• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Yaneth Hernández, de Venezuela

   Poemas enviados por Yaneth Hernández, de Maracaibo, Venezuela. La autora publica textos en el espacio http://cavernapoetica.obolog.es. Está presente en Twitter, en la cuenta @Poetisaenvuelo.

 

   La luz del olvido

Una tarde de verso otoñal
Antonio Machado contempla
el cielo mustio de Madrid,
yerra la sonrisa con las pocas
hojas que desprenden las ramas
y la melancolía borracha y persistente
se sienta a su diestra, clava su plañir
en las solapas del alma de aquel poeta,
errabundo de la palabra.
Caminante se hace camino pregona
su pluma con el semblante añejo
y el planeta fascinado le cree,
es su cordura quien oferta
entre cambrones y la corriente del alba.
Sobre los serrijones que ciñen
el horizonte Machado se inclina
besa el céfiro y lanza una octava,
vuelve el poeta con el olifante de las estrellas
se calza de filantropías literarias
y marcha a la nubecilla que es su página
de cada noche en la penumbra de los ruiseñores.
Dormido con las cejas pobladas de luna
se funde en los secretos jacobinos del tiempo,
tiene corteza para las frases
tiene tinta para las verdades
tiene tono para la irreverencia
y cuando abre la mañana sus pestañas
otras grafías bordan su privanza.
Y la vieja angustia que es hipocondríaca,
compañera, indisoluble de sus aventuras
cuelga en floridos recuerdos
el tranvía de Madrid,
la esencia de Campoamor
la sombría soledad de Miró.
Los gorriones se acercan en una danza
de alas legendarias
está en su cumbre Machado,
y apenas lo alcanza la luz del olvido.

 

 

   El sentir huérfano de mi alma inquieta

Yo te besaré desde la bahía de Cádiz
hasta las más antiguas grutas de Almería,
seré un petirrojo surcando tus ojos flamencos
cuando la tarde suene a copla en tus cabellos.

Tomaré de la acuarela de Visconti la luminosidad
del cielo al amanecer y desandaré las calles
de Campillo del Moro para encontrarte
bajo el oro de una Andalucía radiante.

Versaré el Cantar del Cid con tu pluma épica,
semblanza de mi amor envuelto en lunas medievales
y sobre un corcel de negro azabache,
iniciaré la gesta por los dones de tu grandeza.

Imploraré tu nombre sobre el plateado sonido
de la marea, y caerán las copas de la noche,
derramando el sentir huérfano de mi alma inquieta.

 

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.