• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Darío Sarago, de Colombia

 

   Poemas de Darío Sarago, de Cúcuta, Colombia, tomados de su libro inédito “La fiebre de los cerdos”, que envió a www.lapoesiaalcanza.com.ar.

 

 

   En el puente Central

 

En el puente Central, sobre

la canalla aglomerada,

un viejo saxofón aúlla igual

que un lobo educado.

 

Todos los pies, bajo las mesas

de los restaurantes,

danzan al compás de este solemne borracho.

 

Pero nadie, ni la canalla que danza,

ni los mendigos que mendigan,

se preguntan qué pena tras la boquilla

el dolor insufla.

 

 

   Siniestro

 

Temo continuar ahora que todo se ha perdido.

La casa habita el suelo, y los olores del planeta

yacen anudados.

Un silencio roedor me hace girar a todas partes, y el mismo

silencio me corroe la memoria. Gástrica devastación.

La tierra se meció como una hamaca de concreto

hasta abrirse igual que el bostezo de un idiota.

Los aullidos de dolor se perdieron en el polvo del eco.

También Dios está herido.

En adelante mi agüero es no estar muerto.

El futuro depara recuerdos, y los recuerdos

réplicas.

 

 

   El tiempo

 

Despertador sin cuerda al que no es posible corregir,

ni engañar, ni detener, pero que marca puntual un instante de más.

Antepasado del universo, huérfano desahuciado y sin raíces.

Invencible, como un ejército de mujeres, el tiempo es un veneno que alimenta.

De cualquier modo, nunca logramos matarlo, sólo lo raptamos.

 

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