Rivera Letelier, poeta que escribe novelas

El escritor chileno, conocido en especial por su obra narrativa, obtuvo el Premio Nacional de Literatura, después de varias postulaciones.

   Es el tono poético de sus novelas, afirma, lo que les da atractivo y despierta interés en quienes las leen. Esto lo lleva a sostener que la forma de narrar es más importante que el contenido de la historia.

   El Premio Nacional de Literatura, que es otorgado por el Estado, es considerado el más importante del país en su tipo. Comprende el pago de una suma en el año de la adjudicación y una pensión vitalicia. Fue creado en 1942, durante la presidencia de Juan Antonio Ríos.

   En un primer período fue otorgado anualmente, pero a partir de 1972 es adjudicado cada dos años. El ganador en la edición precedente, la de 2020, fue el poeta mapuche Elicura Chihuailaf.

   Hernán Rivera Letelier nació en Talca, centro del país, en 1950, y reside en Antofagasta, en el norte, donde se sitúan gran parte de sus relatos. En 1994 publicó su primera novela, “La reina Isabel cantaba rancheras”, que tuvo una muy buena aceptación de público, y de hecho le permitió dejar su trabajo como minero y abocarse a la escritura. Siguió, en 1996, “Himno del ángel parado en una pata”. Su novela más reciente es “El secuestro de la hermana Tegualda”, de 2021.

   Es también cuentista y autor de un libro de fábulas. En poesía publicó “Poemas y pomadas”, en 1987.

   El Premio Nacional se suma a una gran cantidad de reconocimientos, entre ellos el título de “Caballero de la Orden de las Artes y Letras”, de Francia.

   La noticia de la adjudicación se la dio la ministra de las Culturas, Julieta Brodsky, en un contacto telefónico. Era la quinta postulación de Rivera Letelier al Premio Nacional.

   En diálogo con Pablo Retamal N., del diario La Tercera, coincidió que esta adjudicación comporta también un reconocimiento a “la literatura de provincias”, y en especial del norte. “Da la impresión que el arte llegaba hasta Valparaíso (centro de Chile, NDR) y para el norte no pasaba nada. Esto es un reconocimiento al artista de provincia”.

   El entrevistador le recordó que “nunca ha sido un favorito de la crítica”, ante lo cual respondió: “Yo aprendí desde el principio que las criticas malas había que masticarlas, sacarle lo que hubiera de vitaminas y el resto escupirlas, porque si te las tragas, te envenenas. Y con las críticas buenas también, había que masticarlas y botarlas, porque si te las tragas, te hinchas”.

   Ante otra pregunta, expresó que ahora le falta escribir “la obra maestra”. Lo intentó pero, dijo, “he tenido suerte de no hacerla, porque el que la hace, a la siguiente muere o no puede escribir más, como le pasó a Juan Rulfo. Escribió la obra maestra muy temprano y no pudo escribir el resto de su vida. Hay que irse escalón tras escalón”.

   Consultado sobre los motivos de la buena repercusión de sus novelas, respondió a La Tercera: “Lo que me dice la gente es que soy un buen contador de historias. Que se leen y releen mis libros, porque dicen que aparte de gozar la historia que les cuento, tienen placer estético en la lectura. Eso lo da la poesía. Yo soy un poeta que escribe novelas. Más que lo que cuento, lo que atrapa a los lectores es cómo lo cuento. Eso es lo importante en literatura. Es más importante el cómo que el qué”.

   Escribir poemas, continuó, “te hace ser un amante de las palabras, te da sentido de síntesis. Los mejores novelistas son los que empezaron escribiendo poesía. Yo soy un amante de las palabras”.    En cuanto a poetas de su preferencia, mencionó entre los vivos a Óscar Hahn, Manuel Silva Acevedo, Jorge Montealegre Iturra y Claudio Bertoni. “Y de los muertos, Jorge Teillier”, expresó.

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