• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Pamela Bustios, desde Estados Unidos (II)

 

   Poema enviado por Pamela Bustios desde Miami, Estados Unidos. Pamela es peruana y publica en http://paraderomercurial.tumblr.com/ También está presente en Twitter, en la cuenta @PamelaBustios

 

    La señora de la esquina

 

Gritos de ira, cólera enjaulada.

Pobre desquiciada, dicen algunos.

Palabras de aliento inoportuno,

basta mirarla, una flor abandonada.

 

Falta de amor, fervor y atención.

¡El diablo ha encendido su candela!

Noche tras noche, la señora se desvela,

sin sueños, ¿quién no pierde la razón?

 

La peculiaridad que tiene su andar,

al despertar, un tono preciso en sus ojos.

Se limpia, se estira, la escoltan sus despojos,

y su energía queda impregnada al pasar.

 

Por la noche salen dominantes los cuervos.

La aterrorizan con su revoloteo marcado.

Se embuten en su cerebro ultrajado

y Dios tarda en mandar sus siervos.

 

Alaridos de pánico, chillidos de confusión.

La escasa lucidez del día ya es oscuridad.

¿Cuándo llegarán sus días de normalidad?

La vida le usurpó cualquier opción.

 

De madrugada soltó un canto, ensimismada.

Las familiares súplicas cambiaron de piel,

su voz quebró el silencio de manera cruel,

melodías lánguidas, serenata destemplada.

 

Ahí continúa la señora en su esquina,

sentada absorta al filo de la vereda;

esperando comprender qué le queda

ignorando su papel en esta vida mezquina.

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