• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Juan Daniel Salica, de Argentina (II)

   Poemas enviados por Juan Daniel Salica, de Los Polvorines, provincia de Buenos Aires, Argentina, presente en Twitter en la cuenta @jdanielsalica.

 

   Retorno

 

Redacto un par de árboles en los bordes de mi camisa

dejan sombra en la mesa

y mi nombre y mi cara

que sorbe las virutas de la noche

acopiadas en mi vaso.

Dios sale a comprar milagros en la feria

y los revende en una ciudad dormida

detrás del mundo.

 

 

Las guerras preventivas

secuestran al índice verbal

y la retina histórica de los pueblos

se enmudece

y tambaleo como un velerito pobre

que se cree inmortal en la corona de la tormenta

y nunca se retiran los hechos ni las tropas.

 

 

El cartón se sube al tercer vagón

del estandarte del sueño de la semana del hombre.

 

 

Escribo algunas hojas nuevamente y el sol ya no quema.

 

 

Comienzo a recordar que retorno

y pienso

que camino

y es posible en navegaciones para volver

quebrar

las configuraciones del olvido

y sacarle espuma

a la jeta de la muerte.

 

 

   El regalo

                                   (a Juan Gelman)

 

 

El abuelo recibió de Iván

un león de cartón para cuidarle el sueño.

 

 

Gracias Iván/ nieto mío/ le dijo

tu león es necesario.

Mis sueños

no tenían cartón que ruja

o cuide o vele por todos mis ojos cerrados.

Los de anoche y los probables.

 

 

Tu guardián

conocerá lo que no sé

cuando despierto/ cuando pregunto/

cuando interfiero en los olvidos.

 

 

Ahora tendrá selva

para quedarse

con soberbia sencillez.

 

 

Tomará notas y agua

y tal vez

camine conmigo

para ayudarme a escribir.

 

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