Miren Agur Meabe / Anudar el amor

Exorcismo

Una cicatriz no es una rama muerta y olvidada.
                    Sholeh Wolpe

Las ciruelas caen sobre la hierba
como obedeciendo a una partitura.

El árbol se desprende de lo maduro:
la rama no es ya el lugar del fruto.

Nosotras, sin embargo, obcecadas
en anudar el amor y su secuela.

Igual que el mar clarea en la ribera,
no tienen el mismo tinte la lesión y su estela.

Mi amiga A. y yo reímos en el prado,
saboreamos prunas y leemos sonetos

escupiendo con ímpetu los huesos.
Para linchar fantasmas nos bastan estas balas.

El astillero

La madera, como tela musculada,
a las órdenes de los sastres carpinteros:
olmo para el codaste y la roda;
acacia para los barraganetes;
teca y pino para las tapas;
para cualquier miembro, eucalipto.

El latido del bosque,
ignorante del mar.

Y las raíces lejos,
anclas cautivas en tierra,
maldiciendo a la rosa de los vientos.

Entomología

Las mariposas rugimos sin dientes a los tifones,
como balas de cañón.
Nuestros ojos cosechan la vida en mosaico.
Hallamos el equilibrio
entre lo que es y lo que no es
sondeando las plantas que crecen delante,
midiendo las amenazas que llegan por detrás.
A veces sobrevivimos gracias al letargo,
sin acelerar el vuelo,
y aceptando los cuidados del tiempo y de la lluvia.
Otras veces nos aprisionan delgados alfileres
y morimos con las alas desplegadas
en una placa de corcho, como en un cielo artificial.

Notas breves

Hoy no he limpiado el baño,
ni he hecho las compras,
no he tendido la ropa,
ni he llevado al niño al bus.

Estoy sola y dispuesta
a apretar el gatillo y disparar.
Disparar a la muralla de la mente,
para que ceda y rueden a estas líneas
las claves adecuadas.

Pero sólo he visto
pájaros suicidándose en los pararrayos
y jabalíes sonriendo a las aceras,
botellas rotas, zarzas ardientes, gente corriendo.
Solamente han salido viscosos dinosaurios de los pozos.

Hoy no he picado nada del frigo,
ni me he acordado de las recetas,
no he encendido la tele,
ni siquiera sé dónde guardé las píldoras

Los tres deseos

El viento me trae un recuerdo.
Es la misma brisa
de cuando mi alma brillaba como las rocas.
Tenía dieciséis años y tres deseos:
cabeza de lechuza,
corazón de cierva,
sexo de pantera.

El viento, veinte años más tarde,
mece al Árbol de la Vida.
Contemplo los frutos maduros a sus pies,
cómo rezuman la ironía del tiempo
cómo se pudren, impotentes y asombrados
por el hoy de aquella joven que se rebautizó a sí misma
Yo Soy Yo y Sólo Yo.

Cicatrices

La mezquina mosca de mi avaricia
la coqueta guadaña de mis desgracias
la insustancial espada de mi rabia,
los invisibles abortos de mi envidia
los fulanos y menganos de mis golpes
el brazo enterrado de mi fuerza
el olor a limbo de mis tonterías
la baba sobrante de mi lujuria
las calles burlonas de todos mis vacíos
el catecismo perdido de mi tristeza
el purgatorio negado a mis errores
la incontable pólvora de mi remordimiento
la falsa ortografía de mis secretos.

(Los primeros tres poemas son de “Cómo guardar ceniza en el pecho”, publicado en español por Bartleby, con traducción de la autora. Los siguientes corresponden a “Anzalaren kodea / El código de la piel”, publicado por Barcelona Bassarai también con traducción de la autora y de Kepa Murua. Miren Agur Meabe nació en Bizkaia, España, en 1962. En 2000 obtuvo el Premio Nacional de la Crítica, por “Azalaren Kodea”. Siguió el Premio de la Crítica de Poesía en euskera, en 2010, por “Bitsa eskuetan” (“Espuma en las manos”). En 2021 se convirtió en la primera autora en euskera en recibir el Premio Nacional de Poesía, que le fue otorgado por “Nola gorde errautsa kolkoan” (“Cómo guardar ceniza en el pecho”). Es diplomada en magisterio, en la especialidad de Ciencias Sociales, y licenciada en Filología Vasca. También es autora de obras de literatura infantil, género en el que recibió varios reconocimientos).

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