¿La mejor poesía se escribe en la juventud? El ensayista español Ricardo Labra lo pone en duda

Los editores de libros, los responsables de las publicaciones dedicadas a la literatura y una buena parte de la academia tienen preferencia por la poesía de los autores más jóvenes, aparentemente inclinados a la creencia de que es en ese período cuando la escritura da sus mejores pasos. Esta tesitura puede llevar a error, afirma el ensayista, crítico literario y narrador español Ricardo Labra.

 

   Para enfocar este tema de gran complejidad, el autor parte del concepto de “floraciones” o “cosechas” en la escritura creativa, para intentar responder a la pregunta sobre si esos períodos más fecundos son propios de la juventud o de las edades más avanzadas.

   Ricardo Labra nació en Langreo, en 1958. Entre varias antologías, es autor de una referida a la poesía en Asturias, de “Las horas contadas (Últimos veinte años de poesía española” y de “Una lectura emocional de la poesía de Ángel González”.

   El ensayista parte de aceptar que hay poetas que alcanzan “plenitud creativa” siendo muy jóvenes, así como hay “poetas de senectud que precisan del paso y del peso de los años para demudar con desabrida lucidez las sombras de su pasado”.

   En una nota en la publicación Zenda Libros, agrega que “también hay poetas que tienen sucesivas floraciones escriturales en las diferentes estaciones de la vida, durante las cuales nunca dejan de escribir y de reescribir sus poemas”.

   Luego toma posición en la supuesta dicotomía, cuando afirma que prefiere poemas que Jorge Luis Borges y Ángel González escribieron a edades avanzadas.

   El criterio biológico, dice después, “no suele estar muy prestigiado entre los estudiosos de la literatura, como puede cotejarse en sus ponencias, críticas y recensiones, y todavía menos entre los editores y directores de las revistas especializadas, cuyos factótums no solo suelen observar con cierta desconfianza a los preteridos autores, sino poner muchos reparos a los poetas descabalgados de sus procesos generacionales”.

   “Es como si la poesía fuese única y exclusivamente un don de juventud con el que renovar permanentemente el lenguaje y las visiones de la realidad. Incluso, desde esta dominante y tontuna exaltación por lo novedoso, hay quien llega a comparar la poesía con la física; ciencia en la que habitualmente se suele reconocer la genialidad a edades muy tempranas”, continúa.

   Labra rechaza la idea de que si un poeta no deslumbra siendo joven ya no se puede esperar nada extraordinario de él, porque “es como si el destino poético se jugase en los primeros libros, en la imborrable huella que dejan los primeros versos —para lo bueno y lo malo— en el recuerdo del lector”.

   Es cierto, dice el ensayista en Zenda, que “los movimientos literarios se forjan casi siempre en la juventud, semillero permanente de manifiestos y de antologías poéticas, donde las llamas pasionales de la escritura suelen estratificarse, estableciendo criterios literarios difíciles de abolir. La juventud se presenta, por lo tanto, como el periodo más prestigioso de la poesía. Cuando cada libro y cada temporada en el infierno, por muy truculento y oscura que uno y otra sea, se transforman en una promesa de felicidad”.

   Sin embargo, hay poetas que pasan por “la estación áurea de la poesía sin haber hecho apenas ruido —con más pena que gloria, a pesar, a veces, de su forzada gesticulación—“, y que “en el declinar de la vida empiezan a escribir los libros más sustantivos y reveladores de su tiempo”.

   ¿Qué hacer con estos poetas y cómo encasillarlos?, se pregunta, para responder: “La explicación de alguno de estos interrogantes no suelen encontrarse en las irrelevantes —y, a veces, oprobiosas— páginas de sus primeros libros, a los que irremediablemente suelen recurrir los estudiosos y los lectores avispados, sino, en todo caso, en sus últimos versos”.

   Si así ocurre, se crea la posibilidad de “nombrar a un poeta viejo el más relevante de su generación”. ¿Cómo hacerlo? Dice Labra. “Que se lo pregunten a Antonio Gamoneda, como en épocas todavía recientes se le podía haber preguntado a Joan Margarit”.

   La nota original está disponible en este enlace:

https://www.zendalibros.com/las-edades-de-la-escritura/

(10.1.22)