• @SalvadorTannis_
    Lo que sé se lo agradezco al silencio
  • @Innestesia
    Besas como si hubiéramos leído los mismos libros
  • @karlisjar
    ¿De cuántas sinfonías está hecho un aguacero?
  • @fumivora
    Después de la tormenta, un barquito de papel
  • @L0laM0ra
    A cierta distancia nos leemos más cerca
  • @DamaElegante_
    Es bueno tener sonrisas a punto, en la trastienda de los sueños rotos
  • @sweetcamelot
    Un alma inquebrantable se refleja en una dulce sonrisa
  • @noessineso
    Aunque lo imagino,/ lo sueño,/ ese atardecer/ juntos/ fue de otros
  • @jfsounds
    Cual farol quemar/ Las corazas de papel/ Desde adentro
  • @loretosesma
    Porque escribo mejor desde mi herida pero sonrío mejor desde la cicatriz
  • @NegroPermanente
    Sigo anclado en la estación en donde nos dejamos los sueños
  • @Aline_RFagundes
    Probé de la pulpa nueva/ ¿pecaminoso jugo de la historia?/ para que la memoria/ se tejiera de gravedad

Darío Sarago, de Colombia

 

   Poemas de Darío Sarago, de Cúcuta, Colombia, tomados de su libro inédito “La fiebre de los cerdos”, que envió a www.lapoesiaalcanza.com.ar.

 

 

   En el puente Central

 

En el puente Central, sobre

la canalla aglomerada,

un viejo saxofón aúlla igual

que un lobo educado.

 

Todos los pies, bajo las mesas

de los restaurantes,

danzan al compás de este solemne borracho.

 

Pero nadie, ni la canalla que danza,

ni los mendigos que mendigan,

se preguntan qué pena tras la boquilla

el dolor insufla.

 

 

   Siniestro

 

Temo continuar ahora que todo se ha perdido.

La casa habita el suelo, y los olores del planeta

yacen anudados.

Un silencio roedor me hace girar a todas partes, y el mismo

silencio me corroe la memoria. Gástrica devastación.

La tierra se meció como una hamaca de concreto

hasta abrirse igual que el bostezo de un idiota.

Los aullidos de dolor se perdieron en el polvo del eco.

También Dios está herido.

En adelante mi agüero es no estar muerto.

El futuro depara recuerdos, y los recuerdos

réplicas.

 

 

   El tiempo

 

Despertador sin cuerda al que no es posible corregir,

ni engañar, ni detener, pero que marca puntual un instante de más.

Antepasado del universo, huérfano desahuciado y sin raíces.

Invencible, como un ejército de mujeres, el tiempo es un veneno que alimenta.

De cualquier modo, nunca logramos matarlo, sólo lo raptamos.

 

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