El español Valverde percibe a la poesía como esperanza

La define como una respuesta a la desigualdad, la desinformación, la hipocresía, la “banalización de la cultura” y el neoliberalismo.

   Fernando Valverde está radicado en Estados Unidos, a donde emigró en busca de oportunidades que, según dijo, no se le daban en España.

   Nacido en Granada, en 1980, publicó en su país “Desgracia”, por la Colección Visor. Cinco años antes había puesto en circulación “Poesía reunida” y, en 2014, “La insistencia del daño”. Había obtenido el Premio Emilio Alarcos, que otorga el Principado de Asturias, por su obra “Los ojos del pelícano”, y el premio Federico García Lorca para universitarios españoles.

   Valverde se consideró afortunado porque Chus Visor, el editor de Visor, “tal vez el mayor conocedor de la poesía en lengua española, haya confiado siempre en mi obra”.

   Fue entonces cuando dijo al diario colombiano El Espectador: “Tuve que marcharme de España en busca de una oportunidad, para cumplir un sueño que la corrupción y el amiguismo me negaban. La vida habría sido otra de no ser un inmigrante, pero no hay tiempo para pensar en si habría sido mejor. Lo cierto es que al menos tengo la oportunidad de regresar con mis poemas y en ese sentido soy un privilegiado”.

   Sobre la influencia en su poesía del hecho de estar radicado en Estados Unidos, el poeta explicó que “en primer lugar, estaba cansado de la música de la poesía española, que empezaba a sonarme toda igual. El descubrimiento del ritmo de la poesía en lengua inglesa me abrió nuevas posibilidades. Luego he sufrido muchos desengaños que han modificado mis temáticas, mi visión del mundo. También la distancia de mi país, de mis raíces, me ha ayudado a atreverme a decir lo que la presión social me habría impedido”.

   Y como otro elemento de cambio mencionó “la certeza de haberme equivocado pensando que la poesía juvenil podía acercar la verdadera poesía a la gente. No se trataba de rebajar el tono y la profundidad, nuestro trabajo no era hacernos entender, sino revelar. Ahora, como decía Shelley (Percy Bysshe, poeta, narrador y ensayista inglés, 1792-1822, NDR), siento la ambición de escribir para personas poéticas”.

   El Espectador afirma que “Desgracia” es un libro “desgarrador”, con apelaciones a mitos bíblicos y a la lectura de clásicos para referir al dolor por las “fracturas familiares”, y le preguntó: “¿Siente que como en el mito de Sísifo y la parábola del eterno retorno aquellos temas siempre están presentes en la poesía y vuelven vestidos de un tiempo diferente?”

   Valverde respondió: “Sísifo fue condenado a empujar una piedra hasta lo alto de una montaña de modo que cayera una y otra vez y fuera necesario comenzar el esfuerzo a perpetuidad. Tal vez es el modo en el que funcionan la Historia y la maldad. He hablado con muchos inmigrantes y casi todos tienen experiencias similares. Fueron engañados por sus familias, perdieron todo lo que tenían en sus países, fueron calumniados sin tener la posibilidad de responder, descubrieron traiciones innombrables”.

   La pandemia, continuó, “dio una oportunidad de oro a quienes quieren vivir de la desgracia ajena. Yo diría que vuelven disfrazados de forma diferente, de salvadores, de profetas, de frailes, de doctores, de desinteresados… tal vez Machado estaba en lo cierto y por los páramos de España no deja de cruzar errante la sombra de Caín”.

   Volvió a Shelley, al recordar que “se preguntó qué iba a suceder cuando la tecnología superara a la realidad”, y expresó que “ese momento ha llegado, los jóvenes pasan más tiempo en el falso mundo de las redes sociales que en la vida real. La vida se ha falsificado, hasta la poesía se ha falsificado. Se acerca el momento de dar una respuesta a aquella pregunta de Shelley y nos corresponde a nosotros”.

   “Desgracia”, dijo también, es un reflejo del el mundo actual, “de la sonrisa impostada, del ‘marketing’, de la banalización de la cultura. Quise escribir un libro sin pensar en su posible recorrido por el vil mercado, en los ‘likes’ o en la publicidad. Quise escribir un libro que pusiera nombre al dolor, que acercara el llanto y el sufrimiento a los lectores”.

   Agregó que nada está “más alejado de la fórmula del éxito” que esas características de la obra, pero “una gran parte de la humanidad ha sufrido mucho. Me irrita escuchar que la pandemia nos ha hecho mejores, ese tipo de reflexiones de filósofos de Instagram que no suman entre todos la lectura de las rimas de Bécquer. La pandemia lo que debería habernos enseñado es que de esta forma no se puede vivir. Que la desigualdad mata, que la desinformación mata, que la hipocresía mata. Sin embargo, saldremos igual o peores, más egoístas, más ensimismados y avaros. Es un nuevo triunfo del neoliberalismo”.

   Casi todos los países, opinó Valverde, “tienen una historia parecida de impunidad que se perpetúa. Es inevitable que todo esto haya contaminado el ámbito familiar y las relaciones afectivas. Mentir no cuesta nada, robar no cuesta nada, incluso matar puede no costar nada. Como poetas, podemos resignarnos o tratar de ponerle nombre a las cosas, porque al nombrarlas se hacen visibles de forma que pueda ser embarazoso y ridículo para los falsificadores. Por todo ello, la poesía se ha convertido en una esperanza”.

   La entrevista completa está disponible en este enlace:

https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/la-suma-de-las-voces/fernando-valverde-entrevista-con-el-escritor-espanol-quise-escribir-un-libro-que-pusiera-nombre-al-dolor/

(14/8/22)

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