Las delicias quebradas

Juan Gelman

Hoy
XIII

Llegan los ruidos de la muerte cotidiana/México/
Irak/Pakistán/Afganistán/Yenem/Somalia. Me miro
sin explicaciones/ soy el asesino y el asesinado.
Adiós, candor, los restos de la infancia están
pálidos/ no hay qué darles de comer. La belleza
de un pájaro dormido me trae agonías y ruego al
pájaro que duerma. Sin árboles de hermosura
corpórea, sin largos días de mayo.

CCXXXII

Haya universo sin cuerdas/ sin cadenas/sus
méritos de muerte ya ahorcaron demasiado/las
túnicas de sangre/el beso que besa triste/las
tantas guerras/las delicias quebradas. Mundo
que somos tu miseria/en un rincón se aguantan
las deudas de la gracia. No te levantes todavía
amor/no hay lengua que te nombre/las sábanas
son jóvenes al alba.

CCXL

Romper el mundo en pedacitos, devorarles la
entraña, los falsos continentes, desarroparles
el jamás. Esto exigen la fiebre, la sangre
esperadora, la indignación que cuelgan a secar.
¿Por qué prosperar los opuestos al poema que roza
su imposible? Cuartos donde el amor estuvo rápido
y deja una ciudad en las cuatro paredes del
instante. Así sería nacer en pólvoras de
clandestinidad que la devoran.

(De “Hoy”, Seix Barral Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2013. Juan Gelman nació en Buenos Aires, en 1930. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1997, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, ambos en 2005, y el Cervantes, en 2007. Sus poemas fueron traducidos a numerosas lenguas. Murió en Ciudad de México, en 2014).

Bob Dylan

Con Dios a nuestro lado

No importa mi nombre
y menos mi edad.
Vengo de un país
al que llaman Midwest.
Allí me crié y allí me enseñaron
las leyes de convivencia.
Y ese país en el que vivo
tiene a Dios de su lado.

Oh, lo narran los libros de historia,
lo cuenta de una forma tan bella.
Carga la caballería,
caen los indios;
carga la caballería,
mueren los indios.
Oh, el país era joven
y tenía a Dios de su lado.

La guerra hispano-americana
tuvo su fecha
y también la guerra civil;
ambas pasaron rápidamente
y se acostumbra a recordar
los nombres de los héroes
con las armas en su mano
y Dios de su lado.

Oh muchachos, la primera guerra mundial
llegó y se fue.
Jamás comprendió la razón para luchar.
Pero aprendí a aceptarlo
aceptarlo con orgullo.
Pues nunca se cuentan los muertos
cuando Dios está de tu lado.

Cuando la segunda guerra mundial
llegó a su fin
perdonamos a los alemanes
y nos hicimos sus amigos
a pesar de que habían asesinado a seis millones
friéndolos en sus hornos.
Resulta que ahora también los alemanes
tienen a Dios de su parte.

He aprendido a odiar a los rusos de por vida.
Y si comienza otra guerra
debemos pelear,
odiarlos, temerlos,
correr y ocultarse.
Y aceptarlo todo con valentía
con Dios de nuestro lado.

Ahora tenemos armas bioquímicas,
si hacen fuego nos veremos obligados
a responderles como es debido.
Uno aprieta el botón
y todo el mundo estalla.
Y no se hacen preguntas
cuando Dios está de nuestro lado.

Durante muchas horas tenebrosas
he cavilado sobre todo esto.
Jesucristo fue traicionado por un beso.
Pero no puedo resolverlo por ustedes.
Tienen que decidir si Judas
tenía a Dios de su lado.

Me voy disfrazado de Averno.
No tengo tiempo para narrar
la confusión que siento.
Las palabras golpean en mi cabeza
y se caen al suelo.
Dios detendrá la próxima guerra
si está de nuestro lado.

(Tomado de “El Jabalí. Revista Ilustrada de Poesía”, año X, número 15, Buenos Aires, 2004. Bob Dylan nació en Duluth, Minesota, en 1941. Conocido mundialmente como compositor y cantante, recibió por su poesía el Premio Nobel de Literatura, en 2016. El texto de esta canción (en inglés, With God On Our Side”) es una expresión cabal de la orientación que dio a su trayectoria musical. La interpretó por primera vez en público en Nueva York, en 1963. Integra su álbum “The Times Ther Are A-Changin”).

Camilo Restrepo

Sueños de sangre

Raíces crecen desde sus bocas
mientras los niños duermen
sobre playas de Europa

No hay cuchillos de plata
dentro de sus bolsillos
solo alfileres para punzar el retal
bordado con figuras de muertos
y agua empozada en los ojos

La muerte celebra
sus sueños de sangre

Sangre cautiva
a Valeria Correa

Los ángeles construyen
palcos de nube
para verlos pasar

Altivos van
con sus cuellos largos
con sus cuerpos de pantera
o pedazo de noche

Su sangre transporta un dolor de siglos

Bajo la luz matinal
va la caravana de los negros
que llevan en sus ojos
el delirio de sus dioses

(De “Las rutas de la sangre”, Pulso y Letra Editores, Medellín, Colombia, 2016. Camilo Restrepo nació en Medellín, en 1987. Otras obras suyas son “El espacio que me habita”, con la que obtuvo mención de honor en el Premio de Poesía Joven de su ciudad natal en 2011, y “Felonías”, de 2015).

(10.3.22)

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