• @karlisjar
    Los símbolos nunca callan, así nosotros nos hagamos los sordos
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño
  • @marconpi66
    Del amor también se sale, muerto de latidos
  • @fumivora
    Quiero que solo me apuñales a mi
  • @Innestesia
    Besas como si hubiéramos leído los mismos libros
  • @divagandoletras
    Cerrar las ventanas con nosotros fuera. Y quedarnos en el otoño
  • @Claudia_DelSur
    La imaginación nos envuelve en abrazos reales
  • @MeMalcriaste
    También hay errores platónicos
  • @Juansistemico
    Tocará beber de su sonrisa en una foto
  • @Pluriversos
    Cabizbajo no es tan triste si viene un sueño subiendo
  • @cachililiana
    Vengo desterrada de un sueño
  • @nancyeldarjani
    La hora es un compás seguro

Recados a Jorge Luis Borges

WILLIAM OSPINA

Jorge Luis Borges despierta pensando en la muerte

El asombroso sueño aún no cesa,

Una vez más la oscuridad me alumbra,

Y alguien que calla vuelve en la penumbra

A urdir un talismán con su tristeza.

Una vez más en la infinita casa

Que brevemente habita nuestra pena

Vuelve como una blanca luna llena

A suspender el tiempo su amenaza.

¿Qué ciego ser que duda y tiembla y arde

Viene por el ustorio laberinto?

Realizaré por fin algo distinto,

Pero para saberlo será tarde.

Siempre esperando, y cuando al fin sea cierto,

Nadie vendrá a decirme que estoy muerto.

(De “Poesía 1974-2004”, con dibujos de José Antonio Suárez Londoño. Ediciones de Arte Dos Gráfico, Revista Número Ediciones, Bogotá, Colombia. Esta antología incluye "Hilo de arena", "La Luna del Dragón", "El país del viento", "¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua?", "Africa", "Poemas tempranos" y "La prisa de los árboles", estos dos últimos inéditos al momento de la edición, en noviembre de 2004. William Ospina obtuvo reconocimientos numerosos: Premio Nacional de Ensayo 1982, Premio Nacional de Poesía 1992, Premio de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada otorgado por Casa de las Américas, en 2003, y Premio Rómulo Gallegos 2009).

ROBERTO JUARROZ

5

Morir, pero lejos.

No aquí,

donde todo es una aviesa

conspiración de la vida,

hasta las otras muertes.

Morir lejos.

No aquí,

donde morir es ya una traición,

más traición que en otra parte.

Morir lejos.

No aquí,

donde la soledad descansa a ratos

como si fuera un animal tendido,

olvidando su espuela de locura.

Morir lejos.

No aquí,

donde cada uno se duerme

siempre en el mismo sitio,

aunque despierte siempre en otro.

Morir lejos.

No aquí.

Morir donde nadie nos espere,

donde haya lugar para morir.

(para Jorge Luis Borges)

(De “Novena Poesía Vertical, Décima Poesía Vertical”, Ediciones Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1986. Roberto Juarroz nació en Coronel Dorrego, provincia de Buenos Aires, en 1925, y murió en Temperley, localidad de la misma provincia, en 1995. Con la excepción de una única obra, “Seis poemas sueltos”, de 1960, sus libros de poesía fueron publicados por orden numérico y siempre bajo el título de “Poesía vertical”. Fue traducido a varios idiomas y recibió numerosos premios, entre ellos el de la “Bienal Internacional de Poesía” de Lieja, Bélgica, en 1992. Fue también bibliotecario, ensayista y crítico).

DARÍO CANTÓN

Jorge Luis Borges

1

La blanda materia

que es Borges se derrama

redime en largos circunloquios

en versos aceptables.

Ocultos sus ojos de la luz

los párpados caídos

a cuestas de su madre marcha

Edipo aprovechado, antiguo

que al sueño del papel

le dio la vida.

Ficciones, laberintos

hilos que tejiera

lo aprisionan

pugna por oír

impotente

las voces tras los muros

enronquece con sus pensamientos

2

Por una ciudad

que conoció por verla

y ahora recorre

hecha sombra

en la memoria

camina ensimismado

tratando de borrar los restos

de realidad que le estorban

Persigue su ideal

ser puro espíritu

alma en alegría

mejor aún

polilla de la Biblioteca

de Alejandría

(De “La historia de ASEMAL y sus lectores”, Mondadori, Buenos Aires, 2000. Darío Cantón realizó entre mayo de 1975 y abril de 1979 una publicación unipersonal, Asemal, que enviaba por correo postal a lectores de Argentina y de otros países de América Latina, de Europa y a Estados Unidos. El libro reproduce esas ediciones pero también las cartas y aportes de los lectores, convertidos en muchos casos en corresponsales e interlocutores literarios del editor. Darío Cantón nació en 1928 en Nueve de Julio, Provincia de Buenos Aires. Además de Asemal -la mesa, leído de derecha a izquierda-, revista a la que llamaba “Tentempié de poesía”, publicó “Corrupción de la naranja”, 1968; “Poamorio”, 1969; “La mesa”, 1972; “Poemas familiares”, 1975; “Abecedario médico Cantón”, 1977. Es sociólogo y también publicó varias obras de esa disciplina).

VICENTE MULEIRO

Milonga de Jorge Luis

El bastón que lo precede va buscando una

palabra

viene del sur y va al sur

silabeando la tiniebla

busca

la palabra parda, la no dicha

de bambú

aquel balbuceo nonato

la pura que se hizo agua.

Cuando está escrita es la muerte

si no está escrita es la nada.

