Tomaso Pierágnolo, de Italia

 

   Poemas enviados por Tomaso Pierágnolo, de Padova, Italia. Reside, hace tres décadas, entre su país natal y Costa Rica. Publicó “Viaggio incolume”, 2007; “nuvomondo”, 2010; “L’oceano e altri giorni”, 2005; “Lettere  ungo la strada”, 2002. En 2009 publicó también “Poesía escogida”, una antología lanzada en el marco del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica. Obtuvo numerosos reconocimientos, y es también traductor.

Y que en tus manos yo oiga chirriar
el bosque, la gota constante que afila
como un astro el crecimiento del motivo,
el olor que nocturno trepa de invisibles
savias, o la regurgitación de la abeja en la lengua;
y una mañana de reciente otoño sean
tus besos largamente esperados por noches
de sólo una inmóvil estrella, mi grito
aturda así contra el mineral del cielo
y escondidos en esta loca roca sin
centinelas en el árbol ciegas lleguen
las vidas a tus pies, mujer
dulce, tu cabeza me roza el pecho
como un iris cayendo al fondo, describes
pétalos con tu saliva y es
un país entero el amor, una demora
a través del tiempo, podemos
volver a estar vivos con sólo la sombra
de un púdico abrazo, así tendría
más manos para tocarte, dedos
para recogerte, brazos para acogerte
y nombres para despertarte, podríamos estar
donde los peces se alisan lejos, radiante mía,
salto de gozo si tú me distraes,
como una sed me sacio con esta
sola gota que no se suelta, considera
mis palabras como un don y haz
un fajo de ramas verdes aún, para que
desde mi sueño yo vea
despedirse los engaños.

          (de “nuovomundo”)

Ella levanta su mano y le susurra ˂˂ yo
te ayudaré en este crujido de puente
donde cada paso es incierto y cada cielo
es como un alterno de locura y de clamor ˃˃;
porque desde esta noche tan buena
ella aprendió a blasfemar contra el mal,
enseñándole a imaginar con ojos cerrados
las pocas neurálgicas ilusiones como nuevas,
contando en su sueño todos los sueños
que en corto momento se erigían en fortaleza;
con la miel que conoce habrá llevado lejos
las fervientes utopías de historias colgadas
dentro del viento como trajes para secar, o dentro
del otoño como alas para volar, en la mañana
sólo alas para amar o para ser azules
aun quedando siempre solos, altivas
para alcanzar sus besos y por eso
inválidas en los sueños que miró
entregarse a la vida que se nos dieron. No será
su cuerpo el que comprende la avara
invención que obstinada nos colora, pero una ciega
mirada que todo lo ve y todo se olvida
excepto lo desconocido, que adivina
todo lo que ha preservado por este
presente claudicante en su oficio
de morir y luego revivir en cada día.

          (de “Viaggio incolume”)

(9.5.21)