• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Pamela Bustios, desde Estados Unidos (II)

 

   Poema enviado por Pamela Bustios desde Miami, Estados Unidos. Pamela es peruana y publica en http://paraderomercurial.tumblr.com/ También está presente en Twitter, en la cuenta @PamelaBustios

 

    La señora de la esquina

 

Gritos de ira, cólera enjaulada.

Pobre desquiciada, dicen algunos.

Palabras de aliento inoportuno,

basta mirarla, una flor abandonada.

 

Falta de amor, fervor y atención.

¡El diablo ha encendido su candela!

Noche tras noche, la señora se desvela,

sin sueños, ¿quién no pierde la razón?

 

La peculiaridad que tiene su andar,

al despertar, un tono preciso en sus ojos.

Se limpia, se estira, la escoltan sus despojos,

y su energía queda impregnada al pasar.

 

Por la noche salen dominantes los cuervos.

La aterrorizan con su revoloteo marcado.

Se embuten en su cerebro ultrajado

y Dios tarda en mandar sus siervos.

 

Alaridos de pánico, chillidos de confusión.

La escasa lucidez del día ya es oscuridad.

¿Cuándo llegarán sus días de normalidad?

La vida le usurpó cualquier opción.

 

De madrugada soltó un canto, ensimismada.

Las familiares súplicas cambiaron de piel,

su voz quebró el silencio de manera cruel,

melodías lánguidas, serenata destemplada.

 

Ahí continúa la señora en su esquina,

sentada absorta al filo de la vereda;

esperando comprender qué le queda

ignorando su papel en esta vida mezquina.

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