• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Darío Sarago, de Colombia

 

   Poemas de Darío Sarago, de Cúcuta, Colombia, tomados de su libro inédito “La fiebre de los cerdos”, que envió a www.lapoesiaalcanza.com.ar.

 

 

   En el puente Central

 

En el puente Central, sobre

la canalla aglomerada,

un viejo saxofón aúlla igual

que un lobo educado.

 

Todos los pies, bajo las mesas

de los restaurantes,

danzan al compás de este solemne borracho.

 

Pero nadie, ni la canalla que danza,

ni los mendigos que mendigan,

se preguntan qué pena tras la boquilla

el dolor insufla.

 

 

   Siniestro

 

Temo continuar ahora que todo se ha perdido.

La casa habita el suelo, y los olores del planeta

yacen anudados.

Un silencio roedor me hace girar a todas partes, y el mismo

silencio me corroe la memoria. Gástrica devastación.

La tierra se meció como una hamaca de concreto

hasta abrirse igual que el bostezo de un idiota.

Los aullidos de dolor se perdieron en el polvo del eco.

También Dios está herido.

En adelante mi agüero es no estar muerto.

El futuro depara recuerdos, y los recuerdos

réplicas.

 

 

   El tiempo

 

Despertador sin cuerda al que no es posible corregir,

ni engañar, ni detener, pero que marca puntual un instante de más.

Antepasado del universo, huérfano desahuciado y sin raíces.

Invencible, como un ejército de mujeres, el tiempo es un veneno que alimenta.

De cualquier modo, nunca logramos matarlo, sólo lo raptamos.

 

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