Elsa López / Los niños tristes

   Nació en Fernando Poo, hoy Malabo, Guinea Española, en 1943, y desde muy niña vivió en La Palma, Canarias, y luego en Madrid. Por su obra poética obtuvo varios reconocimientos, entre ellos el Premio Internacional Ciudad de Melilla, en 1987, el Nacional José Hierro, en 2002, y el Ciudad de Córdoba Ricardo Molina, en 2005. Es también narradora y ensayista. A fines de 2021, la Empresa Malagueña de Transportes publicó la antología “Bestiario de Cristal”, como parte de su programa “Libro sobre ruedas – Librerías en marcha”. De esa publicación, disponible en www.emtmalaga.es, son los dos poemas que siguen:

   Cormorán (Phalacrocórax Aristotelis)

Ese pájaro triste herido de petróleo
auténtica inocencia acribillada en negro.
Esos ojos sin párpados,
esa mirada opaca que se extiende y dilata
por las olas oscuras de un mar irremediable.
Esa extraña presencia delante de la sangre
floreciendo la rabia y las malas conciencias
por una guerra limpia, estelar y perfecta,
donde los niños lloran sin pronunciar un grito
en el más absoluto rigor de los silencios.

Infinidad de niños se duermen en el agua
esparcidos sus vientres en cunas de alquitrán
con ese bamboleo de pájaro marino
que sabe de su suerte por ese ciego instinto
de ser sólo animales.
Y cuando ellos te miran y no entienden,
el dolor es un lazo que te acogota el sueño.
Porque los niños tristes de esta guerra sin muertos
no son tan inocentes, aunque nos lo parezcan,
por el simple detalle de haber nacido humanos.

(Guerra del Golfo, 1990)

   La alpispa

Por el barranco viene saltando por las piedras
ese pequeño pájaro de plumaje amarillo y pico ensortijado
que sostiene su cuerpo sobre ramas de alambre.

Como un dulce desprendimiento de guijarros,
como el goteo constante de los grifos abiertos,
como el ruido del agua al terminar la lluvia,
como el sonido seco de los párpados al entrar en el sueño,
así sus pasos diminutos de basalto en basalto.

Como una alpispa los ojillos redondos de azabache.
Lo mismo que una alpispa el movimiento continuo de las alas
y esa forma imprevista de posarse en las cosas.
Como una alpispa el brillo en las pupilas
y el incesante trino de alegría.

“Como una alpispa. Eres como una alpispa”
Les dicen a las niñas inquietas y perversas
que nunca permanecen en un mismo lugar.
(Sólo las niñas buenas se duermen en sus jaulas
y como Dios les manda. Le repite la abuela.)

(3.1.22)