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Yara Shnhky, desde Chile

   Poema enviado por Yara Shnhky, venezolana residente en Chile, quien está presente en Twitter, en la cuenta @Yara_Shnhky

 

 

   XIX

 

Cuando el hombre

pudo voltear

y vio su destino,

fue necesaria la noche,

(de precisiones ella sabe)

un epitafio

se cernía sobre sus ojos.

Ciego él,

por la penumbra que lo alcanzó

porque del tiempo,

él ya no huía.

 

            Un hombre siempre está sentado

            sobre sus ruinas.

 

Después de ayer,

la muerte es la ausencia total de tiempo

y de tiempo,

colma ella su existencia;

y del óxido de los clavos

que tuercen, calcinan

y nos dejaron olvidados…

 

En este lugar de ausencias,

no soy la única:

las soledades se erigen,

y acompañan con hondos

presagios.

 

La muerte es un desafío,

olvido conocido.

 

Penumbra,

                        las cosas

                                   que no

                                               puedo

                                                           ver.

 

Para quien ve,

los ojos son una maldición.

 

          Voltear la mirada

          no se hace suficiente.

 

En este sembradío de desolaciones,

la fe es una puerta de hierro:

nadie sabe hacia dónde abre.

 

          Y el hombre fue libre

          y no supo, que libre era.

 

Porque ante la libertad,

todo es confusión:

                        el futuro es una carcajada (doble) en la espalda,

                                   ¿quién se atreve a voltear?

                       

 

El futuro es la grandeza

en una gota de lamento,

y yo vi a un hombre llorar

en la cima de su epitafio.

 

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