Julia Uceda / Voz entre voces

La extraña

Siempre fui una extraña.
A veces me creía de la mano de todos,
entre luces y sombras,
mi voz entre las voces.
Una amistad de corazón de pájaro
empapaba mis manos.

Y de pronto las cosas me volvieron la espalda,
dejándome en el centro de una luz
tan pálida, tan fría…
como de huesos.
Como peces recién muertos.
Temblaba allí. Miraba
el detrás de las cosas, las nucas, las espaldas,
los talones extraños,
el confuso revés de las sonrisas,
el secreto más triste y polvoriento
que nadie se confiesa. No podía
salir de aquella luz en la que nada
parecía – ni era – como antes.
¿Por qué yo?
Se me helaban
los labios de tristeza.
¡Si existiera
sin mirarme existir!
Tal vez para tan poco…

Cuando de nuevo la luz se hacía
y mi cuerpo giraba de la mano de todos,
entre luces y sombras,
mi voz entre las voces,
un lejano recuerdo me oprimía.
Sigo siendo una extraña.

Secreto

No pesa. No se toca, no se mueve. Nacido
del hueco, del silencio: un hoyo grave,
un monte, un abandono.

¿Se querían?
Silencio.

Vuelan hacia el oeste
lejanos se querían.
Vuelan con llanto y miedo,
con frío y desventaja.
Los labios, despoblados de verbos en desuso,
la palabra, en harapos que los aires esparcen.

No responden las sombras ni los días plegados.
No contesta el espejo ni el armario vacío.
La razón de los pasos se ha borrado en el aire.

Carta

La página inundada de silencio.
¿La entiende alguien?

Escribiría: “Oigo
voces de muchos pájaros”, o
“Se murió en el olvido”, pero
¿lo entiende alguien?

Hábito de silencio,
de voces fragmentadas.

No, probablemente:
mejor ¿informaciones puntuales?,
que se dice.

Y la firma, sin fecha.

El resto del papel, meditando en silencio,
recorrido por la pluma sin tinta,
por la voz de una muda,
se dejará mirar.

Quizá se entienda.

Oleaje

Será primero una ola niña
sobre la ciega playa. Luego
una delgada espuma persistente,
más tarde
un redoblar de todo el horizonte
que avanza, que se empuja
para tomar contacto con la orilla.

En cada grueso oleaje, en cada arruga
del mar, en cada ojo
de espuma por la arena
de fuego, estará un hombre
por él y por su extensa
cadena de fantasmas. Por las sombras
que no tuvieron cuerpo;
por todos
los que anulados vagan
sin país, sin sepulcro.

Con la memoria
de los que fueron olvidados
volverán: «Ya llegamos
a la patria.» Y jamás
será la patria. Siempre
habrá otras olas, y anchos nudos,
gruesas crestas de mar. El hombre
irá pisando playas
de fuego, rocas
que hirieron otros pies,
algas que se enredaron a otras plantas.
Caminará por siempre
-a través de paisajes con recuerdos-,
el sol contra su espalda
y una arruga profunda
en la frente horadada por el viento.
«¿Era ésta mi patria?»
-preguntará de nuevo.
Y pasando de largo,
como un extraño entre los ríos,
regresará a la orilla
de que partió -no la recuerda-
pidiendo paz para sus muertos.

(Nació en Sevilla, en 1925. Vivió en Estados Unidos e Irlanda y desarrolló una actividad intensa como profesora universitaria. En 2003 obtuvo el Premio Nacional de Poesía por su libro “En el viento, hacia el mar”. También consiguió el Premio de la Crítica de Poesía Castellana, en 2006, entre otros reconocimientos. En 2017 se publicó en España “Háblame de Julia Uceda”, un libro con textos de poetas y narradores en su homenaje. En 2019 ganó el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca. Algunas de sus obras son “Mariposa en cenizas”, “Sin mucha esperanza”, “El elogio de la locura”, “Del camino de humo” y “Escrito en la corteza de los árboles”).

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