Formoso ganó el premio Pablo Neruda

Christian Formoso, nacido en Punta Arenas en 1971, ganó el premio Pablo Neruda 2010, por decisión del jurado que integraron Edmundo Herrera, Matías Rafide, Oscar Hahn y Manuel Jofré.


Se trata de la vigésimotercera versión de este premio, dotado de 6.000 dólares, y el jurado se lo atribuyó a Formoso “en razón de la originalidad de su obra, donde se conjugan lo histórico, lo étnico, lo indígena y lo intimista”.
Asimismo, “se destaca en su trabajo el universo patagónico y su visión profunda y poética de ese mundo”.
Formoso es licenciado en Educación, con estudios en la Universidad de Villanova, Estados Unidos, y obtuvo varios premios y reconocimientos, como el del Consejo Nacional del Libro y la Lectura y la Feria Internacional del Libro de Santiago.
Es autor de “El odio o la ciudad invertida” (1997), “Estaciones cercanas al sueño/Los coros desterrados”, “Puerto de hambre” y “El cementerio más hermoso de Chile”.

El fuego de la sombra (1)

La casa en cierta medida como un sepulcro,
y todos los muertos sentados a la mesa,
las cucharas lentas por el peso del mundo,
la comida antes de alimentar a la tierra.
Pronto vendrá la noche sin dejar que llegue la tarde,
y la violencia del viento me hará pensar
en canciones podridas que hablaban de Cristo.
La mesa vacía me revelará otro tiempo.
Tendré todo lo que amo para nombrarlo.

El Fuego de la sombra (2)

Cantar a la medida de la muerte,
como en una boca negra y sin dientes,
cantar sobre los techos mugrientos del mundo.
Cantar,
estirar la lengua en medio del pueblo,
como una madeja ovillada en otro tiempo.
Cantar,
como si pudiera, como un niño angosto,
como un feto.
Cantar como vomitando por los campos
y las casas, como un durazno limpio,
como un estómago vacío.
Cantar,
cantar como la sarna canta en la carne
de las articulaciones,
como el musgo asomando en la lengua cantar.
Cantar los colores deformes,
los sonidos olorosos,
los sabores de las letras,
la temperatura de la memoria.
Cantar,
yo que siempre he encontrado mi dolor
en otro cuerpo, arrojado a este otro cuerpo
como un demonio desnudo.
Cantar como si pudiera,
los dolores del mundo
en los contornos del infierno.