La inspiración, ¿proviene del exterior o del interior? Intenta respuestas el argentino Calméls

La inspiración para las acciones creativas es un acontecimiento en el que se advierten dos “polos” o dos sentidos de circulación, de adentro hacia afuera y a la inversa, sostiene el poeta y ensayista argentino Daniel Calméls en un trabajo que acaba de ser premiado en su país. Su hipótesis, mediante este enfoque, es que la creatividad no se sostiene únicamente en la mecánica persistente de una forma de “producción”.

 

   “La inspiración” es uno de los artículos o secciones del trabajo con el que Daniel Calméls (Buenos Aires, 1959) participó del concurso “Eduardo Mallea” de ensayos literarios en la capital argentina, correspondiente al bienio 2013/2015 pero comunicado por el gobierno municipal recién a comienzos de 2022.

   “La escritura del reencuentro” se titula la obra con la que concursó Calméls, conformado por los apartados “Julio Cortázar”, “Jacobo Fijman”, “Alejandra Pizarnik”, “La inspiración” y “La letra densa en homenaje a Lysando Galtier”.

   El poeta envió a La Poesía Alcanza fragmentos del capítulo “La inspiración”, en los que distingue los “dos polos hacia los cuales convergen las ideas referidas al acto creativo. En uno de ellos se condensarían las ideas que explican la inspiración como un acto cuya dirección es de afuera hacia adentro y en el otro polo la idea inversa, o sea que el hecho creativo guiado por la inspiración iría de adentro hacia afuera”.

   Para el primer “polo”, emplea la denominación “metáfora respiratoria”, “una acción ligada al soplo divino de Dios en las narinas del primer hombre. La metáfora respiratoria entiende el hecho creativo como un acto de ‘tomar de afuera’, una visita gaseosa, invisible, etérea, un soplo divino nos permite estar inspirados. La nariz es divina, dicen los rabinos. La nariz, dicen los cabalistas, tiene conexión con el espíritu vía la letra Alef”.

   “Metáfora botánica” es el nombre para el segundo “polo”, “Como fuerza diferente y opuesta a lo inspirado, se impone aquí lo espirado, lo que transcurre de adentro hacia afuera, lo que proviene del interior. Aquí el cuerpo es semilla dispuesta a germinar, y esto es posible gracias a que dentro de ella están los elementos nutricios para dar forma a la obra”.

   En este caso, “lo que viene de afuera es secundario, intranscendente. La metáfora botánica compara el saber con un cultivo, la persona que la posee está cultivada. El ‘brote’ creativo, surge, fluye, emana, lo hace sin esfuerzo, naturalmente y en forma generosa”.

   Ambas metáforas, prosigue Calméls, “resumen y fundamentan al acto creativo, anulan y frenan la posibilidad de pensar el proceso creativo en términos de trabajo, de producción”.

   Asimismo, sostiene que “el desinterés y la desvalorización del ‘proceso creativo’ en contraste con la valoración del ‘objeto terminado’ es una constante histórica. Paul Valéry decía: ‘sorprende, por contraste, que la forma de actividad que engendra a las obras de arte sea poco estudiada, o no lo sea sino al pasar, y con precisión insuficiente’”.

   Tras incluir referencias de otros autores que se abocaron a este tema, el texto concluye que “la creatividad no viene totalmente de afuera ni se encuentra totalmente adentro, sino que se produce en un espacio intermediario. Si no se logra el acceso a este espacio y a esta posición, el sujeto queda inerte = sin arte, inactivo, sin capacidad. La autoría crea y cría, da cuerpo y pone el cuerpo. Para acceder a lo que Elsa Scanio llama ‘zona de arte’, más que la inspiración es necesario el aliento, función de sostén, acompañamiento y provocación de otro, testigo de confianza”.

(24.1.22)