Cuerpo y palabra como unidad, postula la colombiana G. Lara

En la antología “Palabras piel” presenta poemas en los que rechaza el mandato de división terminante entre cuerpo y mente.

   Esa separación, sostiene María Gómez Lara, es todavía más compleja para las mujeres, por las imposiciones y exigencias acerca de su cuerpo, a lo que se agregan la hostilidad y la discriminación por racismo.

   La poeta, que nació en Bogotá en 1989, presentó en enero, en el Gimnasio Moderno de la capital colombiana, la antología “Palabras piel”, que contiene textos de obras suyas ya publicadas (“Contratono” y “El lugar de las palabras”), y de dos libros inéditos, “Cortar el árbol no era dejar semillas” y “El registro exacto de tu voz quebrada”. “Contratono” fue traducido al portugués por el poeta Nuno Júdice.

   Sobre la antología, publicada por Frailejón Editores, declaró a El Espectador que procuró que reflejara los “tonos, formas y preocupaciones que persigo en mi poesía”.

   “Palabras piel” es el título de uno de los poemas de “El lugar de las palabras” y los textos incluidos se vinculan “con el cuerpo y el lenguaje y con la relación entre ambos, con distintas perspectivas”.

   Explicó que, en particular, la escritura de “El lugar de las palabras” le ayudó a tomar noción de la oposición entre mente y cuerpo, inducida desde la infancia.

   “En el caso de las mujeres es más complicado aún, porque nos dicen desde muy chiquitas que solo valemos por nuestro cuerpo y que este tiene que ser perfecto”, agregó.

   En su caso, la relación conflictiva o dicotomía la había llevado a convencerse de que “soy mi mente, lo que leo, lo que pienso, no soy mi cuerpo”, hasta que le encontraron un tumor en el cerebro: “Me di cuenta de que el lenguaje, que era lo que pensaba que era más abstracto y más trascendental, y más lejos de la materia física que somos, está en un lugar de la materia física que somos. Y entonces es tan frágil como el cuerpo que tenemos y se puede quebrar, se puede romper, se puede enfermar. Me tocó pensar que las palabras, de alguna manera, se parecen a la piel”.

   Asimismo, en la relación con el cuerpo y la piel interviene también la discriminación, aunque en el diálogo con El Espectador aclaro que no quiere apropiarse “de la experiencia de una persona racializada”.

   Explicó: “Las niñas sí me decían que no jugaban con negras, en parte por el contexto de estudiar en un colegio de cierta clase alta bogotana. Pero si voy a la casa de un amigo mío negro, soy mestiza. Me parece interesante escribir sobre ese límite. Tienes una cantidad de privilegios, pero depende del lugar en el que estés. De nuevo, este libro tiene que ver con la intención de reconciliarme con el cuerpo, porque muchas de las cosas por las que me hacían la vida difícil” se debían a posturas racistas.

   “Por ejemplo, que me dijeran que me tenía que alisar el pelo, que tenía la nariz muy ancha, que tuviera cuidado con el sol para que no se me oscureciera más la piel”, comentó.

   La entrevista original está disponible en el enlace siguiente: https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/maria-gomez-lara-poesia-las-palabras-de-alguna-manera-se-parecen-a-la-piel/

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