La rivalidad entre Quevedo y Góngora, en una obra teatral

Los autores del Siglo de Oro se combatieron encarnizadamente, mediante versos en los que se descalificaban y llegaban al insulto.

   Chema Cardeña es el autor de “La niebla”, la obra dedicada a la rivalidad literaria y personal entre estos dos autores, que fue parte de la programación del Festival de Teatro Clásico de Peñíscola, en la Comunidad Valenciana.

   El relato se remonta a 1627, cuando Luis de Góngora regresó a Córdoba, su ciudad natal, donde se enfrentó en términos duros con Francisco de Quevedo.

   Según los estudios de la época, el conflicto comenzó a tener gran visibilidad en Valladolid, ciudad en la que estaba la Corte en 1601, aunque ambos creadores habían vivido en el mismo barrio madrileño.

   La razón de la rivalidad no está del todo clara. Es posible que el motivo principal haya sido que respondían a inclinaciones literarias muy diferenciadas, con Góngora apegado a la corriente conocida como culteranismo, que adhería a los poetas clásicos y a un lenguaje considerado “culto”. Quevedo, veinte años más joven, se insertaba en el conceptismo, que se asentaba en el concepto propio de cada palabra para después introducir otros significados.

   Pero es posible también que influyera en el enfrentamiento la búsqueda de notoriedad, un problema frecuente entre los autores del Siglo de Oro, como lo refiere la obra “La vida, fortuna y oficio de los escritores del XVI y XVII”, de Francisco Martínez Cuadrado, publicado en España en 2021.

   Quevedo abrió hostilidades públicamente en Valladolid, y lo hizo sin ningún disimulo, al dar a conocer el poema “Contra Don Luis de Góngora”, que decía: “Este cíclope, no siciliano,/ esta antípoda faz, cuyo hemisferio/ zona divide en término italiano;/ este círculo vivo en todo plano;/ este que, siendo solamente cero,/ le multiplica y parte por entero/ todo buen abaquista veneciano”.

   Góngora respondió: “Musa que sopla y no inspira/ y sabe que es lo traidor/ poner los dedos mejor/ en mi bolsa que en su lira”.

   De estos intercambios, uno de los poemas que más perduró a lo largo del tiempo es “A una nariz”, de Quevedo, en la que se desliza un tono de desprecio por la ascendencia judía de Góngora: “Érase un hombre a una nariz pegado,/ érase una nariz superlativa,/ érase una nariz sayón y escriba,/ érase un peje espada muy barbado./ Era un reloj de sol mal encarado, érase una alquitara pensativa,/ érase un elefante boca arriba,/ era Ovidio Nasón más narizado”.

   Este es el material del que se nutrió Chema Cerdeña, también director de escena y actor, además de dramaturgo, para “La Niebla”. En su obra, los poetas se encuentran en Córdoba, en 1627, cuando Góngora regresa a la ciudad padeciendo amnesia, impedido de recordar su vida, y da con Quevedo: allí aflora el conflicto y las cuentas pendientes.

   En la obra, el regreso a aquellos tiempos se completa con otros personajes, como Lope de Vega y el rey Felipe IV.

   En su libro de investigación, Martínez Cuadrado describe las rivalidades y banderías, la protección de los mecenas por la que competían no pocos creadores y los mecanismos de censura imperantes.

   En un tramo, recuerda justamente las insidias que trata la obra. Dice que Góngora estaba “entrampado en Madrid”, sin poder pagar el arrendamiento de la casa en que vivía. El inmueble fue comprado por Quevedo, que no sólo mandó a su rival a la calle, sino que también “se jactaba de haber desinfectado la casa de poesía culterana, quemando libros de su admirado Garcilaso”.

(24/7/22)

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