Ramón Cote Baraibar / Aire o polvo

Retrato de Vallejo, en voz baja,
acompañado por la muerte

Una precisa amonestación de huesos
es la cara

y cierta

apurada solicitud; el aire o el polvo
del que se excusa.
Un afán metido, algo de aguacero
en otra parte de la ciudad,
el rumor de un nudo recién
desatado.
La entrega intacta de las cosas
como si hubiera pasado de largo por la vida.
La palabra desafiante
que lentamente se oculta
como un relámpago
envainado.

Nubes en la noche

Ya nadie observa las nubes en la noche
que van en silencio como islas desterradas,
como recuerdos errantes que nadie quiere,
en el más puro abandono del aire.

Nubes en la noche,
amores que nunca fueron, amuletos que perdieron
su poder, departamento de objetos perdidos
que ya nadie reclama. Sin embargo
esas nubes indefensas, inofensivas
son tiempo, señal de que la tierra gira
y pasa levemente por encima, en lo más oscuro
del cielo, vestido con nuestras camisas blancas.

Nubes en la noche, trabajos perdidos del día,
sonámbulos segundos robados
con suma delicadeza a todo cuanto vive,
sutiles emisarios de la muerte.

Somos tiempo y estas nubes blancas.

Noé León
a Francisco Pardo

Quien abre tarde los ojos al mundo
sabrá lo que es la inocencia.
Frecuentará la frágil amistad
de los gatos. Abandonará sobre su asiento
su breve uniforme de policía
y vivirá en un barrio de Barranquilla
en manga corta,
a esa lenta velocidad de las semanas
donde el ron retumba constantemente
en la garganta.
Pintará como un purificado
ausentes vapores que viera en su infancia
recorrer el Magdalena,
pintará selvas dentro de la selva,
árboles frutales, hojas enajenadas
de un país atrapado en su crueldad
y en su belleza.

Su nombre no tendrá revés
y se le podrá dar como alimento
a los pájaros que picotean
en el patio. Se llamará entonces
Noé León y su firma
repetirá la forma del humo de esos barcos
que se marcharon penosamente de Puerto Colombia.

Béisbol
a Jorge Alberto

Conmovidos quizás
por esa hondonada verde
del parque,
lanzábamos hacia lo alto
la pelota de béisbol.

El brazo soltaba todo su fuego
y tardaba tanto en caer.

Una inexplicable enemistad
nos unía al cielo.

Palacio de Cristal (Parque del Retiro)

Para verificar lo que por fuera
nos parecía un designio solitario
se entra, y sólo entonces la soledad
pasa desapercibida entre sus arcos.
Nunca un gorrión
esperó tanta resonancia. Esta no es una jaula
para pájaros sino para el canto de los pájaros.
Este palacio es una campana,
una máquina inútil, un retazo de Patinir.
La pervertida primavera ha llegado
y se siente en los cristales
la frágil precipitación que precede
a la elevación de los globos
en las postales antiguas. Arriba, el verde
desplaza el largo desamparo de sus ramas.

Pero yo seguiré pensando como lo hace el viejo invierno.

Poema final

Traigo del mundo su furor
contagioso,
su lección inacabable.
Pero ¿qué podemos ser
si todo lo que vemos
nos tapa los ojos?

(De “Temporal. Obra reunida”, con prólogo de William Ospina, Fondo de Cultura Económica, Bogotá, 2021. Ramón Cote Baraibar nació en Cúcuta, Norte de Santander, en 1963. Su primera obra de poesía publicada fue “Poemas para una fosa común”, en 1984, que apareció primero en España y luego en Colombia. Antes de esta edición de FCE, había publicado la antología “Hábito del tiempo”, en 2014. Ganó el premio Casa de América de Poesía Americana, en 2003; el premio Unicaja, en 2008; y el Internacional de Poesía Fuente Vaqueros, en 2021. Es también cuentista y ensayista).

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