• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Juan Gelman, siempre

III

Dios se fue al vacío que dejó su muerte. La sombra traga los regresos y los favores del amor en cualquier calle se abandonan. La vida se pareció a la vida alguna vez/ya la mentira ni siquiera vuela. Hay que barrer el mundo en sucio estado/otra vez ponen huevos de serpiente/viejos.

IX

El exilio del goce, las potencias sin orden del espíritu, espejos de la filosofía inventada. Vale la pena dar la vida por un gorjeo de canario con fresco olor y nadie que lo ensucie.

X

La eternidad es una idea violenta/capitalista/acumular futuro. La conciencia se libra de sí misma cuando vira su luz en las respiraciones del rocío. Fulgor de las almohadas en las que el tiempo se desnuda y el orden del amor se pierde. La noche madura/las verdades del cuerpo conocen el cortejo/las horas que se van.

XXXIII

Los caminos del duelo eluden el deber cumplido, tienen audacias para sobrevivir/países/escondrijos de estar. La imposibilidad de borrar huellas ancla en el real con péndulos indetenibles/su semejanza con la muerte es un escándalo.

XXXVI

Se abren rostros feroces cuando el amor conoce los instrumentos de su muerte. Rincones de la palabra se desbaratan en incertidumbres, mares sin playa, pisan la transparencia de un diamante. La razón levanta fierros sin temblor, analfabeta de la dicha que hubo. Un ave come el canto de una acacia y vuela en contenidos fijos sin puerta ni salida. La furia nace sola/recuerdan a dos jóvenes los tilos/sus paseos en noches que volvían suaves/entre balazos de la época. Pasean hoy mismo como sombras y no dicen por qué.

XLI

Todo lo que no existe en los discursos siembra fuegos que no terminan más. El niño mutilado de los niños/el canto recortado por extrañas tijeras/la progresión de la crueldad a mil kilómetros por dólar/nombres de la pasión sin diccionario. Los coros del vacío se reconocen en el mudo con una mano en el confín. El revés del conjuro es de una sola pieza y lo navegan tiros que vengan.

XLVII

Vacíos del presente molestan al pasado. En la asamblea de las pérdidas, algún amor alza su llama con la humildad dichosa de lo que pudo ser. Los enemigos callan y la noche desnuda dicta maneras/riquezas del cuerpo que soporta. La tempestad fabrica callejones, dialectos, absorbe códigos inmóviles.

XLIX

El capitalismo quiere que te olvides de ti. A ti mismo/vos mismo/vos con sus broncas duras/el suave. Hadewijch, acostadita, enferma, con abismos que no pudiste penetrar, ¿qué haremos con el vacío de Dios? La brisa espesa pérdidas desconocidas y el espíritu no sabe, varas del alma contra un rayo de sol, las equivocaciones sin sufrir, la hermosura roba llagas del corazón más íntimo y tiembla en los pavores de la víctima. No hay gorjeos/cantos/silbidos/en los miedos del cielo. Hay tiros que vendrán si el tiempo deja, mares a ver, los nuevos límites de lo imposible.

Miembros

La mano, el pie, lo que se educa
en soledad, el maestro
que ordena, tanto
desastre mundo, la púrpura
que no sabe de ojos que le faltan,
ahí ese niño que mendiga, la
calle cubierta por
desolaciones, el gran libro
en el que suenan otros gemidos nunca
tuvo la hoja que
el amor cambia en amor. Si alguien
revisa la pasión de la noche
en su esplendor de los yacientes,
verá mejillas sin nombre, nudos
que no se pueden desatar,
las lenguas con relojes viejos.

Plaza pública

Limosnas que se dan, la cera que se gasta
en el turbión, el cero,
gemidos de esperanzas heridas,
gestos de la verdad, permisos
para hablar, para hablarse
y la fugacidad, madre de todo.
¿Quién plantó su bandera en las ropitas
del vínculo lloroso?
Ni cabeza ni pies sirven al aire
de la palabra, ella,
la que nació de milagros de ser.
Divide aguas que esperan mientras
un águila se esconde
en su propio esplendor.

(Los primeros ocho textos son de “Hoy”, Seix Barral Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2013. Los dos poemas que siguen son del libro “El emperrado corazón amora”, Seix Barral, Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2011. Sobre el primer libro, el poeta argentino dijo que eligió escribir textos “breves, muy condensados, para no molestar al lector”. Juan Gelman nació en Buenos Aires en 1930 y murió en México, el 14 de enero de 2014. Obtuvo el premio Nacional de Poesía en 1997, el Cervantes 2007; el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005; el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2005, entre otros. Algunas de sus obras son "Gotán", "Cólera buey", "Los poemas de Sidney West", "Fábulas", "Hechos y relaciones", "Si dulcemente", "Citas y comentarios", "Hacia el Sur", "La juntaluz", "Composiciones", "Anunciaciones", "Interrupciones 1", Interrupciones 2", "Violín y otras cuestiones", "Miradas", "Carta a mi madre", "Salarios del impío", "dibaxu", "Incompletamente", "Valer la pena", "Mundar", "de atrasalante en su porfía". Poemas suyos fueron traducidos al alemán, checo, chino, francés, holandés, inglés, italiano, japonés, portugués, sueco y turco).

Grande

Lo que se fue, se fue, es inútil
perseguir su estar tanto.
Remedios de muy noche en la
guarida de la mesa.
¿A quién le dieron el saber sin vino?
El poeta arriesga
miles de partes que coció
temprano en la mañana
que no lo deja respirar.

A Marco Antonio Campo


Para qué

Sangre que se derrama limpia, hacha
que abate la suciedad.
¿Cuántas noches se acuestan
en cielos rápidos que
abren su entraña de oro? Las cosas
hablan con un acento raro.
La formadura de la tierra ignota
parece un roedor que roe
cesaciones del sueño, sábanas
donde el dolor durmió.
El sol es una gente
con madres de poca duración.
El camino del hijo que regresa
arde en su no poder, su tarea,
vivir. La selva oscura
se abre andando hacia atrás,
lo que pasaba por ahí
con bandejas que ofrecen
una desolación.

Dónde gritan

las gacelas perdidas, los años
del perdón indebido
y nadie mira las llagas que te cuecen,
la palabra es madre y sirvienta de límites.
La distancia entre el calor y el sonido
no tiene ruedas y
se enferma el aire de la falta,
el estupor de cada lengua
en los hombros del humo.
¿Adónde fuese el bien que ayuda?
¿Lo que nunca se vuelve a decir?
¿Quién cava el horizonte, sus preguntas?
¿Quién muestra el
lugar de la reunión?
Las luces, las figuras, los números,
los animales del placer no hechos
vagan por un cielo
que no los quiere recibir.
El que venció a su corazón
calla como un río callado,
limpia los platos sucios del sueño.


Fenómenos sociales

Por la cabeza pasa el mundo
disfrazado o vestido de mundo
con epidemias, máquinas, maquilas.
La deuda primordial sigue en pie.
Los contornos de la
palabra se cansan en
enfermedades que la hermosura produce.
¿Cómo vive ella aquí, más elevada
que la tierra que da de comer?
¿Piensa que deja espacios libres
después de pasar? ¿Cree que
se queda en el mismo lugar
haciendo sombra a los faisanes?
Las ofrendas de leche
no cambian el dolor ni el amor ni
el aire humano que
sube a los astros
porque no puede hacer otra cosa.

(Estos cuatro poemas son de “El emperrado corazón amora”, obra ya citada).

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