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El poeta Manuel Vázquez Montalbán

Paseo por una ciudad

Paseo por una ciudad

sin orillas

miente la tarde

espejos despedidas humos

que denuncian retornos

me deja solo

el paso de muchachas alejadas

no pronuncian mi nombre no decretan

mi muerte

entonces regreso

a los artesonados pasillos del recuerdo

pieles carnes repletas siluetas

en sus cueros

el ruido de los párpados al cerrarse

y tal vez

tal vez un grito literario puso nombre

al instante en que fui feliz

a la sombra

siempre a la sombra

de las muchachas sin flor.

Como si fuera esta noche la última vez

Rota solitaria articulada muñeca

de sus alas sus gestos

la gogo girl

reivindica parcelas de aire

en un imprevisible océano

sin rosa de los vientos

sin norte nocturno, ni sur de estío

la inutilidad de todo viaje

conduce a la isla de un pódium

para bailar la danza de una tonta

muerte fingida por no fingir la vida

no no lee hasta entrada la noche

ni en invierno viaja hacia el sur

pero tiene bragas de espuma ambarina

sostenes de juguete un príncipe violeta

la despeña por los acantilados

del goce más pequeño

submarinos ya sus ojos tan nocturnos

la gogo girl

tiene la boca entreabierta por el prohibido

placer de no hablar apenas

sobre la tierna noche

y su manto de flores ateridas reposa

su falsa cabellera de niña emancipada

guitarras nada eléctricas sumergen despedidas

rómpete actriz del deseo de amar la vida

como si fuera

como si fuera esta noche la última vez.

Iniciación

No eran tus ojos

más que un reposo cerrado

y si mis manos

destejieron tu malla

tampoco era

deseo el temblor de tus labios

aunque cárdenos

tus senos mentían en la punta

también mentía

el olear del vientre

mis lecturas prohibidas

naufragaban

en bocanadas de esencias

y brillantinas de mis antepasados

tu desnudez abotonada

escrupulosamente en las junturas

de la piel malvada

era penetrable

como un pase para jubilados

o un bono para viudas

o una beca para huérfanos

de excombatientes

pensabas

-probablemente-

en que llovía con torpeza invernal

yo encima tan borracho

tú sin paraguas.

Desnudo

Hay días en que tienes

toda la carne muy mal abotonada

y mis manos te cierran

el cuerpo descarado

los ojos

con los que miras tu desnudo

en los míos te delatan

y eres blanca

con junturas de cárdeno

descenso

manchas de musgo y vuelo

vencido

de cabello que se inclina

lento.

(De “A la sombra de las muchachas sin flor”, Editorial Laia, Barcelona, 1985. Manuel Vázquez Montalbán nació en Barcelona, el 14 de junio de 1939, y murió en Bangkok, Tailandia, el 18 de octubre de 2003. Las novelas fueron la parte de su obra que más se conoció, en particular por la serie que tenía como protagonista a Pepe Carvalho. Sin embargo, fue también ensayista y antólogo, y se desempeñó asimismo como gastrónomo y periodista. Por su novela “Galíndez” obtuvo el Premio Nacional de Literatura de su país y el Premio Europeo de Literatura, ambos en 1991. En 1995 consiguió el Premio Nacional de las Letras Españolas. En poesía, el género menos conocido de su obra, comenzó a publicar en 1967, con “Una educación sentimental”. En 2008 se publicó “Memoria y deseo. Poesía completa 1967-2003”).

Su piel anciana bien cuidada

El verdugo ha envejecido
pasea a sus nietos
por el parque
da alpiste a las palomas
posa frente al flash de incienso
su piel anciana bien cuidada
sonríe con placidez de obra cumplida

busca

la nada fugitiva de los remansos
recuerda bien
miente incluso olvida
y hasta sus víctimas
desenlutan el odio

sólo a veces el verdugo se pudre
en las venecianas aguas de mi espejo roto.


Cabezas cortadas

Las cabezas cortadas
orillean el charco
flotan
las médulas desleídas
y algún ojo murió en adobo

la piedad de los chanclos
oculta el gozo de los pies
llueve
y es silencio toda la humedad

los caracoles
preparan el desembarco de Normandía.


Hölderlin 71

I

VENENOSA paz
la de los árboles lentos
es posible morir
de olvido y perdón
el eucalipto huele a invierno
la mimosa anochecida
amortaja

cerca el mar es una red azul
llena de muchachas carnales
veleros resucitados por el verano
los vientos
esparcen los eruptos de una Europa
mediocre y feliz

borradas las estelas de los dioses diluidos
nos queda el pan y el vino
mientras agonizamos


II

YA se diluyeron los dioses
aquellos días en que a su luz
la realidad parecía ser propicia
ahora
el áspero fieltro del horizonte
las ruinas de los deseos
sus cascotes
de ladrillos en perpetuo derribo
todo conduce a la mediocre
ternura
por un desamparo compartido
hijos
de la ira sin padres suficientes
abandonados por el absoluto
fugitivos del paraíso

desahuciados para la rehabiliación
no venderemos el alma al dinero
ni a la Historia


¿nos bastará el pan y el vino
la entrega sospechosa de otro cuerpo
pasajero?

o la constante tentación del suicidio
esa tenaz insistencia de héroes
subempleados.

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