Anarella Vélez Osejo / La nueva utopía

Nació en Tegucigalpa, Honduras, en 1956. Es historiadora, poeta y narradora. En poesía publicó “Todas las voces”, “Iluminadas” y “Columna de fuego”. También fue compiladora de “Las de Hoy, selección de poesía” y de antologías de cuentistas y narradoras hondureñas. Entre otras actividades, fue cofundadora del proyecto Ediciones Librería Paradiso. Es coordinadora de la Red en Defensa de la Humanidad-Honduras y también titular en la Secretaría de Estado en los Despachos de las Culturas, las Artes y los Patrimonios de los Pueblos de Honduras. Los poemas que siguen son del cuaderno virtual “Bienaventuranzas”, de la colección Poetas en Los Confines, del festival homónimo, Ediciones MALPASO y los diarios El Heraldo y La Prensa, en las ediciones de 2022.

   Iluminadas

Implacables con la vida,

tolvaneras, alondras, mariposas

memoria de las flores otoñales

otrora cautivas

síncope dilatado son

anarquía en las siluetas

pasión que se funde con las piedras

germinan selva con Frida y Pizarnik hechizadas

                             /por el color y la palabra

habitan un tiempo desierto,

retan la mentira del amor platónico

y el regocijo intemporal

delirio por la devoción ilícita

alborotadas, reclaman la alianza

de artistas ensoñadas,

auténticas, transforman el paisaje

reales, meditan la miseria,

enuncian el placer,

trasminadas se plantan en este mundo humanas,

habitar el paraíso quieren subversivas, en las tinieblas

fabuladoras, en la penumbra encolerizadas, al alba.

atentan al enfocar el objetivo,

locas,

hacia la nueva utopía caminan,

y son tantas

tan hermosas

no podrán marginarlas

aquí están, vivitas y peleando

ellas, las iluminadas.

   Dolores

             Para Dolores Bedoya, unionista y libertaria

Tu nombre, Dolores

esculpido está en mi historia

volverme tu reflejo

hoja lozana en primavera

corazón fiero abierto a la esperanza

planté para ti lirios y claveles

que vibren a tu paso

para revivirte

que sean ellas las testigas

del aroma de tu ejemplo

de tu rostro que es mi alumbre

para que a ti, Dolores, no te lleve el viento

y en mi jardín, en este día en que la vida es mía

tu presencia sea pájaro,

hierba húmeda

cuerpo sitiado por la luz

ola levantada

contra el desamparo del tiempo.

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