Edwin Reyes, soldado de la belleza

Se estrena en Puerto Rico a fines de septiembre el documental “Edwin Reyes, soldado de la belleza”. El periódico Claridad de Puerto Rico publica una semblanza extensa de Reyes, escrita por Mariel C. Marrero-García, quien junto con el cineasta Freddie Rodríguez incursionó en la historia, la personalidad y la obra del poeta puertorriqueño, al trabajar en la realización de la cinta.

“La obra de Edwin -escribe Marrero-García- no es fortuita, él sabía las necesidades del país y trabajó para suplirlas porque creía en la participación muscular de la lucha cultural. Fue lo que llamaríamos hoy ‘extreme’, un ser lleno de contrastes que se superaba cada día. Nos dio desde los más tiernos poemas y nanas hasta la sensibilidad nítida del balazo del poema musicalizado ‘El blanco y la crudeza del gobierno araña’. Practicó la dirección desde siempre, en sus andanzas universitarias, sus proyectos con artistas gráficos y músicos, los performances como líder político y cultural –basta recordar la toma del Morro, con actores de incógnitos, y sin saber quiénes eran sus pares- hasta desarrollar su obra cinematográfica. Toda su vida estuvo llena de proyectos y activismo”.
Centrándose en especial en su actividad cinematográfica, la autora dice: “Edwin era un artista, era un ente creativo y encontró diferentes géneros, maneras de canalizar su expresividad, lo que le preparó para su ineludible paso al cine. Como tantos otros creadores y poetas puertorriqueños, tuvo que buscárselas y desempeñar las más diversas funciones: desde dependiente en una librería hasta director creativo en una agencia de publicidad. Como dice su otrora jefa Ileana Font, (de la agencia Lopito, Ileana y Howie) su trabajo en la publicidad, lo hizo con las muelas de atrás, pero la experiencia le permitió relacionarse con un gran grupo de cineastas”.
Reyes recibió dos pedidos en los 90, para que realizara los documentales “Rafael Hernández, jibarito del mundo” y “Adombe, la presencia africana en Puerto Rico”. Sobre éste último, la autora dice que recorre esa presencia “a veces evidente y a veces escondida”. El documental “es un proyecto hermoso por su fotografía, exquisito por su cadencia musical y edición, en fin, alcanza los más altos honores de la cinematografía”, y en tanto “habla de lo que cada día nos ocupa y preocupa, de lo que se sufre y se goza con nuestra negritud”.
“No hay duda de que El Poeta era un maestro en el uso de las palabras y metáforas visuales. Entonces, no debe sorprendernos que el cine sea un lugar natural para él desarrollar la poesía, gracias a la multiplicidad de imágenes y memorias que evoca”, agrega Marrero-García.
“Edwin siempre insistía en que su vida, su historia, era la historia de un desarraigo, y que en gran medida, su vida y lucha eran un esfuerzo para superarlo. El desarraigo personal y colectivo del que sólo la belleza como arma y el compromiso patrio salvan, están presentes en la totalidad de su obra cinematográfica”.
La nota se refiere también al largometraje “Punto final: de cómo Tito Mangual aprendió a bregar”, de 1999 y recuerda que fue realizada con jóvenes del Taller Cine Escuela en Caguas, junto con actores ya veteranos. “En ese entonces, comenzábamos a confrontarnos con la realidad de la calle y la proliferación del desarraigo de nuestros jóvenes, en comunidades marginadas. Hoy el desarraigo juvenil prolifera en la mayoría de nuestras comunidades sin importar si es una urbanización cerrada. Edwin nos apuntó con su fusil de verdad y no supimos ver ni hacer, hasta que las penas se hicieron personales”.
Según la autora de la nota en “Claridad”, esta cinta “se anticipa al reality y a las narcopelículas y narconovelas tan de moda hoy”, ya que “en un ambiente experimental, con tomas cámara en mano y sin cortes, se confrontan las realidades de las comunidades donde los narcos son los héroes comunitarios. Ellos son los que dan la cara por sus vecinos, pero también quienes de víctimas pasan a ser victimarios de sus ‘protegidos'”.
“La presencia de Edwin en nuestro cine es imborrable, al igual que su poesía, y todavía tiene una vigencia asombrosa, porque todavía somos asediados por el desarraigo”, concluye Marrero-García (13.9.2011).