• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Rubén A. Martinetto, desde Chile (II)

 

   Poemas enviados por Rubén A. Martinetto, argentino residente en Santiago de Chile, quien tiene publicados los libros “Memoria Encallada”, en 2015, e “Inventario de Cielorraso”, en 2016. Martinetto espera la publicación de su siguiente obra, “Mismidad”.

 

   Levedad


lo que dura todo
un batir de alfanjes
antes que el silencio
irremediable
marque su finitud
de sombra
mímesis
ser y desaparecer
tan sólo ese soplo
para detenerse
a contemplar
lo que hubo de suceder
en algún lugar
donde nacía
y también moría
un fantasma
de aire envenenado,
una voz
apenas distinguida,
un silencio
apenas alterado, 
un espacio
apenas ocupado

 

   tic-tac / tic-tac

en algún lugar 
del paraíso aquel
un tiempo de entretela
contorsionado entre los enseres
como de un saltimbanco
anuncia que ha cesado
de alumbrar
su reloj de estrellas
mudó su entelequia
donde otro cielorraso
para solemnizar
su bien más preciado:
tic tac / tic tac

¿dónde se halla mi nuevo huésped? 

 

   máscara matinal

a las primeras claridades
mi lucecilla nocturna
sublima una huella 
de labios en empréstito
como crisálida aprehendida
por el tiempo sin refugio
de ángeles redentores 
de suerte que al vacío le cuesta
llegar tan dentro...
inagotablemente paradojal
encasqueta sus besos 
en la aurora
toda ella escondida 
en las tempestades de un adiós
en la finitud de una noche 
en la grisura de los pájaros
que alzan vuelo

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