• @karlisjar
    Los símbolos nunca callan, así nosotros nos hagamos los sordos
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño
  • @marconpi66
    Del amor también se sale, muerto de latidos
  • @fumivora
    Quiero que solo me apuñales a mi
  • @Innestesia
    Besas como si hubiéramos leído los mismos libros
  • @divagandoletras
    Cerrar las ventanas con nosotros fuera. Y quedarnos en el otoño
  • @Claudia_DelSur
    La imaginación nos envuelve en abrazos reales
  • @MeMalcriaste
    También hay errores platónicos
  • @Juansistemico
    Tocará beber de su sonrisa en una foto
  • @Pluriversos
    Cabizbajo no es tan triste si viene un sueño subiendo
  • @cachililiana
    Vengo desterrada de un sueño
  • @nancyeldarjani
    La hora es un compás seguro

Octavio Paz

Refranes

Una espiga es todo el trigo

Una pluma es un pájaro vivo y cantando

Un hombre de carne es un hombre de sueño

La verdad no se parte

El trueno proclama los hechos del relámpago

Una mujer soñada encarna siempre en una forma amada

El árbol dormido pronuncia verdes oráculos

El agua habla sin cesar y nunca se repite

En la balanza de unos párpados el sueño no pesa

En la balanza de una lengua que delira

Una lengua de mujer que dice sí a la vida

El ave del paraíso abre las alas

Como la marejada verde de marzo en el campo

Entre los años de sequía te abres paso

Nuestras miradas se cruzan se entrelazan

Tejen un transparente vestido de fuego

Una yedra dorada que te cubre

Alta y desnuda sonríes como la catedral el día del incendio

Con el mismo gesto de la lluvia en el trópico lo has arrasado todo

Los días harapientos caen a nuestros pies

No hay nada sino dos seres desnudos y abrazados

Un surtidor en el centro de la pieza

Manantiales que duermen con los ojos abiertos

Jardines de agua flores de agua piedras preciosas de agua

Verdes monarquías

La noche de jade gira lentamente sobre sí misma

Hermosura que vuelve

En un rincón del salón crepuscular

O al volver una esquina en la hora indecisa y blasfema,

O una mañana parecida a un navío atado al horizonte,

O en Morelia, bajo los arcos rosados del antiguo acueducto,

Ni desdeñosa ni entregada, centelleas.

El telón de este mundo se abre en dos.

Cesa la vieja oposición entre verdad y fábula,

Apariencia y realidad celebran al fin sus bodas,

Sobre las cenizas de las mentirosas evidencias

Se levanta una columna de seda y electricidad,

Un pausado chorro de belleza.

Tú sonríes, arma blanca a medias desenvainada.

Niegas al sueño en pleno sueño,

Desmientes al tacto y a los ojos en pleno día.

Tú existes de otro modo que nosotros,

No eres la vida pero tampoco la muerte.

Tú nada más estás,

Nada más fulges, engastada en la noche.

Más allá del amor

Todo nos amenaza:

el tiempo, que en vivientes fragmentos divide

al que fui

del que seré,

como el machete a la culebra;

la conciencia, la transparencia traspasada,

la mirada ciega de mirarse mirar;

las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba,

el agua, la piel;

nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan,

murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba.

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas,

ni el delirio y su espuma profética,

ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan.

Más allá de nosotros,

en las fronteras del ser y el estar,

una vida más vida nos reclama.

Afuera la noche respira, se extiende,

llena de grandes hojas calientes,

de espejos que combaten:

frutos, garras, ojos, follajes,

espaldas que relucen,

cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos.

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,

de tanta vida que se ignora y entrega:

tú también perteneces a la noche.

Extiéndete, blancura que respira,

late, oh estrella repartida,

copa,

pan que inclinas la balanza del lado de la aurora,

pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.

