• @nimarlu
    De tristezas que no dejan costura por reventar y de otros amores impensables
  • @L0laM0ra
    Suelen anidar las ilusiones en la tímida noche buscando la última estrella
  • @monarcamanni
    Lo que nos rompa primero: el olvido o una canción
  • @Anadimeana
    Algunos inundan puentes y ventanas, otros llueven estrellas: cada palabra con su mano vuela
  • @xhuvia922
    Las esponjas del mar borran el horizonte
  • @nancyeldarjani
    El tiempo es un olor cuando llueve
  • @DeNegraTinta
    También te quiero a deshoras
  • @DLobosyQuimeras
    Barcos de papel en dique seco
  • @LaPetit10
    Yo ya no quiero sueños intocables
  • @BlueDement_
    El día que te conozcas, vas a enamorarte de mi
  • @RecMaria
    El tiempo matará lo que no defiendas
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño

José Emilio Pacheco

Expiación

Qué sola ha de sentirse la luciérnaga

En el suburbio que era campo.

Arde sin nadie entre las casas tristes.

La repudió el enjambre intolerante

Que exige sumisión igual que todos.

No sé cuál fue su error o su pecado.

Acaso las luciérnagas también

Castigan sin piedad a las insumisas

Y les cortan la luz y el aire.

Tal vez la usó la tribu como chivo expiatorio.

Murmuradas las culpas a su oído,

La enviaron a perderse en el desierto

Para morir por la vileza de otras.

En la altura contrasta su brillantez

Con esos fuegos fatuos tan rastreros

Que hacen teatro de espectros en la noche

Y nos llenan de miedo.

No es verde de esperanza el mal color

De la pobre luciérnaga extraviada:

Su vuelo dice adiós a todo aquello

Que acaba de morir en este instante.

Nubes

En un mundo erizado de prisiones

Sólo las nubes arden siempre libres.

No tienen amo, no obedecen órdenes,

Inventan formas, las asumen todas.

Nadie sabe si vuelan o navegan,

Si ante su luz el aire es mar o llama.

Tejidas de alas son flores del agua,

Arrecifes de instantes, red de espuma.

Islas de niebla, flotan, se deslíen

Y nos dejan hundidos en la Tierra.

Como son inmortales nunca oponen

Fuerza o fijeza al vendaval del tiempo.

Las nubes duran porque se deshacen.

Su materia es la ausencia y dan la vida.

Tener y no tener

No tiene fin la oscuridad.

No tiene

La sal del mar un día de consuelo.

Pero en cambio la dicha que hoy nos cubre

Tiene los días contados.

De sobra

Al planeta como es

No le hago falta.

Proseguirá sin mí

Como antes pudo

Existir en mi ausencia.

No me invitó a llegar

Y ahora me exige

Que me vaya en silencio.

Nada le importa mi insignificancia.

Salgo sobrando porque todo es suyo.

Mejor que nadie

Los ríos conocen la soledad mejor que nadie.

Fluyen a solas, van siempre solos, no dan

Tregua a su oficio solitario.

También mejor que nadie saben que al fin

Se unen al mar y acompasan su encuentro

Con la sagacidad de la muerte unánime.

Poesía

Contra la noche oscura

una pantalla que arde

y una página en blanco.

Defensa de la “Ñ”

Este animal que gruñe con eñe de uña

es por completo intraducible.

Perdería la ferocidad de su voz

y la elocuencia de sus garras

en cualquier lengua extranjera.

Travesías

Uno tras otro le devuelvo al mar

los restos de las ruinas de mis naufragios.

Y me quedo en la orilla como un cangrejo

que no sabe ser pez ni araña

y, por buscar la dulce oscuridad cavando en la arena,

termina por morir en el agua hirviendo.

Minas antipersonales

Crítica de la oquedad sangrante,

el cuerpo ya no cuerpo

del niño ya no niño, destrozado

por la mina antipersonal, el arma

más barata del mundo.

Por menos de tres dólares

sacan de las entrañas de esta mina

el tesoro sombrío

de la mutilación,

el dolor total para siempre.

El oro de estas minas es la muerte.

Son semillas de muerte.

Las plantan y las siembran:

flores carnívoras.

Su campo de cultivo es el mundo entero.

Nadie sabe qué suelo pisa.

En donde ponga el pie

el abismo puede abrirse a sus plantas.

Arenas movedizas que no absorben: destruyen.

Es el refinamiento absoluto, el colmo

de la mercadotecnia, el mercado libre

y el gran consumo.

