Boris Rozas / Esta es mi agua

Es aquí

Es mi tierra,
son mis días.
esta es mi agua,
estas son mis velas.

Es tu vida,
no es la mía.
este es el norte,
esta es mi escuela.

Aquí amarran mis manos,
echan el ancla mis días.
aquí comen mis hermanos,
echan a andar las estrellas.

Lo que dicen de mi las piedras

Las tristes piedras, que tan bien
manejan el silencio
y saben ver el oro de los días
y las noches,
conocen el misterio
de las heridas que se curan
y de los hombres que se levantan.
Las dulces rosas,
que tan bien
acompañan a las manos
y se desprenden de las tumbas con la lluvia,
nunca dejan que el gesto sea baldío,
que el tiempo se convierta en piedra.
Cuentan del bosque tantas mentiras
como árboles lo habitan,
ladrones de almas viajando por el tronco
visitando la savia de los años.
Cuentan que en el medio de la vida,
entre el bosque y la penumbra,
se apagan las palabras,
se aprende a beber de los días.
Cuentan que las tristes piedras
que conducen al osario
son las rosas que iluminan tu camino
paa que adivines lo andado.

Vamos a llover juntos

Aquellos compañeros
de viaje,
otrora compactos
y erguidos,

Ahora disimulados
tras el sol,
frágiles
hartos de tanto secreto.

Vamos a llover
juntos,
toda esa rabia
sobre estas hojas,

Vamos a recoger
muertos
estos dedos,
para retorcer esa memoria.

Media sonrisa
sin apenas nombres,
nieve en la entrada
suavizado el regreso.

Fue tan bueno
al principio
el no entenderse,

Que no duele
esta herida,
entristece.

Lleno del mar

Lleno del mar
tu cuerpo,
amarra tu paso
junto al mío.

No es gasto
dormir esa orilla,
el paso de este estrecho
entre la muerte y la vida.

Las velas tumbadas
anclado el delirio,
descansan los ánimos
percuten los sentidos.

Ven en transición
sobre nombres y piélagos,
quizás este esplendor
llene del mar estos cabos.

Rompiente contratiempo
querer a contracorriente,
no es barrera de tiempo
sino arrecife insuficiente

Pleno de sal,
el mar del cuerpo,
doblega al hijo
tras los hechos del día.

Wislawa en París

A la cola de un buffet de asado
converso con Wislawa.
Mi esposa nos acecha
sin atreverse aún
a llamar a la puerta.
Conoce los salones de los poetas,
llenos de niños
que juegan con hojas en blanco
como pequeños jilgueros,
entre las balas
que aúllan
al rozar la carne.

Los hijos de la tierra

Perfume de lirios apagado
manto de orquídeas invasoras,
este jardín abandonado
no conoce empeños como el mío.
Casa de eterna techumbre
eternas vigas
y huerto pequeño,
madre lateral, camino de estaño.
Venimos con pan
felices, manos llenas,
modestos ropajes,
la vieja alacena.
Dame la mano, tierna lumbre
que no entiendes de nombres,
madre amada, entre margaritas
enciende este vacío.
Vieja carne, viejo estómago
que no da con todo ese daño,
ama la semilla de la panoja
trabaja el cuajo de madrugada.
Sobre los verdes prados
bailan los niños, abrazados,
dulces, descalzos,
desnudos los prados, negros.
El padre espera
hierro en mano,
afanarse en la era
hasta el hálito postrero.
Como todos los días
los hijos de la tierra,
que beben de los ríos
y mueren por la piedra.

(Nació en Buenos Aires, en 1972. Está radicado en Valladolid, España, país en el que obtuvo gran cantidad de reconocimientos. Entre sus obras publicadas figuran “Bagajes del alma”, 2004; “Lleno del mar”, 2005; “Hemisferio Sur”, 2007; “Huyendo de este jardín, me encontré con el viejo”, 2009; “Ragtime”, 2012; “Invertebrados”, 2014; “Las mujeres que paseaban perros imaginarios”, 2017; y “Annie Hall ya no vive aquí”, 2018. Fue ganador de la primera edición del Premio Internacional Pilar Fernández Labrador, que se organiza en Salamanca, en 2013. Obtuvo muchos otros premios, entre ellos el Sarmiento, el Manuel Garrido Chamorro y el León Felipe. En junio de 2022 le fue adjudicado el premio “El duende, ¿dónde está el duende?”, certamen organizado por el Ayuntamiento de Fuente Vaqueros y Valparaíso Ediciones).

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