El poeta ecuatoriano Kintana con Dylan, Aznar y García

Músicos que con sus canciones logran expresar mejor su poesía, o la poesía, y mucho más allá de un acompañamiento recíproco entre versos y sones, marcaron la formación de Ernesto Noboa Villarino, ecuatoriano que con el seudónimo Jota Kintana acaba de publicar “Tres whiskys para pasar la borrachera”. Bob Dylan, Pedro Aznar y Charly García son presencias notables en el libro.

Esos tres músicos fueron elegidos porque, dijo Quintana al diario El Universo de Guayaquil, “fueron mis primeras influencias, sobre todo Dylan y Aznar. Todavía lo son, aunque voy aprendiendo de todos los poetas que leo, actualmente muchos ecuatorianos francamente extraordinarios. Pero sobre Dylan y Aznar, no son cantantes, aunque la mayoría de gente los etiquete así. Al contrario, Dylan es un poeta que lee sus poemas con su guitarra y su armónica”

El escritor ecuatoriano tiene dudas sobre cómo se traza una raya que diferencie a un poeta y a un músico. “De Dylan me llevé el sentido de la interpretación en la poesía y al mismo tiempo mensajes punzantes, que apuntan al alma y al corazón. Entendí que esa sería mi manera de expresarme, guardando la infinita distancia entre ambos”.

Sobre el argentino Aznar, dijo que lo conoció cuando integraba el grupo de Pat Metheny y “en uno de sus discos escuché una canción cantada por él, que me marcó hasta hoy: ‘El sueño del retorno’, la única canción con letra de este grupo, que me caló hasta los huesos, con una letra que no lograba entender. Luego de leerla cada palabra salía del papel, no en forma de canción, sino en forma de soberbio poema. Pedro Aznar, además de virtuoso músico, es reconocido también como un gran poeta, y el estudio de sus dos libros, ‘Dos pasajes a la noche’ y ‘Pruebas de fuego’, me ayudaron a entender mejor la estructura en un poema”.

El diario le preguntó por el homenaje que realiza a Ernesto Noboa y Caamaño: “En el año 2000 mi padre me regaló una copia del libro ‘Romanza de las horas’ de Noboa y Caamaño, pariente de mi abuelo, cuya copia leí con mucha atención. Y, a pesar de entender que la métrica y las reglas en la poesía desaparecieron hace mucho tiempo, me cautivó su poesía y me despertó los sentidos. Entendí de manera más consciente que había algo en la poesía que me hablaba, que me decía que sería una compañera ineludible. Segundo, luego de leer el libro sentí una rebeldía enorme contra la expresión ‘generación decapitada’”.

También recordó el rechazo que le causaba la poesía cuando niño, por la forma de presentarla y enseñarla en la escuela. “Encuentro una estupidez que una generación extraordinaria de poetas como Noboa, Borja, Fierro y Silva, pase a la historia con una expresión que juzgue sus vidas y su forma de morir. ¿Y su arte? Yo propongo abolir la expresión, que no quiero ni mencionar nuevamente. Por último, porque leo críticas de estos cuatro poetas que están totalmente desubicadas. Priorizan lo subjetivo y la ideología, sobre lo objetivo y lo contextual. Por ejemplo, los acusan de escribir sobre cisnes, princesitas, castillos y cuatro estaciones que no existen en nuestro país. Lo encuentro una barbaridad. La poesía es contextual, es cierto, pero también es universal. Además, mientras no entendamos que todos somos influenciados por otros y que nuestra poesía se ha enriquecido de nuestros antecesores, seguiremos empantanados criticando de manera destructiva y matando a la poesía ecuatoriana”. (22.1.2012)