Bernardo Reyes / Vértigo de partir

Guijarros en la boca

Ella me perturba
con su sésamo.
Y me silencia.

Ninguna canción.
Ningún otoño.
Ninguna esperanza.

A veces desabrocha
el cierre eclair de sus dientes
y libera las aves blancas de la alegría.

Hundo mi mano

en el océano de tu corazón
para tocar
el pez compacto de tu mirada

Todo era incierto

Todo era incierto.
Bendición en latín acaso, improperios murmurados.

Vaya uno a saber.
Un tango aplacando la sed de nostalgia.
El recurrente presagio cercenante.

Ojos de paloma y mano tibia en el crepúsculo del olvido.
Loco subiendo de las solapas.
Micro espesa de gente.

Irías tu?
Yo estaría allí como si no estuviera,
aguardándonos los dos sin saberlo?

Serías tú la que aguardaba,
sería yo el que esperaba?

Ecos

Serán ordalías,
o eran ecos de la calle,
lluvia huyendo de los truenos?

O señales de Námaste y de Caín
manoseándose impunemente en una plaza?

O ángeles caídos,
simulacro de horas,
derviches extraviados de su centro?

O diminutas estrellas cruzando las estepas del cerebro
entre olas enanas
y naves mudas?

Orquesta típica

Padre, así me hablas desde tus nicherías,
con mareas disolutas,
fotografía primera de la mar, vagina azul
que aprieta el miembro exánime del silencio?

El un dos tres,
y tu muslo que erotiza el pubis de la muchacha,
que desde la barra del horizonte aún te mira.

Boqueas,
padre desterrado de la tierra,
uomo y testa en la huerfanía del sol sostenido.

Estoy en mi cárcel, padre,
y vengo a tu mundo raro.

La noche sale desnuda de sus aposentos,
mientras sangran las heridas.
Y te sobremueres mientras me sobrevivo.

Ideación suicida

El vértigo de partir o la partida,
la bruma de la mano que escribe,
la cordillera colgada en la ventana.

Todo gratis, días, personas,
abrumada espera,
flujo de olvidos.

No me reconocerás le dije

Debí decirle, no te reconoceré,
pues donde estaban mis ojos ahora hay cuencas vacías.

O por lo menos debí decirle
que ya no me recuerdo,
metástasis de mí,
en este ocaso de hiel y ceniza.

(De “Guijarros en la noche”, con prólogo de Jorge Boccanera, disponible en https://acortar.link/hy7FJb. Bernardo Reyes nació en Temuco, Chile, en 1951. En poesía publicó “Karmazul, Carta para un hijo imaginario” y “Grito del solo”. Asimismo, es autor de los ensayos “Retrato de familia (Neruda 1904-1920)”, “Álbum de Temuco”, “El enigma de Malva Marina, la hija de Pablo Neruda”, y de la novela “El diario de Cristina”. Entre otras actividades, en 2005 participó en el homenaje realizado por el Principado de Asturias, en Oviedo y Madrid, que destacó a Pablo Neruda como uno de los personajes más importantes del siglo XX).

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