Mirta Calvo Bembibre, Buenos Aires

Dos poemas cuyo envío solicitamos a Mirta Calvo Bembibre, de Buenos Aires. Mirta está en Twitter: @escribonia

Ay, mi alma

Una rosa se retuerce en mi cuerpo.

Quebradura de bosque, en mi pecho.

Vos.

Voz.

Suena a vientre, tu sombra.

Siento.

Solo siento.

No veo.

No oigo

No escucho.

Tu nombre es un ruido interno.

Me aísla.

Me deshoja.

Es puñal de sol y sangre.

Pasos.

Navajas.

Volverás?

Me vacío.

Huyen de mí

mariposas que guardé,

ríos que miré,

bocas que besé.

Me dejan sola.

Siento,

ciega,

malherida,

confusa,

que caigo

en la palma de la mano del pájaro,

y muero.

Que la vida, es vida,

agua,

luz,

agostos,

si hay ojos

parecidos a los tuyos

que acunen.

Ay, que te extraño.

Ay, tus palabras.

Ay, el hijo.

Ay, mi alma.

El bosque cantará tres veces

Hasta tres veces

el bosque cantará.

Una canción azul.

Tus pájaros,

esconderán la tarde.

No te rendirás. Lo sé.

Pondrás antorchas en la lluvia.

Te harás silaba,

geómetra, teorema.

Me encontrarás.

Me quedaré sola.

Quedarse solo es no pensar.

Me iré de mí.

Sin camino.

Intuitiva. En pedazos.

Nos dejarán?

Saldremos del eco

hacia las manos.

Iré.

Volveré.

No moriré.

Te amo.

En un grito de sangre,

en el pez que boquea aire

y escupe palomas.

Y ríos.

Rezo?

Caigo

y el mar tiembla.

El mar es indefenso como este amor.

Miro.

El mar siempre es otro.

Y la sed se calma con sed.

Es azul, el amor?

Qué lado de la sombra es luz?

Dónde esperan los ángeles?

Recuerda.

Te diré tres veces, te quiero.

Detendrás el paso.

Sabrás quien soy.

Soy la que llueve.

La que nombra tus ojos.

La que se arrodilla

en la cornisa de las flores.

Y resucita.

Y por la boca

le cae un hilo de amor.

Antiguo y rojo.

Como vino.

Como triturar la mano en la palabra.

Como decir basta.

Soy la tarde,

que abrió sus piernas

en un pacto.