• @Primvers
    A veces yo también les llevo flores a mis cicatrices
  • @carolineberl
    Lo que me gusta del tiempo es que todo lo cura con personas
  • @UlisesKaufman
    Cuando seamos invisibles, recordaremos la belleza del gris
  • @canocs19
    Canta la tristeza/ sus secretas sílabas/ en la música azul/ de la tarde quieta
  • @vidoq66
    Soy un fantasma triste en el cementerio de almas que es la ciudad
  • @marga_canseco_r
    Vendemos al mundo para comprar fuego, nuestro camino iluminado por hombres en llamas
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    Te espero después de la última vez
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    Me asusta la mujer que me contempla desde el espejo
  • @osorio_jl
    La piel es la superficie del mar que te asola
  • @Desbalagada
    Qué puedo decir que no hayas leído
  • @Tayler_burdel
    Toda locura merece un gran amor
  • @nuberrante
    Escribir es soñar con precisión

Darío Sarago, de Colombia

 

   Poemas de Darío Sarago, de Cúcuta, Colombia, tomados de su libro inédito “La fiebre de los cerdos”, que envió a www.lapoesiaalcanza.com.ar.

 

 

   En el puente Central

 

En el puente Central, sobre

la canalla aglomerada,

un viejo saxofón aúlla igual

que un lobo educado.

 

Todos los pies, bajo las mesas

de los restaurantes,

danzan al compás de este solemne borracho.

 

Pero nadie, ni la canalla que danza,

ni los mendigos que mendigan,

se preguntan qué pena tras la boquilla

el dolor insufla.

 

 

   Siniestro

 

Temo continuar ahora que todo se ha perdido.

La casa habita el suelo, y los olores del planeta

yacen anudados.

Un silencio roedor me hace girar a todas partes, y el mismo

silencio me corroe la memoria. Gástrica devastación.

La tierra se meció como una hamaca de concreto

hasta abrirse igual que el bostezo de un idiota.

Los aullidos de dolor se perdieron en el polvo del eco.

También Dios está herido.

En adelante mi agüero es no estar muerto.

El futuro depara recuerdos, y los recuerdos

réplicas.

 

 

   El tiempo

 

Despertador sin cuerda al que no es posible corregir,

ni engañar, ni detener, pero que marca puntual un instante de más.

Antepasado del universo, huérfano desahuciado y sin raíces.

Invencible, como un ejército de mujeres, el tiempo es un veneno que alimenta.

De cualquier modo, nunca logramos matarlo, sólo lo raptamos.

 

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