Hay minas especiales para no combatientes,

minas con forma de pelota y muñeca.

Nadie podría decir nada más atroz

acerca de nosotros.

(De “Tarde o temprano, Poemas 1958-2009”, Nuevos textos sagrados, Tusquets Editores, México, 2009. José Emilio Pacheco nació el 30 de junio de 1939 en Ciudad de México, y murió en ese mismo lugar el 26 de enero de 2014. Su relación con la literatura y sus actividades iniciales en ella comenzaron en la revista “Medio Siglo” de la Universidad Nacional Autónoma de México. Posteriormente dirigió colecciones y publicaciones vinculadas con la literatura. Se especializó en literatura mexicana del siglo XIX, y estudió al argentino Jorge Luis Borges. Se lo considera uno de los exponentes de la “Generación de los cincuenta”, también llamada “Generación de medio siglo”, junto con Salvador Elizondo, Eduardo Lizalde, Carlos Mosiváis y Sergio Galindo, entre otros escritores. Sus publicaciones de poesía comenzaron en 1963 con “Los elementos de la noche”. Después de la antología “Tarde o temprano”, de 2009, se publicaron “Como la lluvia” y “La edad de las tinieblas”, en el mismo año, y “El espejo de los ecos”, en 2012. Fue también novelista, cuentista, ensayista y traductor. Obtuvo gran cantidad de premios, entre ellos el Cervantes, en 2009, el Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, en 2005, el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, en 2004, y el Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo, en 2003).

Tres poemas chilenos

I.Budín de pan

En Santiago de Chile el budín de pan

Es mi magdalena de Proust:

En seguida trae a la memoria

A mi abuela Emilia Abreu de Berny.

El budín de pan, los frutos de sartén, la copa nevada,

Los postres emigrantes para endulzar

La vida que es dolor y destierro siempre.

Sabores abolidos que nunca volverán, como ella.

En cambio su otra herencia

No se aleja de mí: el placer

De escuchar y leer y contar historias.

Y las delicias infinitas del verso que,

A semejanza del budín de pan,

Recoge los desechos del día vivido

Y los transforma en otra cosa.

II.Habla Pablo de Rokha

antes de suicidarse

Átomos enloquecidos que nos hicieron humanos…

P. de R.

-Átomos, gases y bacterias,

Enloquecidos por el caos, llegaron

A producir esta materia que somos,

Corruptible e indestructible.

Porque me muero, te vas, nos vamos,

Se van poco a poco todos,

Jamás habrá otra humanidad

Como la de este día pasajero

Que ya se acabó y se hunde

En la Nada de sus ancestros.

Pero los invisibles constructores

Del Bien y el Mal permanecen

Aquí y allá, en busca de algo,

No saben qué

Y hasta ignoran cómo.

Quizá algún día,

Con los mismos recursos que nos hicieron,

Logren edificar,

Entre intento y error y siglos,

Aquella plenitud que jamás fuimos.

III.Océanos

En Santiago estás tú.

Santiago eres tú y estás

Aquí y allá y en Valparaíso,

En todo el Pacífico,

De norte a sur

Y de extremo a extremo de América.

Memoria y geografía

Y algo que designamos como azar o destino,

Nos ciñen a un océano

Que nos permite hablar por última vez

Cuando ya se ha hecho tarde

Y no hay retorno posible.

Porque este mismo océano nos halló en aquel bosque

Donde caía la noche como rompen las olas,

La marea sonaba a fronda y podíamos entrar

En las cuevas secretas de la playa

Para abrazarnos contra el porvenir

Y celebrar nuestra letal juventud

(Mar adentro flotaba amenazante

La sombra del Titánic y no supimos leerla.)

En la región final del hemisferio y la vida,

En los puentes que cruzan el río invisible de sangre

Y sobre la ceniza de los muertos,

Nos volvemos a ver para el nunca más,

Guijarros arrastrados por otro mar:

El mar de la Historia atroz

Que nada tiene de Pacífico.

César Vallejo

Mala para mis huesos esta humedad

que penetra como un cilicio.

Aquí sucumbe de mal de mar el nativo

de tierra adentro, de ciudades altas,

secas o muertas.

México en el páramo

que fue bosque y laguna

y hoy es terror y quién sabe.

Por la ventana

entra el aire de Lima,

la humedad

como una forma de llanto.

En este viernes

15 de abril,

a medio siglo

de que murió Vallejo

-y uno habla y habla.

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.