• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Alejandro Sirí, República Dominicana (II)

   Poema enviado por Alejandro Sirí, de República Dominicana. Es poeta, psicólogo y catedrático, y desarrolla el blog http://enpsicologiaconsiri.blogspot.com.ar/

   Alexander está en Twitter: @AlexanderSiri.

 

   Qué no daría yo!

Por el relieve de sus manos, por la cordillera de su cuerpo... ¡qué no daría yo! 
Por un nudo de su garganta, por un desenlace en su vientre... ¡qué no daría yo!
Por un murmullo de sus ojos, por un escándalo de su lengua... ¡qué no daría yo!

Y quedar envuelto en la órbita amplia de sus alegres ojos.

Por un roce de la comisura de su alma, por una mordida de los labios de su entraña... ¡qué no daría yo!
Por sentir la humedad del cielo de su boca... ¡qué no daría yo!
Por un cuarto de su menguante, por una luna de su sol... ¡qué no daría yo!


Doscientas treinta y nueve fueron las gotas que resbalaban por su cuerpo... qué no daría por volverlas a contar.

Por el concierto de sus pasos, por la melodía de su voz... ¡qué no daría yo!
Por un latido de tu pecho, por ser la sombra de sus besos... ¡qué no daría yo!
Por el imán de sus labios, por el esmalte de sus dientes... ¡qué no daría yo!

Alguien estará mintiendo mis versos en un lenguaje distinto al de sus besos...
Qué no daría yo por quedar detrás de su olor humedecido, bajo la espalda de la luna. 

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