Versos al desnudo

Cuatro mujeres se desnudan por completo y leen a continuación a William Shakespeare, Oscar Wilde y Henrik Ibsen, entre otros autores. Son artistas del burlesque que emprenden una vez por mes esta actividad en un bar de Greenwich Village, en Nueva York, aunque están siendo convocadas a otras ciudades, como Londres y Copenhague.

La presentación es responsabilidad de Michelle L’Amour, denominada “artista de performance”, quien ideó el espectáculo con su esposo casi por casualidad: “Mi marido me encontró una vez sentada en el sillón, leyendo desnuda. Digamos que se vio inspirado por la imagen, empezamos a reir, y luego a hablar de hacer ‘Naked girls reading'”.
Las entregas periodísticas de las presentaciones intentan relatos con ciertas dosis de picardía o diversión, que parecen juzgar inevitables para el caso, e incluyen no pocos lugares comunes. No faltó el medio que escribiese que la puesta y las artistas buscan que “la gente se excite con la lectura”. Ni el cronista que, aparentemente acostumbrado a ver sólo a mujeres que lean en salones “serios”, con la debida formalidad y la indumentaria que la norma establece, atribuyen a estas actrices no ya el acto de leer: “Repiten las palabras de Oscar Wilde y Henrik Ibsen”, escribió uno, que por supuesto se sientió obligado a relatar que estas mujeres tienen “privilegiados cuerpos y agraciadas facciones” y que el público está “atónito”.
Lo cierto es que a la iniciativa de Michelle L’Amour y su esposo se sumó Nasty Canasta, actriz de burlesque, partícipe del estreno de la obra en Nueva York, en 2009.
El público es “variado”, incluye a “hombres maduros” y también a “parejas jóvenes”, mientras las artistas se sientan en “sillones de época”, aunque no sabemos de cuál.
Hay quien llamó a la presentación “literatura frontal”, y otro que la catalogó como “ero-tertulia”, destinada a que el público pueda abstraerse “del frenesí cotidiano”, otra frase nunca dicha.
Gal Friday, una de las actrices, ofrece una descripción con un detalle algo más interesante: “Cuando alguien ve un desnudo por primera vez dice: ¡Oh, hay una chica desnuda! Pero luego, cuando empezamos a leer, se siente cómo las miradas suben”.
Relató Nasty Canasta -de silueta “afinada”, según otro cronista, un poco más sensible-: “Me gusta narrar historias y esta es la manera en la que lo hago. Me siento cómoda desnuda. Me siento alegre haciendo esto”.
Un periodista de la agencia AFP, tras describir el cuerpo de las actrices, luego el sillón en que se sientan y después la lámpara “roja” que está a un costado, logra por fin dar con un “verdadero talento oratorio”. Y relata: “En la audiencia hay carcajadas ante diálogos picantes o muy inteligentes, pero también un silencio atento y hasta momentos de emoción, por ejemplo cuando Sapphire Jones dedica un texto de Shakespeare a su abuela, fallecida dos semanas atrás”.