• @Primvers
    A veces yo también les llevo flores a mis cicatrices
  • @carolineberl
    Lo que me gusta del tiempo es que todo lo cura con personas
  • @UlisesKaufman
    Cuando seamos invisibles, recordaremos la belleza del gris
  • @canocs19
    Canta la tristeza/ sus secretas sílabas/ en la música azul/ de la tarde quieta
  • @vidoq66
    Soy un fantasma triste en el cementerio de almas que es la ciudad
  • @marga_canseco_r
    Vendemos al mundo para comprar fuego, nuestro camino iluminado por hombres en llamas
  • @Tu_Infortunio
    Te espero después de la última vez
  • @esthercbrls
    Me asusta la mujer que me contempla desde el espejo
  • @osorio_jl
    La piel es la superficie del mar que te asola
  • @Desbalagada
    Qué puedo decir que no hayas leído
  • @Tayler_burdel
    Toda locura merece un gran amor
  • @nuberrante
    Escribir es soñar con precisión

Yara Shnhky, desde Chile

   Poema enviado por Yara Shnhky, venezolana residente en Chile, quien está presente en Twitter, en la cuenta @Yara_Shnhky

 

 

   XIX

 

Cuando el hombre

pudo voltear

y vio su destino,

fue necesaria la noche,

(de precisiones ella sabe)

un epitafio

se cernía sobre sus ojos.

Ciego él,

por la penumbra que lo alcanzó

porque del tiempo,

él ya no huía.

 

            Un hombre siempre está sentado

            sobre sus ruinas.

 

Después de ayer,

la muerte es la ausencia total de tiempo

y de tiempo,

colma ella su existencia;

y del óxido de los clavos

que tuercen, calcinan

y nos dejaron olvidados…

 

En este lugar de ausencias,

no soy la única:

las soledades se erigen,

y acompañan con hondos

presagios.

 

La muerte es un desafío,

olvido conocido.

 

Penumbra,

                        las cosas

                                   que no

                                               puedo

                                                           ver.

 

Para quien ve,

los ojos son una maldición.

 

          Voltear la mirada

          no se hace suficiente.

 

En este sembradío de desolaciones,

la fe es una puerta de hierro:

nadie sabe hacia dónde abre.

 

          Y el hombre fue libre

          y no supo, que libre era.

 

Porque ante la libertad,

todo es confusión:

                        el futuro es una carcajada (doble) en la espalda,

                                   ¿quién se atreve a voltear?

                       

 

El futuro es la grandeza

en una gota de lamento,

y yo vi a un hombre llorar

en la cima de su epitafio.

 

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.