• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Juan Gelman, siempre (II)

XIII

Llegan los ruidos de la muerte cotidiana/ México/ Irak/ Pakistán/ Afganistán/ Yemen/ Somalia. Me miro sin explicaciones/ soy el asesino y el asesinado. Adiós, candor, los restos de la infancia están pálidos/ no hay qué darles de comer. La belleza de un pájaro dormido me trae agonías y ruego al pájaro que duerma. Sin árboles de hermosura corpórea, sin largos días de mayo.

XX

¿Quién dijo que el tiempo petrifica las lágrimas? Se esconderán por ahí, en las moradas del delirio. Los huesos pura piel de un niño muerto de hambre aumentan lodos del espanto. En el careo con la foto nadie habla. La paridad de los extremos en estaciones sórdidas crea proyectos de vacío y la desolación finge ser una que no llora, se ladea el paisaje mental sin reinvención posible.

XXIV

Los descansos de la pasión no están cubiertos de ceniza. Hay preguntas, regaños de la madre, otras declinaciones para nombrar los patios del pasado. Opacidades de la lengua recorren cada lluvia. Las dignidades del vacío son animales de la tierra y el precio de su sacrificio es humo. Un pedazo estelar calienta el agua donde lavamos nuestro extremo, su reto imaginado. Deudas abiertas, muebles del dolor, disfraces del cartílago. La incertidumbre es reina y raspa las inversiones de la luna. Estás ahí y no olvidás la ligereza de la gracia. Cuándo descansarás.

XXXV

A ver, pedazos míos, hagan asamblea y decidan. Pónganse sombreros blancos y tiradores rojos, haya color para que el viejo buey se vaya. Mis muertos ponen sombras porque no tienen más remedio. Clavan dientes de jabalí, señora, besos helados en representación de otoños idos, naves que buscan algún mar.

XLIII

En el consuelo hay soles falsos/ el encandilamiento dura poco, la memoria pone a la herida en su lugar. La pérdida no busca admiración/ se fabricó un universo de astros sin luz/ cualquier roce lo enciende. No dan sombra, dan caminos/ lo que fue a lo que falta ser. El gemido sin música en la esquina donde la despasión permite el mundo.

A Rubén Bonifaz Nuño

XLVI

El dolor abre refugios/ se ve lo que se tuvo y rostros hay de la delicia. Los curtidos en dramas simbólicos ignoran cómo trabaja la pena con el entendimiento. Estudian convergencias de un jabalí con su pasión, de la mujer en rama con el arte, del asesino con la muerte. En el deseo imperfecto duermen noches perdidas, fórmulas de la ausencia, rehenes de un olvido feroz.

A Ignacio Uranga

LI

El poema quiere engañar al tiempo y el sufrimiento lo derrota. Si escuchara lo que huye de la puerta, si la imperfecta luz diera tu libro, si traicionara este dolor, si oyera tu descanso, si el alba tropezara con el árbol que te abrigó una vez, si pudieras volver a casa una noche cualquiera.

A Marcelo

LVI

La muerte no interpreta sus textos, no lee lo que se va a llevar. Si alguna prisionera en Campo Mayo recién nacida a madre con los ojos tapados que ni a su hijo vio. Si un petirrojo que tenía deseos. Si un joven que tocaba entrañas de la música. Si el que transforma el tiempo en un qué es. Si la dolor de un hombre que llora para adentro.

LXI

Si todavía fuera sólo tiempo, amor que no se va, dolor que sigue, el principal de sus discípulos, combinación de pérdidas, desasosiegos al tanteo, la dignidad asociada a su órgano pasivo, dicha arrojada al río San Fernando de aguas impasibles.

LXVI

Amásense harinas del encuentro, llamas que ardan como ardieron, el cuerpo sin historia cada noche. Penétrense las jaulas inarmónicas, júntese tanta variedad de tiempos, mírese lo que falta o paridad de idiomas que no suenan lo mismo con lo mismo. La palabra va de aquí para allá, busca un sitio de no marcharse nunca. Su única casa es imposible, nadie se la va a construir.

