“Bros”, la brutalidad policial en una puesta teatral en Girona

Una experiencia teatral muy particular en el festival Temporada Alta de Girona puso a un agente policial a representar a los temidos Mossos d’Esquadra de Barcelona mientras castigan, maltratan y hasta torturan a civiles, como suelen hacerlo. La puesta en escena se debió a una creación del italiano Romeo Castellucci, quien reunió un elenco de 30 personas de las cuales 25 son aficionados, convocados a improvisar sobre tablas.

 

   El público respaldó al elenco con aplausos sostenidos y se mostró satisfecho por la denuncia que hace “Bros”, que tras dos presentaciones en Cataluña pasa al Festival de Otoño de Madrid.

   Romeo Castellucci nació en Cesena, en 1960. Su trayectoria lo ubica como una referencia en la experimentación vanguardista, inclinación que llevó a la Bienal de Venecia de 2003, cuando desempeñó la dirección teatral.

   Es habitual en sus piezas que el sonido y las imágenes tomen más envergadura que los textos, y eso es lo que sucede también con “Bros”, en que agentes policiales cometen todo tipo de actos de violencia en cumplimiento de órdenes superiores, sin pronunciar palabra.

   Pero un aspecto particularmente escabroso, desconocido por el público y en principio también por la producción de la obra, es que uno de los actores aficionados es verdaderamente policía, como relató el diario madrileño El País: pertenecía a la unidad de policía judicial de los Mosos d’Esquadra, pero pidió el traslado a custodio de un centro penitenciario.

   Es que el equipo de producción, para la conformación del elenco, hizo la búsqueda entre personas sin experiencia actoral, fijándose únicamente en sus condiciones físicas, y sin realizar audiciones. Y ese fue el caso de Jordi Román, de 50 años, a quien nadie le preguntó cuál era su ocupación. Él asistió al llamado por interés en el teatro y en particular por las propuestas de Castellucci. En otras palabras, según el relato del diario, subió a escena a actuar de policía sin que la producción y la dirección tuvieran noticia de su oficio. Naturalmente, mucho menos el público.

   El llamado a los aficionados para sumarse al elenco fue hecho en septiembre. La dirección resolvió que tampoco hubiera ensayos y que, llegado el momento de la función, los actores recibirían órdenes desde bambalinas.

   Román declaró al diario: “Es lo mismo que se le pide a la policía, en realidad. El público, quizá, eso no lo llega a captar, porque desde fuera parece todo medido e incluso ensayado, pero lo que vivimos los intérpretes en carne propia en el escenario es exactamente lo que se espera que hagamos los miembros de las fuerzas de seguridad. No pensar, ejecutar órdenes sin pensar, sin saber por qué. Y eso hace que en momentos caóticos como los que hay en esta obra, movimientos simultáneos de mucha gente, algunos pierdan el control porque están cagados. Porque van a ciegas”.

   “Y eso nos pasa también en la función: nos dijeron que no se nos pedía pensar por qué debíamos hacer tal o cual acción, sino hacerla sin más. Nos convocaron la tarde antes del estreno para explicarnos cómo se nos iban a transmitir las órdenes y asignarnos a cada uno un número y algunas acciones concretas. Estábamos cagados, pero obedecimos. Es un retrato brutal”.

   Y es un retrato, o una réplica de la realidad, según su propia experiencia en los Mossos d’Esquadra: “Pedí que me destinaran a vigilancia penitenciaria porque estaba harto de recibir órdenes a veces absurdas en la policía judicial”.

   El diario publicó también el testimonio de otro participante, Albert Rodríguez, productor audiovisual: “Yo salí con ganas de vomitar de la primera función. Es curioso, lo que desde fuera parece un orden militar es un caos por dentro. Yo tenía la sensación de estar haciéndolo todo mal, me cuestionaba las órdenes a pesar de que la orden principal era no pensar, pero es que eso forma parte de la naturaleza humana: pensar, cuestionar. Yo tuve que pintarme la cara de sangre, disparar, empujarme con otros… Y en la última escena nos dicen que nos tiremos al suelo, que está lleno de agua, y que nos pongamos a tiritar. Y ahí se apaga la audioguía y nos dejan unos cuantos minutos en silencio”.

   La nota original, disponible en este vínculo:

https://elpais.com/espana/catalunya/2021-11-21/castellucci-remueve-en-el-teatro-el-recuerdo-de-la-violencia-policial-en-cataluna.html

(27.11.21)