(De “Milongas de modo tal”, Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2004. Vicente Muleiro nació en Buenos Aires, en 1951. Publicó “Para alguien en el mundo estamos lejos”, 1978; “Boleros”, 1982; “Pimienta negra”, 1990; “El árbol de los huérfanos”, 2000; “Ondulaciones”, 2009; y “Los goliardos”, 2012. Compiló y prologó obras de Roque Dalton y Antonio Gamoneda. Asimismo, publicó novelas y ensayos. Es dramaturgo y periodista).

ENRIQUE MOLINA

Borges

Durante años y años Borges estuvo presente como un alto

pino o un rosal cubierto de nieve

cuyo interior fuera un fuego impasible, una llama cristalizada,

un vértigo nacido de la indescifrable condición del universo.

*

Años y años su mano salía de las nubes

para trazar en el cielo las constelaciones de la imagen,

pero no seguido por las furias o las bellas bacantes de la

transgresión

sino con la mirada infalible de alguien que mide por

milésimos el peso de una flor, certezas y sueños,

aunque su certeza era la duda infinita, el poderío de la ola

cada vez más lejos hacia nada.

*

Textos exactos como diamantes mentales

intercalados entre una esquina de arrabal y un versículo de la

Cábala,

nítidos, de una acuidad casi cruel

porque las cosas en el fondo de la ceguera ya casi no

pertenecen al mundo sino al lujo mental.

*

Cierta tarde, parado en la esquina de Viamonte y Maipú,

pasó de pronto a mi lado un vacilante profeta apoyado en un

bastón hecho con una rama del Árbol Prohibido,

con pasos vacilantes, como si dudara en pisar este planeta

adorable y terrible,

seguido por un vikingo y un individuo enlutado,

parsimonioso y severo, con una guitarra del arrabal.

Cruzó la calle, pasó a través de la pared y desapareció:

era Borges. Siempre la esfinge, la pirámide de resplandores

llamada Borges.

La impasible máscara del faraón oculta la intolerable realidad

de la muerte.

Pero la realidad que su poesía rescata del caos no es un

remanso sino un torbellino,

palabras y ceremonias de Gran Sacerdote de la invocación de

la nada

que arderán para siempre en cualquier llama que se encienda

en la soledad del hombre.

*

Pero no una pira fúnebre o un incendio ostentoso

sino algo así como una runa escrita en la arena

con la punta del bastón que sus manos no dejarán jamás de

empuñar,

sostenido como un cetro o un bastón-fetiche cargado de

poderes como la vara de Moisés.

Pero el agua que hacía brotar era ardiente, no apagaba la sed,

dilataba las fronteras de la conciencia hacia el abismo,

hacia lo infinito del ser y del cielo, del espíritu y los grandes

adioses de la razón en los bordes del mundo,

hacia lo misterioso y lo obsesivo, un puñal, un crepúsculo, un

espejo,

una partida de ajedrez en el atardecer de una quinta de

Adrogué,

con los mosquitos como únicos testigos de un juego

envenenado.

*

“Toda poesía es misteriosa, nadie sabe lo que le ha sido dado

escribir” –dijo.

A él le correspondieron esos poemas indemnes a la pasión y

al arrebato,

entre lo cotidiano que late en el pulso de los hombres y el

infinito donde retumba el pulso de dios,

el vasto tapiz del sajón y del griego, Roma y Cartago,

Nortumbría, el Golem, el Eufrates, Isidoro Acebedo, Heráclito,

Muraña el del cuchillo, espejos, crímenes y dioses,

todo cuanto nombró y se tornó mágico e improbable.

Por sus manos pasaron copas de caña, enciclopedias, llaves

de puerta que nunca vio, páginas y páginas fosforecentes

nacidas de una dramática lucidez,

una poesía como la visión de montañas en el horizonte, casi

astral,

no el brazo insaciable ni la boca suntuosa que invita al

desastre,

sino una línea de navaja negada a toda confusión, lejos del

hechizo donde los cuerpos y el sol se enardecen con los

sentidos y la campana de los muertos.

*

Después del relámpago y del amor, después de la aventura

incesante de su espíritu, como el más insólito azar de sus

conexiones con el absurdo y el tiempo,

él, que imaginó a Buenos Aires como morada final de sus

cenizas, yace en un cementerio de Ginebra junto a

Calvino, por la eternidad.

Los dos grandes herejes como los fuegos de una galaxia del

fervor, lo indomesticable y la más altiva disonancia

en la sordina de un mundo falsario, invadido por los sofismas

de la razón.

Calvino baila en la veleta del campanario. Borges bebe el

agua del horizonte, acaricia un gran tigre de hexámetros y

su voz es de pronto una revelación que dice:

“El trágico universo,

este sueño: mi destino.”

(De “Orden terrestre, obra poética 1941-1995”, Seix Barral, Biblioteca Breve, Buenos Aires, 1995. Enrique Molina nació en Buenos Aires en 1910 y murió en esa misma ciudad, en 1997. Es considerado uno de los grandes representantes del surrealismo en la poesía argentina. Sus publicaciones de poesía comenzaron con “Las cosas y el delirio”, en 1941, y siguieron con “Pasiones terrestres”, 1946; “Costumbres errantes o la redondez de la Tierra”, 1951; “Amantes antípodas”, 1961; “Fuego libre”, 1962; “Las bellasfurias”, 1966; “Monzón Napalm”, 1968; “Los últimos soles”, 1980; “El ala de la gaviota”, 1985. Publicó la novela “Una sombra donde sueña Camila O’Gorman”. Fue también pintor. En 1992 recibió el Gran Premio Fondo Nacional de las Artes).

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