Poetas destacan el gran aporte de la obra de Eduardo Lizalde

El deceso del autor mexicano, en mayo, motivó varias opiniones según las cuales su poesía representó una contribución muy significativa.

   Es el caso de Eduardo Langagne, quien expresó que al observar la poesía que publica a partir de los 60, se nota que Eduardo Lizalde asumió el papel de “dar continuidad a la tradición de la poesía mexicana y favorecerla con propuestas distintas”.

   “El poeta de la antisolemnidad rabiosamente lúcida”, lo define por su parte Ernesto Lumbreras, en tanto el colombiano Juan Manuel Roca consideró que su obra dejó una forma de pensar, más allá de su estética.

   Estos y otros poetas se pronunciaron sobre Lizalde en una consulta realizada por el diario mexicano Milenio a raíz del deceso del poeta, el 25 de mayo de 2022, cuando tenía 92 años, reconocido en su país con varios premios, como el Xavier Villaurrutia, en 1969; el Nacional de Poesía Aguascalientes, en 1974; y el Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde, en 2002.

   Armando González Torres sostuvo que Lizalde no es fácil de clasificar, pues “en él confluían de manera muy afortunada dos tradiciones aparentemente antagónicas de la lírica: la culta y la coloquial. Por ejemplo, en 1966 publica ‘Cada cosa es Babel’, un imponente poema de largo aliento, de tono filosófico, que se pregunta en torno a la naturaleza del lenguaje; mientras que solo cuatro años después, en 1970, publica un indispensable contrapeso, ‘El tigre en la casa’, un extraordinario bestiario moral que expresa con coloquial llaneza una misantropía tan cruda como divertida”.

   En el conjunto de su obra, continuó, Lizalde osciló entre tradiciones contrapuestas y fue “abstracto o llano, culterano o arrabalero”.

   También dijo que en pocos poetas “puede encontrarse un catálogo tan amplio en torno a las posibilidades de involución humana, metamorfosis tan delirantes y metáforas tan crueles en torno a nuestra naturaleza y condición”.

   Langagne definió a “El tigre en la casa” y “La zorra enferma” como sus obras más importantes. “Nos enseñó un punto de vista distinto para el ejercicio del poema; es decir, desde dónde escribe el poeta, cómo toma el poema y cómo busca que su posible lector entre al poema. Lizalde incorporó ironía, autocrítica, incluso en cierto momento el autoescarnio que se había abandonado en el siglo XXI”.

   También Efraín Bartolomé definió a “El tigre en la casa” como una “joya”. Agregó que “el poderío de sus versos pone, con mucha frecuencia, la carne de gallina. Parece cruel, a veces, el poeta; pero de aquellas oscuridades brota siempre un manantial purísimo que hace que nos quedemos como la boca de oro del niño frente al mar. Siempre vemos más lejos después de su lectura”.

   Elsa Cross se limitó a definirlo como autor de una poesía “inconfundible, tremendamente vigorosa y varonil”.

   Según Ernesto Lumbreras, Lizalde es “el poeta de la antisolemnidad rabiosamente lúcida. Un escéptico de todas las utopías, incluida la del amor. Pero también, y que no nos suceda como pasó con su admirado López Velarde, la prosa de Lizalde irradia igual belleza y verdad que su obra en verso”.

   Encontró un ámbito, explicó, en el que “lo coloquial y lo literario comulgan amorosamente, mezclan bríos y apetencias, lecturas y pretextos”.

   Roca dijo a Milenio que Lizalde es muy difícil de encajar dentro de la tradición poética mexicana. “Fue un autor con una obra orgánica, diversa y muy rica. Tuve oportunidad de conocerlo y tratarlo tanto en México como en Colombia. Recuerdo que Marco Antonio Campos y José Ángel Leyva destacaron la finura de su poesía y la fuerza de sus versos, que no son puramente estetizantes”.

   “Me atrevo a decir que para Lizalde la poesía es una forma de pensar. Más allá de su estética, imágenes y de la presencia del tigre como emblema de la libertad, nos dejó una obra muy importante no solo para el ámbito mexicano sino para la lengua. Creo que debería ser mucho más conocido. A quienes somos sus lectores y admiradores nos toca comenzar una campaña para difundirlo”, expresó.

   También sostuvo que “un aspecto muy importante de su obra es el carácter ironista y la forma en que pasó de una ideología de izquierda al escepticismo; en ese sentido aportó mucho”.

   Por su parte, María Baranda opinó que “en su poesía, tocaba el corazón de las cosas en su forma más pura. Un poeta que estaba en ese dintel entre la luz y la sombra”.

   Los pronunciamientos están disponibles en este enlace:

https://www.milenio.com/cultura/laberinto/eduardo-lizalde-en-voz-de-los-poetas-que-lo-admiran

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