(De “Libertad bajo palabra -obra poética, 1935-1957-”, colección Letras Mexicanas, Fondo de Cultura Económica, 1960, Ciudad de México. Este libro reúne “Bajo tu clara sombra”, “Calamidades y milagros”, “Semillas para un himno”, “¿Águila o sol?” y “La estación violenta”. Octavio Paz nació en Ciudad de México en 1914 y murió en esa misma ciudad en 1998. Además de poeta fue también ensayista y traductor, entre otros del portugués Fernando Pessoa. Después de haber estudiado Derecho, viajó a Yucatán y participó de las misiones educativas de Lázaro Cárdenas. Allí escribió “Entre la piedra y la flor”, un poema referido a la explotación de los campesinos, publicado en 1941 y otra vez en 1976, en versión revisada. En la Guerra Civil Española fue solidario con los republicanos. Su primera publicación de poesía data de 1933, con “Luna silvestre”. En 1989 se publicó “El fuego de cada día”, una selección hecha por él mismo de su poesía escrita a partir de 1969. Los premios que recibió son innumerables. Se pueden mencionar el Xavier Villaurrutia, en 1957; el Cervantes, en 1981; el Nobel de Literatura, en 1990; y el Nacional de Periodismo de su país, que le fue otorgado en 1988 como reconocimiento a su trayectoria).

Conscriptos U.S.A.

I. Conversación en un bar

-Sábado por la tarde, sin permiso.

La soledad se puebla y todo quema.

(El viento del Oeste son dos vientos:

en la noche es un búfalo fantasma,

al alba es un ejército de pájaros.)

-Pardeaba. Les dije entonces:

Saben que iremos, nos esperan…

(-Las muchachas del Sur corren desnudas

en la noche. Sus huellas en la arena

son estrellas caídas,

joyas abandonadas por el mar.)

-Éramos tres: un negro, un mexicano

y yo. Nos arrastramos por el campo,

pero al llegar al muro una linterna...

(-En la ciudad de piedra

la nieve es una cólera de plumas.)

-Nos encerraron en la cárcel.

Yo le menté la madre al cabo.

Al rato las mangueras de agua fría.

Nos quitamos la ropa, tiritando.

Muy tarde ya, nos dieron sábanas.

(-En otoño los árboles del río

dejan caer sus hojas amarillas

en la espalda del agua.

Y el sol, en la corriente,

es una lenta mano que acaricia

una garganta trémula.)

-Después de un mes la vi. Primero al cine,

luego a bailar. Tomamos unos tragos.

En una esquina nos besamos…

(-El sol, las rocas rojas del desierto

y un cascabel erótico: serpientes.

Esos amores fríos en un lecho de lavas…)

II.Razones para morir

1

Unos me hablaban de la patria.

Mas yo pensaba en una tierra pobre,

pueblo de polvo y luz,

y una calle y un muro

y un hombre silencioso junto al muro.

Y aquellas piedras bajo el sol del páramo

y la luz que en el río se desnuda…

olvidos que alimentan la memoria,

que ni nos pertenecen ni llamamos,

sueños del sueño, súbitas presencias

con las que el tiempo dice que no somos,

que es él quien se recuerda y él quien sueña.

No hay patria, hay tierra, imágenes de tierra,

polvo y luz en el tiempo…

2

¿Durar? ¿Dura la flor? Su llama fresca

en la mano del viento se deshoja:

la flor quiere bailar, sólo bailar.

¿Duran el árbol y sus hojas

-vestidura que al viento es de rumores

y al sol es de reflejos?

¿Este cielo, infinito que reposa,

es el mismo de ayer, nubes de piedra?

No durar: ser eterno,

labios en unos labios,

luz en la cima de la ola, viva,

soplo que encarna al fin

y es una plenitud que se derrama.

Ser eterno un instante,

vibración amarilla del olvido.

3

La rima que se acuesta con todas las palabras,

la Libertad, a muerte me llamaba,

alcahueta, sirena

de garganta leprosa.

Virgen de humo de mi adolescencia

mi libertad me sonreía

como un abismo contemplado

desde el abismo de nosotros mismos.

La libertad es alas,

es el viento entre hojas, detenido

por una simple flor; y el sueño

en el que somos nuestro sueño;

es morder la naranja prohibida,

abrir la vieja puerta condenada

y desatar al prisionero:

esa piedra ya es pan,

esos papeles blancos son gaviotas,

son pájaros las hojas

y pájaros tus dedos: todo vuela.

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