(De “Hoy”, Seix Barral Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2013. Es el último libro de Gelman publicado en Argentina antes de su muerte, el 14 de enero. Sobre este libro, el poeta dijo que eligió escribir textos “breves, muy condensados, para no molestar al lector”. Juan Gelman nació en Buenos Aires en 1930 y murió en México, el 14 de enero de 2014. Obtuvo el premio Nacional de Poesía en 1997, el Cervantes 2007; el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005; el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2005, entre otros. Algunas de sus obras son "Gotán", "Cólera buey", "Los poemas de Sidney West", "Fábulas", "Hechos y relaciones", "Si dulcemente", "Citas y comentarios", "Hacia el Sur", "La juntaluz", "Composiciones", "Anunciaciones", "Interrupciones 1", Interrupciones 2", "Violín y otras cuestiones", "Miradas", "Carta a mi madre", "Salarios del impío", "dibaxu", "Incompletamente", "Valer la pena", "Mundar", "de atrasalante en su porfía". Poemas suyos fueron traducidos al alemán, checo, chino, francés, holandés, inglés, italiano, japonés, portugués, sueco y turco. Después de su deceso, se anunció en México que se publicará un libro que dejó preparado, “Amar a Mara”).

LXXI

El azar corta las entrañas de la corrupción, pasa el Poder y cierra la heridaza. Laten adentro impotencias del pobre, las letras de lo inefable huido, tratados de la razón domada. Al lado de los derechos humanos del pasado sangran sin abrigo los derechos humanos del presente. La crueldad usa uñas buenas. Los agujeros del país las pintan con esmalte rojo y las instituciones felicitan de pie. Tiembla el jardín que Amor regaba. De qué vale la vida que no se perdió en sales del futuro. Cuida sus ruinas y sobrevive así.

LXXIX

Lo mejor de las selvas, las pampas y los mares cae en hambres sin gloria. Las delaciones de la eternidad arriesgan sus arrugas, un cansancio que se quedó sin leyes. ¿Cómo se junta un hombre con el que le hicieron? Se mira ambigüedades/ entrecierran los ojos. La pérdida cuece órganos en pleno día, en plena boca de las personaciones. El viejo amor se cumple en la terminación que lo recrea.

LXXXII

El lenguaje es un hueso, vaga a su antojo antes de poseer al hijo. En sus pausas se come al infinito y su enlace con el deseo mundial abarca la discontinuidad que nombra. Es libre en suspensiones del origen, conoce su duración en el instante que se fue. Le pesa la inocencia del círculo, tanta miseria alrededor. Penetra las unidades incompletas. Cuánta palabra echada atrás esperando una cuna.

A Jacques Ancet

LXXXIX

Un árbol de la ciudad cantó en mi infancia. Sus brotes jóvenes pensaron lo que no sé pensar. Entre la mesa y la mirada nace el tiempo del frío, de la bondad, del miedo, huellas, marcas, cupo el espanto alguna vez. Alguien enjuga lágrimas que le crecieron en la mano. La tarde recluta restos del mercado, círculos sin denominación, exteriores de los viejos combates, la vihuela borrosa del propósito para que noche sea y su animal espléndido.

A Joaquín Sabina

XCVIII

El futuro se murió joven en aventuras de la sangre. Tuvo páginas nuevas sin protección ni calma. En las imitaciones de su pérdida el amor es un perro perdido. El viejo reloj está triste y caen hojas muertas. Detrás de su sonido hay árboles que no durmieron/ entendieron la noche/ hachazos del error. Las médulas de los caídos dan de comer a los rumores de una rosa.

CII

El lenguaje se sienta al lado de la noche y repasa sus criaturas. Cuando ese orden se derrumba, el aujero interior bebe su aujero. No pagará sus deudas, hablará del azar que toda cosa inventa. Nadie le presta amaneceres y sus ruinas le quitan aire al aire. Las metodologías del pasado cambian con una flor que crece, dura mucho y hay testigos de que no se ve. Ni pájaro ni silbo ni hoja del verano separa a la cabeza de limpiar las ranillas del caballo que galopa mejor.

CXI

Una rosa sostiene al mundo/ amante sublevada. No entra en fortalezas teológicas, no recompone detalles del espanto. Se desapega de la repetición, prefiere lo que arde en un silencio asediado. Con cada pétalo paga miserias tristes/ los pájaros sin rama/ la sumisión del miedo. Crea actos que el tiempo no se puede comer. Es la nación de sueños que sueñan todavía/ sola ahí/ sin falso corazón.

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.