• @monarcamanni
    Cada quien/ le escribe/ a la sed/ que le sostiene
  • @_Annai_
    Precipitado/ los lugares expandes/ beso callado./ Todo el cielo nos llama/ con su alma de montaña.
  • @Anadimeana
    Mira cómo viene la tarde: descalza de voz, vestida en agua y viento
  • @magiamorena
    Un adiós sin maquillaje
  • @carinaldad
    El silencio respira tu perfume
  • @franc_murcia
    La literatura es una infusión de sueños
  • @Indephinida
    Mi niña interior juega con los sueños que yo misma he roto
  • @DeseosCulpables
    Es agotador escribir de amor, y no hacerlo
  • @amanecerdemar
    Hay silencios que sustentan la vida de todas las palabras...
  • @SimoneBella7
    Soy un cuerpo de mil caminos para su tinta desnuda
  • @Luzsoldepapel1
    Día cenizo/ entre la llovizna/ el pájaro afina
  • @danielatome
    La vida y sus dientes de sable y mis ojos, que no terminan de resignarse

Yaneth Hernández, de Venezuela

   Poemas enviados por Yaneth Hernández, de Maracaibo, Venezuela. La autora publica textos en el espacio http://cavernapoetica.obolog.es. Está presente en Twitter, en la cuenta @Poetisaenvuelo.

 

   La luz del olvido

Una tarde de verso otoñal
Antonio Machado contempla
el cielo mustio de Madrid,
yerra la sonrisa con las pocas
hojas que desprenden las ramas
y la melancolía borracha y persistente
se sienta a su diestra, clava su plañir
en las solapas del alma de aquel poeta,
errabundo de la palabra.
Caminante se hace camino pregona
su pluma con el semblante añejo
y el planeta fascinado le cree,
es su cordura quien oferta
entre cambrones y la corriente del alba.
Sobre los serrijones que ciñen
el horizonte Machado se inclina
besa el céfiro y lanza una octava,
vuelve el poeta con el olifante de las estrellas
se calza de filantropías literarias
y marcha a la nubecilla que es su página
de cada noche en la penumbra de los ruiseñores.
Dormido con las cejas pobladas de luna
se funde en los secretos jacobinos del tiempo,
tiene corteza para las frases
tiene tinta para las verdades
tiene tono para la irreverencia
y cuando abre la mañana sus pestañas
otras grafías bordan su privanza.
Y la vieja angustia que es hipocondríaca,
compañera, indisoluble de sus aventuras
cuelga en floridos recuerdos
el tranvía de Madrid,
la esencia de Campoamor
la sombría soledad de Miró.
Los gorriones se acercan en una danza
de alas legendarias
está en su cumbre Machado,
y apenas lo alcanza la luz del olvido.

 

 

   El sentir huérfano de mi alma inquieta

Yo te besaré desde la bahía de Cádiz
hasta las más antiguas grutas de Almería,
seré un petirrojo surcando tus ojos flamencos
cuando la tarde suene a copla en tus cabellos.

Tomaré de la acuarela de Visconti la luminosidad
del cielo al amanecer y desandaré las calles
de Campillo del Moro para encontrarte
bajo el oro de una Andalucía radiante.

Versaré el Cantar del Cid con tu pluma épica,
semblanza de mi amor envuelto en lunas medievales
y sobre un corcel de negro azabache,
iniciaré la gesta por los dones de tu grandeza.

Imploraré tu nombre sobre el plateado sonido
de la marea, y caerán las copas de la noche,
derramando el sentir huérfano de mi alma inquieta.

 

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.