Nieves Chillón /  Decapitar a Penélope

Adiós a Penélope

He decapitado definitivamente a Penélope
por sumisa
por no reconocer
que Ulises ya dejó de ser Ulises
por convertirse en un pájaro violeta
enjaulado en un taller de costura
por su libresca paciencia
por vivir de las rémoras.

Gota de sangre

Una gota de sangre
en la página 20
me dice que caemos
y que puedo vivir y morir
al mismo tiempo.

Juventud

Los niños y los jóvenes
al contemplar lo hermoso
sienten deseos irremisibles
de deshojar, romper
para ver cómo cruje la turgencia
quebrada de los tallos,
cómo un huesecillo se parte
y el equilibrio se dispersa en numerosas
y pequeñas escombreras.

A las poetas musas

Renunciad a vuestro oficio de inspirar sus poemas.

Renunciad a escucharles y hacedlo en la medida en que escribís
y os dais cuenta de que mienten
en cuestiones de equidad y política pero opinan
sobre la pertinencia de buscar compañera
muchísimo mejor que un compañero de piso,

renunciad porque habréis renunciado a callaros.

Renunciad a vuestro oficio de acompañarle como oficio
mientras los pies os piden seguir otro camino.

Renunciad a pesar de la niebla a pesar de los amigos comunes
a cuya puerta a oscuras golpearéis sin que nadie os escuche.

Renunciad y caminad en la penumbra a la que tanto teméis
porque desde ahí se ve más claro,
aunque haya que gritar también más alto,
en la noche pastosa de la punzante y luminosa libertad.

Off

Cuando se apague el latido de los transistores
y deje de fluir la electricidad por los circuitos en los huecos de las paredes
las muñecas se cortarán sus venas de pvc
sin que sus ojos de cristal derramen una lágrima.

Bajo las palmeras de luz azul y rosa
escuchando la oscuridad de las olas contemplaré el fin del mundo,
la muerte de los bisturíes eléctricos
la agonía de los perros abandonados en los quirófanos a oscuras.

Después del día último, primavera

Ya alumbra abril
con su cielo naranja
y sus cestas de pájaros hambrientos
observamos los ciclos de las hojas
su ritmo desigual
por eso quién recuerda
que un niño ha muerto en la nieve
sus pequeñas huellas ya no están
sus manos heladas ya no están
de su mirada huida de sus brazos
aferrados al frío
no queda rastro.

(Tengo en mi mano la mano de mi madre)

Mi pelo se humedece mis pechos sangran
no es cáncer solo es un pájaro en el nido de mi axila
mis venas se agitan con el viento
no es cáncer es la sinfonía del musgo
enraizándose en mis pies de piedra
la sangre es arborescente y forma bosques de ramaje espeso
cuerpos color granada con los brazos en alto aguijonean el aire
con las últimas hebras capilaridades filamentos rojizos como el
azafrán
en cada nudo del árbol hay un yo multiplicándose
siento el frío de mi sangre a la intemperie
peces y raíces miran el filo de la hoja metálica
saben que un hijo y una madre son siempre el mismo árbol
pero un nervio puede cortarse por la coyuntura más blanda
con los dedos tan fácil que ya duele
la carne y las ramas pueden interrumpirse pero el cauce
es el cauce y se abre paso a voluntad
para fluir de nuevo
arborescente.

(Nieves Chillón nació en Orce, Granada, en 1981. Publicó “La hora violeta”, en 2004; “Morning blues”, 2006; “La canción de Penélope”, premio Mujerarte, 2011; “Rasguños”, premio Jorge Manrique y Vinos de Uclés, 2013; “El asa rota”, premio Villa de Peligros, 2015; “El libro de Laura Laurel”, premio Unicaja, 2017; “Arborescente”, premio Andalucía de la Crítica, ex aequo con Diego Medina Poveda, y premio Juan Gil-Albert/Ciutat de València, 2020; y “La Casa de La Piedra”, de 2021, Premio Nacional de Poesía “Ciudad de Churriana, Paraíso de la Vega”, fallado en 2022. Además, editó “Pero yo vuelo. Antología de la más joven poesía en Granada”, que se publicó en 2015).

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.