María Victoria Atencia / Rodar del tiempo

 

   El año que viene

                          Para Sharon Keefe Ugalde

Hacer girar el corazón contra su aguja,
contra el tiempo y su sangre, contra la memoria,
desploma mi pared. ¿Seré un rechazo
de piedra más, herida en el escombro?
No crujas, por cansada, alma mía enzarzada en mi pared,
en mi rodar del tiempo. Está Jerusalén a tientas de la mano,
y ya piso su umbral.

   Ternura

Quizás no sea ternura la palabra precisa
para este cierto modo compartido
de quedar en silencio ante lo bello exacto,
o de hablar yo muy poco y ser tú la belleza
misma, su emblema, aunque tan próxima y latiendo.
Y es también un destino unánime que vuelvan
a idéntico silencio -cuando llegue la hora
de la tregua indecible- mi palabra y tu zarpa.

   Sazón

Ya está todo en sazón. Me siento hecha,
me conozco mujer y clavo al suelo
profunda la raíz, y tiendo en vuelo
la rama, cierta en ti, de su cosecha.

¡Cómo crece la rama y qué derecha!
Todo es hoy en mi tronco un solo anhelo
de vivir y vivir: tender al cielo,
erguida en vertical, como la flecha

que se lanza a la nube. Tan erguida
que tu voz se ha aprendido la destreza
de abrirla sonriente y florecida.

Me remueve tu voz. Por ella siento
que la rama combada se endereza
y el fruto de mi voz se crece al viento.

   Muchacha

Llevas un vaso lleno de transparencias
entre inquietas manos y escurridizos dedos.

Puedes cantar el cielo, el amor, las estrellas:
todo nacerá nuevo de tus labios hermosos.

Descubrirás en sueños la vida que te acosa
tan dulcemente mansa y le sonreirás.

Despertarás el día menos pensado entre
un mayo y un setiembre y moverá el asombro
el filo de tu enagua.

Revolverás entonces de un desconcierto grande
el mundo que te llena; una luz saltará,
en caños, por tus ojos.

Y seguirá la fuente el curso de tu cuello
mientras pájaros haya en vuelo por tus venas
y palabras diciendo del amor en tu boca.

   Mar

Bajo mi cama estáis, conchas, algas, arenas:
comienza vuestro frío donde acaban mis sábanas.
Rozaría una jábega con descolgar los brazos
y su red tendería del palo de mesana
de este lecho flotante entre ataúd y tina.
Cuando cierro los ojos se me cubren de escamas.

Cuando cierro los ojos, el viento del Estrecho
pone olor de Guinea en la ropa mojada,
pone sal en un cesto de flores y racimos
de uvas verdes y negras encima de mi almohada,
pone henchido el insomnio, y en un larguero entonces
me siento con mi sueño a ver pasar el agua.

   La música

Volveré a tus estancias, padre Haendel, y a encerrarme con clave
universal donde nada más oiga, o sólo el roce
de una esfera celeste; volveré a las estancias en las que fui creciendo
y aspiré alguna vez a un sitio claro propio;
yo, la desterrada ahora, la del exilio mudo por hastío de ti,
desdeñado el antiguo amor y su servicio
bajo el ardiente arco del verano y su caliente insinuación:
bien venida al silencio.

(Nació en Málaga, en 1931. Comenzó a escribir en plena juventud y su primer libro publicado fue “Arte y parte”, data de 1961, primer paso de una obra extensa que incluye, entre otros títulos, “Marta & María”, “El coleccionista”, “Compás binario”, “De la llama en que arde”, “La señal”, “La intrusa”, “El puente”, “El hueco” y “El umbral”. En 1998 obtuvo el Premio Andalucía de la Crítica y el Nacional de la Crítica; dos años después, el Luis de Góngora de las Letras Andaluzas. En 2010 le fue atribuido el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca y, en 2014, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. La Diputación de Málaga impuso su nombre, en 2014, en el que hasta entonces se llamaba Centro Cultural Provincial. En noviembre de 2021 fue publicado “Certeza de la luz”, una antología poética acompañada por mensajes de salutación y de aprecio personal y literario escritos por otros poetas, creadores cercanos a ella y, también, lectores).