• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Acerca del amor III

JULIO CORTÁZAR

Poema

Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores

blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz.

Te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de

cicatriz.

Voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas

que dormían en la lluvia.

No quiero que tengas una forma, que sea precisamente

lo que viene detrás de tu mano;

porque el agua, considera el agua, los leones cuando

se disuelven en el azúcar de la fábula;

y los gestos, esa arquitectura de la nada,

encendiendo las lámparas a mitad del encuentro.

Toda mañana es la pizarra donde invento y te dibujo;

pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese

pelo lacio, esa sonrisa.

Busco tu suma, al borde de la copa donde el vino es

también la luna y el espejo,

busco esa línea que hace temblar a un hombre

en una galería de museo.

Además, te quiero, y hace tiempo y frío.

Blues for Maggie

“Ya ves,

y yo sigo pensando en ti”.

Canción de Pablo Milanés

Ya ves

nada es serio ni digno de que se tome en cuenta,

nos hicimos jugando todo el mal necesario

ya ves, no es una carta esto,

nos dimos esa miel de la noche, los bares,

el placer boca abajo, los cigarrillos turbios

cuando en el cielo raso tiembla la luz del alba,

ya ves,

y yo sigo pensando en ti,

no te escribo, de pronto miro el cielo, esa nube que pasa

y tú quizás allá en tu malecón mirarás una nube

y eso es mi carta, algo que corre indescifrable y lluvia.

Nos hicimos jugando todo el mal necesario,

el tiempo pone el resto, los oseznos

duermen junto a una ardilla deshojada.

(El primer poema fue tomado de “El amor en la poesía hispanoamericana”, con selección de Oscar Abel Ligaluppi, Fondo Editorial Bonaerense, La Plata, Buenos Aires, Argentina, 1985. El segundo de “Julio Cortázar, papeles inesperados”, edición de Aurora Bernárdez y Carles Álvarez Garriga, Alfaguara, Buenos Aires, 2009. Esta obra, publicada a 25 años de la muerte de Cortázar, reúne textos inéditos, "dispersos", entre ellos poemas. Hay material de varios géneros, como cuentos y relatos, discursos, artículos sobre literatura, arte y política y también, dicen los editores, "autoentrevistas". Julio Cortázar nació en Ixelles, Bruselas, Bélgica, en 1914, y murió en París, en 1984. El nacimiento en Ixelles se debió a que su padre era funcionario de la embajada argentina en Bélgica. Autor de cuentos y prosa breve, también novelista y dramaturgo, así como poeta. En su escritura de narrativa se destaca una ruptura con los moldes tradicionales, sobre todo la linealidad del tiempo. Entre reconocimientos numerosos, la Universidad de Guadalajara inauguró en 1994 la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar).

JUAN LISCANO

Pareja sin historia

Se acarician. Se bastan.

Están colmados por ellos mismos

colmados por la sed sensual del otro.

Se conocieron ayer:

llevan siglos de parecerse

de abrazarse en las parejas siempre únicas

de reconocerse en todos los lugares

donde el sueño esconde su tesoro

donde la dicha deja a la nostalgia

donde nuca estuvieron

donde están.

Aroma piel ramajes íntima penumbra

labios que besan por la herida

rostro asomado al secreto del rostro que lo refleja

palabras que se derriten por los dedos

semejanzas descubiertas con delicia

apetencias de olvido y de sabores no probados

mientras inventan paraísos sin castigo

y se cuentan a tientas el alma

mientras asumen el destino de las frutas

y la vida fulgura en ellos

con sus “siempres” y sus “nuncas” efímeros

con sus “primera vez” repetido hasta el final

con sus partes confundidas cual miembros que el amor enlaza.

Hasta ellos no alcanza el rumor de la urbe

o será más bien que no lo oyen

que lo cubre el susurro con que se aman

que lo dispersa el soplo que se dan.

Se huelen se gustan se desean.

La libertad que encuentran los deslumbra.

Ascienden en una isla espacial entre los astros.

Pareja sin Historia

pareja constelada.

Se miran a sí mismos en el otro.

Ella aparece abierta impúdica ojerosa tremulante

él: enhiesto obsceno avizor posesivo

ella: contráctil húmeda gimiente umbría

él: herido llameante solar fulminado.

¡Cuánto abandono momentáneo! ¡Cuánto triunfo!

Pueden equivocarse gozosamente

confundir las imágenes del deseo espejado

fundir los sabores de sus bocas

perderse juntos en el placer del otro

fluir de manantiales en arroyos

de arroyos en raudales de raudales en ríos

hasta el mar hasta volcarse en la unidad del origen

en el espacio pletórico y vibrante

donde cada movimiento se transmite de polo a polo

donde flotarán donde están flotando

como dos hipocampos entregados al rito nupcial.

