Cernuda y su batalla contra el olvido

El 120 aniversario del nacimiento pone en discusión cómo recordar a este poeta que murió en el exilio en México.

   Este aniversario se cumple el 21 de septiembre de 2022 y la publicación Mundo Obrero sostiene, en un artículo de Felipe Alcaraz Masats, que había aprestos para homenajearlo en Sevilla, su ciudad natal, de la que Luis Cernuda se marchó en 1928 y a la que nunca regresó.

   En efecto, tras publicar en 1927 su primer libro, “Perfil del aire”, y después de asistir a los actos en el Ateneo de Sevilla por el tercer centenario de la muerte de Luis de Góngora, un hito en la conformación del grupo conocido como Generación del 27, Luis Cernuda se fue a Madrid cuando contaba 26 años.

   En la capital se relacionó con Vicente Aleixandre y Federico García Lorca, entre otros creadores, y tuvo una experiencia amorosa frustrada con el actor Serafín Fernández Ferro, tema que se refleja en algunos de sus poemas. Publicó su primera antología en 1936, en vísperas de la Guerra Civil, con el título “La realidad y el deseo”.

   Ante el asesinato de Federico García Lorca, en 1936, publicó “A un poeta muerto” y, al año siguiente, participó del Segundo Congreso de Intelectuales Antifascistas, donde conoció a Octavio Paz y Elena Garro, con quienes volvió a tomar contacto al exiliarse en México, tras períodos en el Reino Unido y en Estados Unidos.

   Mundo Obrero, órgano del Partido Comunista de España, publicó que con vistas al 120 aniversario de su nacimiento, se preparaba en Sevilla una recordación con una óptica “positiva”, lo que acomoda esa calificación con “la presentación de una imagen asequible, cómoda, producto en todo caso de la melancolía y el olvido abstracto”.

   Pero “todo era muy concreto” en Cernuda, prosigue, como “los fantasmas académicos y políticos que lo hicieron abandonar Sevilla y, más allá, España, en 1938, para convertirse en un exiliado profundo”.

   “Otros muchos regresaron, a veces a regañadientes (Max Aub pronunció aquella frase terrorífica al ver el estado de desmemoria y liquidación: ‘He venido, pero no he vuelto’), pero él no aceptó las propuestas que se le hicieron, respondiendo de forma desabrida, como lo hizo en 1962 a la petición de Salvador Moreno: ‘No he pensado jamás, ni pienso, en volver por ahí. Good riddance!’”

   Es la postura que se expresa también, dice el artículo, en el poema “Díptico español”, en el que dice: “La real para ti no es esa España obscena y deprimente/ en la que regentea hoy la canalla”.

   En el exilio en México, dice el texto en Mundo Obrero, Cernuda escribe “dos de sus libros concluyentes, en los que confirma sus demonios y no acepta las palmadas amistosas de un final feliz que lo redimiría de tanta soledad y olvido programado por otros”. Esas obras son “Memorial de un libro” y “Desolación de la quimera”.

   Tras recordar los períodos transcurridos en Madrid y en las sucesivas etapas del exilio, Alcaraz Masats menciona al que quizás fue el último poema de Cernuda, “A sus paisanos”, en el que volcó “todo su dolor y su ira sedimentada, ira y renegación”. Es que “vuelve a romper” con esos paisanos, a quienes “acusa incluso de haber creado la leyenda dura que ha arrastrado durante toda su vida, como un personaje extraño, descolgado de la simpatía del mundo”.

   Tras reproducir algunos versos, el artículo expresa que “quizás habría que reconocer que una de las tragedias íntimas de Cernuda es no saber perdonar, no poder, sobre todo cuando sus paisanos siguen dispuestos a herir y a programar el olvido del poeta. Por eso él se prepara para la batalla definitiva contra el olvido con la mejor arma que tiene: la poesía”.

   La nota completa está disponible en este enlace: https://www.mundoobrero.es/pl.php?id=13842

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