literatura y buena canción. Una característica de la buena poesía es que no muere con el momento histórico en el que surge, pues, aunque nuestro gusto literario es construido en el presente, acoge también textos de momentos históricos que no son el nuestro, de culturas que no son la nuestra, textos elegidos por otros en otra época”.

   Y no muere la buena poesía del vallenato que, dice citando a Consuelo Posada, tiene ascendencia en la tradición oral del romance español durante la ocupación, la colonia y ya en tiempos de independencia. Es una herencia que “perduró hasta permear en nuestros días la métrica y los contenidos de los inicios del vallenato; el amor, la mujer y la muerte son temas recurrentes que dan cuenta de eso”.

   Agrega que “la visión de la mujer y de la vida en la poesía del vallenato tiene un evidente componente del romanticismo original, que tomaba la naturaleza como testigo y personificación de los sentimientos”.

   Avanzando en el análisis, Díaz Romero afirma que los versos del vallenato (Ios de la “buena poesía”, insiste) “suelen ser lexicalmente sencillos, porque no buscan la poesía del poeta de oficio, ni recursos literarios alambicados, sino la poesía que está refugiada detrás de las palabras”.

   Pero luego sobreviene el problema de la intervención del mercantilismo. “Ser popular y ser famoso no es exactamente lo mismo. La noción de lo popular es más comprensible desde un criterio social, mientras que la fama actualmente está inevitablemente mediada por el mercado. El género vallenato, además de popular, pasó a ser famoso, y allí, más temprano de lo que esperábamos, tuvimos que pagar en sus letras el correspondiente costo de frivolidad, facilismo comercial, chabacanería y hasta ‘payola’”. (término costeño en Colombia, que refiere a la música difundida en radioemisoras que cobran para ello).

   La nota completa, rica en ejemplos, citas y referencias, está disponible en este enlace:

http://elpilon.com.co/refugios-la-poesia-la-musica-vallenata/

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