Tiempo de poesía “menos estructurada” en Chile

Amanda Durán interpreta que publicaciones en internet y las editoriales llamadas independientes dan circulación y permiten conocer a más autores.

   La oportunidad que estos recursos representan para poetas “nuevos” o más jóvenes producen un cambio en la poesía chilena, dice esta autora que nació en Santiago de Chile, en 1982.

   Una parte de esta situación se debe, dijo, a que hay más editoriales de las llamadas independientes, que son “una puerta abierta, una casa propia de la poesía, porque nadie apuesta más y con tanta entrega a la elaboración de estos libros, sobre todo los de nuevos autores”.

   En la trayectoria de Amanda Durán luce un dato singular, el haber publicado su primer libro de poesía, “Zona primavera”, cuando contaba 12 años, y con prólogo de Nicanor Parra.

   Posteriormente, su libro “Ovulada” fue publicado en Chile, en España y Perú, en tanto “Antro, misa para señoritas” fue editado en su país, así como en Argentina, España y Uruguay.

   Entre las editoriales e internet, dijo, hay “muchas voces diversas” y “una poesía menos estructurada como diálogo único, y hay muchos diálogos diferentes manifestándose en el mismo momento”.

   Esto va en beneficio de autores y lectores, porque “nos ayuda a encontrar a autores más fácil que antes, no tenemos la excusa de que no conocemos nuevos autores porque no tenemos acceso a ellos”.

   En diálogo con la publicación La Serena elogió la Feria del Libro de esa ciudad del litoral central de Chile, a la que fue invitada para fines de abril para presentar su obra “Nudo”, porque da espacio a los escritores de la región.

   Consultada acerca de su “manejo del erotismo” en esa obra, lo atribuyó a “escribir con la libertad del diario de vida” y adoptando al cuerpo para buscar “algo mucho más grande dentro y que quiere manifestarse”.

   Sobre la presencia en su obra de la dictadura que asoló a Chile entre 1973 y 1990, Durán explicó que se debe a que “marcó mucho mi vida”.

   “Fui muy consciente desde muy chica de que vivíamos en dictadura. La ausencia de mi madre tuvo que ver con esta clandestinidad y este régimen cruel en el que vivíamos, y era imposible no relacionar eso con una infancia que debía estar más ligada a la ternura y alegría”, dijo. Pero “en las calles veías a carabineros (policía militarizada, NDR) golpear a los niños y los subían a las micros, como si la vida de ellos no valiera nada. Recuerdo escenas de ese tipo que, si bien no eran secuestros de adultos, para mí eran muy impactantes, como ver el nivel de violencia que había hacia la pobreza y el castigo hacia la libertad”.

   Acerca de las influencias en su formación poética, mencionó una primera etapa marcada por Pablo Neruda y Gabriela Mistral. Agregó que “Pablo de Rokha fue un gran referente por mucho tiempo, para poder escribir sin censurar, y en menor medida Vicente Huidobro, porque me llamaba más la atención la poesía con calle, con olor a tierra, menos la de salón”. Luego “llegaron otros autores que me impresionaron como Teillier, Stella Díaz Varín, Teresa Wilms Montt, Lihn, y de más adulta a mis pares dentro y fuera de Chile”.

   La entrevista completa está disponible en este vínculo: https://laserenaonline.cl/2022/04/11/amanda-duran-veo-a-dios-como-esa-construccion-imposible-que-justifica-muchos-males-pero-que-tambien-tiene-esa-cuota-de-esperanza-y-de-belleza/

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