Aflojan las redes y los nudos milenarios

arrojan de sí el pasado las cáscaras los trapos

viento propicio borra las huellas mezcla arena y estrellas

le dan la espalda a la memoria hueca

para ser cresta de una ola

para ser presencia espuma diluvio sortilegio

cielo de mar espacio palpitante que rompe en sales

y en la cresta de esa ola de caballos tornasoles

que recorre de punta a punta el tiempo como una playa

me arrojo contigo!

¡la corro contigo hasta el final del día!

¡sobre su filo tú y yo somos jabalina y destello!

¡vivan este esfuerzo estos besos esta presencia única!

¡vivan el júbilo del mar los cuerpos aparejados!

¡nuestro almizcle que huele a marisco y a gato montés!

¡el relámpago en que nos dormimos juntos!

(De “Antología poética (1942-1991), con prólogo de Oscar Rodríguez Ortiz, Colección Altazor, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 1993. Nació en 1914 en Caracas y murió en esa misma ciudad en 2001. Fue ensayista y editor, y también crítico literario. Comenzó a publicar poesía a fines de la década del 30. Como editor, llegó a la presidencia de Monte Ávila Editores Latinoamericana. La literatura venezolana fue el objeto principal de sus ensayos).

CARILDA OLIVER LABRA

Me desordeno, amor, me desordeno

Me desordeno, amor, me desordeno

cuando voy en tu boca, demorada;

y casi sin por qué, casi sin nada,

te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno

y con mi soledad desamparada;

y acaso sin estar enamorada

me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada

arde en tu mano lúbrica y turbada

como una mala promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,

cuando voy en tu boca, demorada,

me desordeno, amor, me desordeno.

Elegía para decirme

Yo le recuerdo aquí: donde me duele

el color que le trajo a mi esperanza;

y le recuerdo aquí porque soy triste

y ya no puedo echarme entre sus lágrimas.

¿Qué corazón saldría de este insomnio

si yo supiera ser una muchacha;

si no me pareciera tanto a mis ojeras,

ni a esta tarde de invierno, así doblada!

Pero me acuerdo aquí de que anda lejos

el que vivió a la vuelta de mi espalda.

Me acuerdo de su nombre perezoso

que casi no quería ser palabra.

Me acuerdo de su risa mal abierta

riñéndole por dentro a la mirada,

y de su frente que crecía;

y de su voz inútil como el alba

y de un secreto que quedó inconcluso

aquel domingo en que me amó la nada.

¿Qué corazón saldría de este insomnio

si yo supiera ser una muchacha!

Pero me duele aquí, donde me canso,

aquel hombre agobiada por crisálidas.

Pero me duele aquí, donde soy sola,

esta verdad metida entre dos alas.

Qué corazón saldría de este insomnio.

Pero soy todo el blanco que se acaba,

y no me porto bien con la alegría

por lo que traigo al sur de mi garganta.

Callados, por la tarde, gravemente

Callados, por la tarde, gravemente,

sin elegir el sitio de la tierra,

tú y yo nos besaremos como en guerra

hasta quedarnos fríos frente a frente.

Yo, cada vez más tumba que se ahonda,

tú, cada vez más carne renovada,

acaso llames y jamás responda

cuando te vuelvas en mi cuerpo nada.

He de tragar entonces, con locura,

en tu vaso de tórrida hermosura

la sangre poderosa que se queja;

y daré media vuelta hacia lo inerte,

perdida en esa luz que te refleja,

tan hambrienta de ti como la muerte.

(De “Las palabras son islas, panorama de la poesía cubana, Siglo XX”, con selección, introducción, notas y bibliografía a cargo de Jorge Luis Arcos, Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1999. Carilda Oliver Labra nació en Matanzas, en 1924. Su primer libro, publicado en Matanzas en 1943, fue “Preludio lírico”. Luego publicó “Al sur de mi garganta”, en 1949; “Memoria de la fiebre”, en 1958; “Versos de amor”, en 1963; “La ceiba me dijo tú”, en 1979; “Desaparece el polvo”, en 1983; “Calzada de Tirry 81”, en 1987; “Se me ha perdido un hombre”, en 1993, y “Libreta de la recién casada”, en 1998. Sus poemas fueron incluidos en numerosas antologías. Ganó el Premio Nacional de Poesía de su país en 1950, el Certamen Hispanoamericano convocado por el Ateneo Americano de Washington con motivo del tricentenario del nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, el Premio Nacional de Literatura, en 1997, y el Premio Internacional José de Vasconcelos, en 2002).

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